Terminó el aislamiento para repatriados del hotel Buenos Aires pero aún no pueden irse

Tras 16 días de cuarentena, salteños que regresaron desde Córdoba podrán regresar a sus casas. Esperan el aval del Gobierno, que ultima los resultados de los test con demoras y en medio de críticas. BUUFO comparte la última crónica escrita por uno de los alojados en el hotel Buenos Aires.

Viernes

En este momento debería estar en mi casa compartiendo la mesa con mi familia después de dos meses de cuarentena general y 14 días de confinamiento en el Hotel Buenos Aires de la Ciudad de Salta; pero no. 

El jueves 14 de mayo un grupo de más de cuarenta salteños llegamos a la provincia para realizar la cuarentena en nuestros domicilios, como así lo había establecido el Gobierno Provincial. Sin embargo, Gustavo Sáenz, el señor Gobernador de Salta, ante discrepancias internas decidió remover a la Ministra de Salud al frente del comité de emergencia sanitaria y en su reemplazo nombró al Secretario General de la Gobernación, Matías Posadas, para que se hiciera cargo de la situación. A partir de ese momento, cambió el protocolo de regreso a Salta para repatriados y repatriadas. 

Incumpliendo las disposiciones con las que nos autorizaron a regresar, una vez llegados a la Ciudad nos llevaron a un hotel céntrico en donde por varias horas nos retuvieron sin ningún tipo de explicación. Debimos quedarnos a dormir allí. Días después nos confirmaron que deberíamos hacer una cuarentena obligatoria de 14 días en ese hotel. El mismo establecimiento desde el que ahora escribo, en la mañana del día 16.

Vista desde una ventana en el hotel Buenos Aires

Ante la impotencia y falta de respuesta, escribí varias crónicas contando todos los hechos bochornosos que hemos atravesado. Pueden leerlas en Buufo y enterarse en detalle la forma en que el gobierno salteño trata a los repatriados: instalaciones sin las mínimas condiciones edilicias y sanitarias, comida cruda o no apta para celíacos y vegetarianos, policías armados para «controlar» a los huéspedes, un desfile tardío de autoridades e hipocresía, e irregularidades por doquier.

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Después de más de una semana sufriendo todo tipo de injusticias, las cosas comenzaron a enderezarse y quienes aquí nos encontramos comenzamos a acostumbrarnos a la ineptitud general de las autoridades.

Hace más de 15 días que estamos en este hotel y nunca aún hemos recibido siquiera una comunicación oficial por parte del Gobierno. La información que manejamos aquí dentro se basa en rumores, dichos y diretes, comunicados verbales por parte del personal sanitario o del hostil personal policial que sólo acata órdenes.

Habíamos leído en un medio masivo de comunicación que los repatriados recibiríamos el hisopado el día número 12 de cuarentena. Parece que este grupo de inoperantes ni contar sabe, porque recién nos hicieron el hisopado el día miércoles 27 por la mañana. 

En el transcurso de nuestra estadía aquí, luego de la primer semana, a varios huéspedes se les permitió continuar la cuarentena en sus hogares o en los domicilios que habían consignado desde un principio. Desconocemos los motivos de esta diferenciación, pero lo que sí sabemos con certeza es que el tiempo transcurrido desde que se les practicó el hisopado hasta que recibieron los resultados fue de aproximadamente siete horas. En nuestro caso, mientras escribo esta nota, superamos las 48 horas desde que nos hicieron el testeo y aún estamos esperando los resultados.

De cuando policías visitaron a huéspedes

Ya hemos cumplido el tiempo de cuarentena dispuesto por el Gobierno de la Provincia. El miércoles por la noche y/o el jueves por la mañana, quienes aquí nos encontramos armamos nuestros bolsos, ordenamos las habitaciones, limpiamos las mismas compartiendo las dos escobas que hay para los más de 40 huéspedes. Separamos en bolsas y cajas las botellitas plásticas que venimos guardando durante días para su reciclaje o reutilización. Se respiraba cierta expectativa en el ambiente, empezábamos a olfatear nuestra libertad. Las ansias de varios se hacían notar a lo lejos. 

Las horas del jueves fueron pasando unas tras otras y ninguna autoridad se hacía presente en el hotel. Quien sí deseaba un poco de atención era el nuevo policía que estaba custodiando el edificio que, desconociendo los rituales cotidianos de los huéspedes, increpó a varios compañeros que escuchaban música con un parlante portátil. 

El pobre policía busca intimidarnos haciendo alusión a actas, papeles y firmas, pero parece que no sabe que los huéspedes estamos bastante más al tanto que él de la situación legal de la que tanto alardea, y es él mismo el que resulta intimidado y se vuelve a su posición con la cabeza gacha. Obviamente es muy fácil descolocar con un par de simples preguntas a una persona que no tiene la más mínima idea sobre cómo se están manejando los procedimientos cotidianos aquí dentro, desde hace ya dos semanas.

Una vez alcanzado el tiempo establecido de cuarentena, los repatriados debemos completar en forma online una declaración jurada de cumplimiento del aislamiento obligatorio en la que hemos de consignar nuestros datos personales, los datos del domicilio en el que realizamos el aislamiento y por último la fecha en la que iniciamos el mismo. Al completar la fecha de inicio, el sistema automáticamente dispara la fecha de finalización del aislamiento y es imposible modificarla. Si uno declara que inicia el proceso el 14 de mayo, el sistema automáticamente completa como fecha de finalización el día 27 de mayo. Escribo esto el día 29 y aún sigo confinado en el hotel, sin respuestas. Los invito a seguir el siguiente link y corroborarlo ustedes mismos:
https://ddjjcuarentena.salta.gob.ar/ .

La inoperancia propia de estos gobernantes se supera día tras día y da cuenta, por ejemplo, que no pueden ni siquiera cumplir con los tiempos de los protocolos que ellos mismos idean. 

Como salteño que soy, los responsables de este protocolo me generan vergüenza ajena, ¿En serio se puede ser tan pero tan bruto? La respuesta es sí. 

Una vez más se superaron a sí mismos: el día que nos vinieron a realizar el hisopado se olvidaron de testear a una persona. No pudieron ni llenar eficazmente una planilla. El coeficiente no les dio para verificar que todas las personas del listado hayan recibido el hisopado. Durante todo el día de ayer, nadie se presentó nuevamente a practicarle el testeo a dicha persona. Por la noche le informaron que hoy la iban a llevar directamente al laboratorio.

Ayer por la mañana uno de los huéspedes no se sentía bien. Solicitó un médico pero nunca recibió ningún tipo de asistencia. Desde adentro ya nos cansamos de denunciar este tipo de cosas pero afuera a nadie parece importarle.

La declaración jurada de cumplimiento del aislamiento obligatorio que debemos completar en forma online, es acompañada por un Certificado de Alta Sanitaria en el que un médico debe acreditar, con firma y sello, que nos encontramos libres de síntomas compatibles con COVID19. Creemos que no quisieron enviar al médico solicitado ya que pensaban que (habiéndose cumplido el plazo legal establecido) los pasajeros íbamos a increpar al especialista para que nos firme dicho certificado. 

Entre otras cosas, desde hace algunos días no están dejando entrar cigarrillos para los fumadores. Parece que hay nuevos efectivos custodiando las instalaciones y ahora la orden es retener los puchos. Entenderán que esta situación genera cada vez más ansiedad; yo por suerte no fumo pero…¿Acaso creerán que es mejor tener a los adictos con abstinencia? ¿Habrán probado la comida pobre e insulsa que nos mandan y se creen que esto es un hospital? 

Algunos huéspedes hicimos una búsqueda en el Boletín Oficial, en el Compendio de Emergencia Sanitaria y en todos los documentos oficiales que estuvieron a nuestro alcance y no encontramos aún ninguna resolución oficial en la que se especifique que pasados los 14 días de confinamiento los repatriados deben esperar los resultados de los hisopados. Ni siquiera hemos encontrado un documento en el que se haga referencia a dichos testeos. Se habla de la ausencia de síntomas y del período obligatorio de cuarentena pero nada con respecto a los testeos. Es lógico que se realicen los exámenes, no es lógico que jueguen con nuestras expectativas y menos aún que actúen desde la informalidad.

Las autoridades incumplen los protocolos que ellos mismos han creado. Es difícil hacerse la sancadilla solo y caerse, pero en Salta hay gente que lo logra. 

Ayer me divertí un rato cargando a mi vecina de habitación cuando ya era evidente que nos íbamos a tener que quedar por lo menos una noche más. Su familia había organizado un asado para recibirla después de tanto tiempo. Entre risas le dije que en su silla iban a tener que poner un celular para que coma por videollamada. A algunos no nos queda otra que tomarnos las cosas con humor, pero hay a quienes la situación los está empezando a desbordar.

A mi modo de ver las cosas, lo peor de todo esto es que los responsables no hacen el daño por alevosía, sino por incompetencia. Son inútiles. Mucha risa me causa el escuchar a las autoridades políticas vanagloriarse porque Salta no tiene casos de circulación comunitaria. Habiendo vivido en carne propia todo lo que viví desde que llegué a la provincia, habiendo visto lo que ví, y escuchado por parte de las autoridades las barbaridades más grandes, puedo asegurar que, por ahora, lo único que tenemos los salteños es mucha pero mucha suerte, y un manojo de incompetentes al mando.

Hoy esperaba escribir otra cosa. Una última crónica un poquito más feliz. Narrar la salida y el reencuentro con nuestros familiares y allegados. Qué iluso soy. Ya casi llegamos al mediodía de nuestro día 16 de confinamiento, los huéspedes se agolpan al ingreso del hotel pidiendo explicaciones o solicitando que se haga presente alguien que tome la denuncia oficial. Nadie nos toma la denuncia. Se rumorea que es posible que nos tengamos que quedar un día más; sería el colmo En nuestro caso la realidad superó la ficción. Espero no tener que volver a escribir por este mismo tema, y de hacerlo ojalá sea, por fin, desde mi casa. Hasta nunca amiguitos y amiguitas del medioevo salteño.

Texto: Gastón Acuña

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