Quién es ‘Alta Negra’, la argentina considerada una de las mujeres más influyentes del mundo

Imagen Ilustrativa - Foto Club 947

La entrenadora de fútbol argentina Evelina Cabrera, seleccionada como una de las 100 mujeres más influyentes del 2020 por la BBC, forma a las jóvenes más allá del deporte. «Vos no podés exigirle a una jugadora que pida sus derechos si no sabe cuáles son», dijo en entrevista con Sputnik.
Por Abril Mederos para Sputnik
Su trabajo como entrenadora de fútbol femenino le valió el reconocimiento de la BBC como una de las 100 mujeres más influyentes e inspiradoras del mundo: dirigió al equipo argentino en el Homeless World Cup, creó el primer equipo de fútbol ciego femenino de Buenos Aires, y entrenó a mujeres privadas de libertad.
La mención se suma a la larga lista de premios y reconocimientos que ha obtenido por importantes medios, clubes deportivos e instituciones internacionales, como The Economist, la Fundación Boca Social del club Boca Juniors, y Naciones Unidas, que la invitó como disertadora en 2019 para hablar acerca de su trabajo, por mencionar solo algunas.
Sin embargo, los galardones, que la sorprenden cada vez y que agradece enfática, tampoco le interesan demasiado, admitirá más tarde.
Nacida en Virreyes, Gran Buenos Aires, Cabrera empezó a jugar al fútbol tarde para lo que se acostumbra, a los 20, porque de más pequeña, las niñas «teníamos casi prohibido jugar al fútbol, era algo visto como algo de los varones», dice a Sputnik. Pagar una cuota en un club para poder entrenarera una posibilidad para pocos, agrega, menos aún para las mujeres, y tampoco para ella.
Probó suerte en un club casi de casualidad —»sin querer», dice—, cuando acompañó a una compañera de trabajo que quería dar la prueba y no se animaba a ir sola. Ambas entraron. De allí pasó a jugar en el Club Atlético Platense, hasta que un problema de salud la alejó de las canchasy decidió estudiar para ser entrenadora, en la Asociación de Fútbol Argentina (AFA).
De barrio y familia pobre, Cabrera llegó a pasar meses viviendo en situación de calle, y trabajando como cuidacoches. Fue durante esos años de la adolescencia cuando descubrió que al término «negra», como solían gritarle, se lo tenía que reapropiar.
«Dos palabras que se usaron en mi contra, pero que convertí en mi escudo. Ya sabemos cómo se usa despectivamente eso de ‘negra’, para marcarte un lugar, para disciplinarte, para señalar que no deberías aspirar a algunas cosas. Y he sido llamada ‘altanera’ por no resignar esas aspiraciones. Negra y altanera, entonces, con orgullo. Y esa es la persona que construí», escribe acerca del título de su libro.

De fútbol, feminismo y pobreza

Evelina orienta el trabajo de AFFAR, que trabaja con escuelas y clubes de fútbol femenino en toda Argentina, para trascender el deporte, y ofrece desde talleres de género y de educación sexual hasta la provisión de recursos básicos para las integrantes que se encuentran en situación de vulnerabilidad económica.
«Nosotras trabajamos todas las áreas, la deportiva, la social, la educativa. Nosotras tenemos que tener jugadoras que más allá de lo que hagan dentro de la cancha, también lo hagan afuera. Vos no podés exigirle a una jugadora que pida sus derechos si no sabe cuáles son, si no sabe leer, si de repente tienen que decidir con quién dejar a sus hijos, o no tienen trabajo», explica.
«En lo personal, me atrapa la parte social, porque creo que más allá de tener una buena deportista me parece importante tener una buena persona, una persona que sea igual afuera y dentro de la cancha. Muchos de nosotros hicimos lo que pudimos con nuestra vida, y hay muchos que pueden hacer un montón si les damos ese espacio y esa mano que por ahí no la tiene», asegura.
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A partir del inicio de la pandemia de COVID-19 en Argentina crearon la Comunidad AFFAR, que se dedicó a donar alimentos para distintas organizaciones sociales y ollas populares por cada participante de los talleres que brindaba la asociación.
En paralelo, Cabrera entrena desde 2018 a las mujeres encarceladas en el penal 47 San Martín Buenos Aires. Al principio, cuando llegó, había ido solo a observar, a charlar con ellas, cuenta. «Supuestamente no se podía hacer deporte porque las presas tenían fama de agresivas, violentas, y todo tipo de etiquetas, lo gracioso era que los varones tenían cancha de fútbol y de rugby», recuerda. Un día, sin embargo, una de las guardias le propuso intentar implementar un entrenamiento. «Si tenés un proyecto dale fútbol a las pibas», contó que le dijo.
«Fui y me acuerdo que el primer día me cambiaron el pabellón, me pusieron el pabellón de mala conducta y yo casi me muero porque estaba sola con todas y me dijeron ‘bueno, arreglátelas’. Y empezamos. Empecé a trabajar con ellas, a ver sus cambios», relata.
Un día, cuando todavía trabajaba en el Club Atlético Boca Juniors, invitó al plantel profesional femenino del club al penal, para que conocieran a las internas. «No sabés cómo estaban todas, ese día nos dieron la cancha de los varones, y ahora todos los miércoles nos abren el portón y nos hacen cruzar al penal de los hombres y los sacan a todos» para que ellas puedan jugar, explica. El pabellón de mala conducta se convirtió, eventualmente, en el pabellón de las deportistas.
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Con esa experiencia, asegura, entendió muchas cosas. «Yo entrené equipos universitarios, equipos de clubes, entrené a chicas de fútbol 5, las del penal, chicas con discapacidad, y todas tenían el mismo problema: el género», subraya.
«A nosotras no nos enseñaron a negociar. Siempre cometemos el error de la espera; nosotras no tenemos que esperar, tenemos que accionar, y para accionar hay que formar a esas personas, para que tengan la propiedad para sentarse y poder decir ‘bueno, tenés que hacer esto porque te conviene y a mí me conviene por tal cosa’, porque el mundo de los hombres se maneja de esa manera, el mundo del fútbol se maneja de esa manera», asegura.
Por ello, Cabrera hace hincapié en distinguir entre la resiliencia y el mérito. «El verso de la meritocracia a mí me da mucha bronca, eso de que ‘lo que yo tengo hoy me lo gané puramente yo’, porque es cruel cuando no tenés los mismos recursos, es desleal. Yo en el libro no quise reivindicar la constancia, yo no quiero que le digan a una chica ‘qué bueno te lo merecés’, porque tu vida no vale tus recursos. Nadie nace malo, creo que a veces uno se forja en base a la realidad en la que uno se mueve», subraya.

Evelina Cabrera hoy

A Cabrera no le gusta hablar en términos de futuro. Dice que, antes de irse a dormir, le gusta pensar que «si mañana no me despierto hoy hice todo lo que tenía que hacer». Por eso, la pregunta correcta es qué va a hacer ahora.
Recuerda que durante la pandemia, durante una visita a un comedor en Villa Azul, al sur de Buenos Aires, «vienen unos chicos y me dicen, ‘¿por qué no nos entrena usted a nosotros?’ Y yo los miré, y no entendí. ‘¿Qué?’ (les preguntó) ‘¿Por qué a ellas sí y a nosotros no?'».
«Y ahí dije, ¿por qué yo le tengo que enseñar a las mujeres cómo cuidarse y no enseñarles a ellos cómo hacer? (Reconocer) qué es algo violento, que sean conscientes de las cosas que hacen, qué está bien y qué no. Y para mí es como que me planteé un nuevo desafío, yo ahora quiero trabajar con varones, nunca tuve la posibilidad de plantearme entrenar a varones», reflexiona. Por ello, ahora se encuentra elaborando un proyecto para trabajar con futbolistas varones, en términos de género y educación sexual.
Además, junto al director de cine uruguayo Adrián Caetano, Cabrera trabaja en la construcción de un guión para llevar a Alta Negra —libro más vendido en Argentina y que está por publicar su tercera edición— a la pantalla grande.
Consultada sobre cómo se tomó el reconocimiento que le hizo la BBC, admite que primero pensó que era una broma. «Vi el correo y pensé que se equivocaron de persona, y le respondí y me dicen, ‘No, no, sos vos'», ríe. «Esto es como un mimo, de alguna manera hay alguien que me está mirando, a mí me hace bien», reconoce. Pero el verdadero «premio», sostiene, lo encuentra en el trabajo diario.
«Me llamaron de muchos equipos de afuera, de Europa para trabajar, y para mí que me llamen de equipos de europa es como wow«, relata. Pero dijo que no. «Amo lo que hago, siempre pienso que si hubiese tenido a alguien que me guíe, que me diga es por acá, que me hubiese dado la posibilidad de proyectar… Los que no tienen recursos no pueden proyectar porque piensan que no lo merecen, que es de otros. Lo otro es esperar, acostumbrarse a lo que tenés», sostiene emocionada. Por eso, asegura convencida, se queda.
NOTA: la foto que ilustra esta nota no es precisamente la misma que la original.

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