Pity Álvarez: detrás de la cortina de humo, el trasfondo social

El caso de Cristian Pity Álvarez, líder de la banda Viejas Locas, ocupó mucho a la prensa durante tres días. La drogadicción como entretenimiento y no como problema.

Por Sebastián Mas

Como tanto nos encanta competir por quien tiene la moralidad  mas sublime- o  más nefasta- no es sorpresa que agarrarsela con el Pity sea «moneda corriente», en la exhibición de memes virales. No hay nada que  tiente mas a estas bellas almas, que un drogadicto villero.

Aceptémoslo: haga lo  que haga el chabón ya es mirado como «un  drogadicto mas», otro pibe que creció  para contar su triste derrota contra  la adiccion a  la  pasta base.  Se  han hecho demasiados memes ya para mofarse de sus desgracias.

Es tal la mojigateria de las bellas almas, que de haberlo hecho Hendrix, sería coronado como héroe de la guitarra. Pero  no…  El  sudaca se ganó el odio  de  todos por haber  llegado a lo  que muchos sólo se atrevieron a soñar. La demonizacion  del  Pity  es  el contexto que hay  que tener en cuenta a  la hora de  analizar el  asesinato. Por alguna razón esta demonización funciona como redención, nos sacamos la mierda de adentro para depositarla en el Pity.

El trasfondo social: detrás de la cortina de humo

Pasemos a una pregunta mas filosófica, de esas que incomodan a todos: ¿En qué clase de sociedad vivimos que genera condiciones tan desiguales para que la vida de una persona se vea reducida a semejante encrucijada?: «Era él o yo». Y sin embargo, no se piensa en esto en lo absoluto. El blindaje mediático es tal que ni siquiera reflexionamos que cuando nos burlamos, participamos del chiste con cierto cinismo: era el Pity o nosotros.

Y así como a tantos otros, como cuando nos burlamos de la violencia de género, nos regocijamos de ver a una persona en el abismo, porque eso nos permite olvidar lo nuestro por un momento. La prensa amarillista esta inventando «Pitys» todo el tiempo para ocultarnos el reverso de una realidad que se vive todos los dias en la calle. Los Cristian Álvarez y los Cristian Díaz son los sacrificados en pos de esa cortina de humo. A ellos ya no los volveremos a ver, no solo porque han muerto como Díaz, sino por que los hemos desaparecido como persona, como a Álvarez.

A veces deberíamos echar una mirada a ese abismo, no sólo el de cada uno, sino el de las desigualdades sociales, para empatizar un poco con lo duro que puede quedarse pegado a la pasta base.

* Musico y estudiante de Psicología.

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