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En una columna cargada de definiciones, Carlos Holmquist repasó los últimos gobiernos y dejó una tesis provocadora: más allá de los discursos, la Argentina arrastra los mismos problemas estructurales desde hace décadas. Inflación, deuda, falta de industria y fragmentación social, en el centro de la escena.
En su regreso al aire de Sapo de Otro Pozo, Carlos Holmquist propuso un recorrido por los últimos 20 años de política argentina, desde Néstor Kirchner hasta el actual gobierno de Javier Milei, con una mirada crítica sobre los resultados económicos y sociales.
Según planteó, existe una continuidad estructural que atraviesa gestiones de distintos signos políticos. “Un gobierno, por más que se diga nacional y popular, no es suficiente para cambiar la realidad”, sostuvo, al tiempo que remarcó que la inflación y la dependencia económica no lograron resolverse.
Uno de los ejes centrales fue el modelo productivo. Para Holmquist, Argentina sigue siendo un país “sin desarrollo industrial sólido”, lo que explica en parte su carácter inflacionario y su dependencia del endeudamiento externo.
En ese sentido, apuntó contra la dirigencia política en general: “Esto no es casual, está orquestado con la complicidad del poder interno”, lanzó.
El análisis incluyó críticas al kirchnerismo, al que le reconoció avances en materia de derechos e inclusión, pero también le atribuyó errores que “terminaron opacando lo positivo”, como el conflicto con el campo, el manejo de la inflación y decisiones políticas controvertidas.
Sobre el macrismo, cuestionó el regreso al FMI y la falta de transparencia en decisiones económicas clave. Y respecto al gobierno actual, fue aún más tajante: lo definió como una profundización de las mismas lógicas, con mayor impacto social.
En ese marco, advirtió sobre un dato alarmante: el cierre de miles de empresas y el crecimiento del desempleo en los últimos meses. “No hay nada que festejar el 1° de mayo”, afirmó, en referencia al Día del Trabajador.
Además, planteó una fuerte crítica a la fragmentación social y política: “Los sectores están divididos, cada uno pelea por su lado. Así es imposible generar un cambio real”.
Finalmente, dejó una definición que resume su mirada: “Si siempre giramos para el mismo lado y llegamos al mismo resultado, habrá que cambiar el rumbo”.




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