Perú, entre la democracia y el caos institucional

La elección de un nuevo presidente en el Perú viene a favorecer la institucionalidad y la democracia en el país andino, la cual si bien hoy se encuentra en un estado de fragilidad absoluta, imposibilitó la aparición de las fuerzas armadas y con ello la réplica de otros procesos de facto de la región como sucedió en Bolivia con el gobierno dictatorial de Jeanine Añez.

Por Nelson Aguilar

Con la elección de Francisco Sagasti, en los últimos 4 años se sucedieron 4 presidentes diferentes en Perú, 3 de ellos solamente en una semana, entre los que se encuentran Martín Vizcarra, Manuel Merino y el actual mandatario. No menos importante es señalar que la fórmula presidencial electa en el año 2016 fue destituida mediante procesos de vacancia, algunos de ellos controversiales y con sospechas de ser operaciones políticas de tintes desestabilizadoras.

Las múltiples marchas y movilizaciones en Lima y en distintas ciudades del país que se dieron durante el último fin de semana para evidenciar el descontento sobre la destitución de Vizcarra tenía como principal consigna “NO AL GOLPE DE ESTADO” en clara referencia hacia los congresales que realizaron una interpretación arbitraria del artículo 113 de la Constitución referente al proceso de vacancia presidencial.

Todas estas manifestaciones generaron la renuncia del mandatario interino Merino, sobre todo aquello que ver con la muerte de dos jóvenes provenientes de la denominada “Generación Bicentenario”, Inti Sotelo y Jack Bryan Pintado, a manos de las fuerzas policiales.

La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), que agrupa a 82 organizaciones peruanas, denunció que las fuerzas de seguridad usaron perdigones de goma y gases lacrimógenos de forma indiscriminada contra los manifestantes que intentó acercarse a la sede del Congreso en Lima.

Ahora el principal desafío que se le presenta a la gestión presidencial de Francisco Sagasti en su gobierno de transición tiene que ver con la recuperación de la confianza en las instituciones y en la normalización de la situación sociopolítica y económica del país.

Sin embargo, esas no son las únicas problemáticas que enfrenta Perú en la actualidad, sino que también se encuentra afectado por la pandemia del Covid-19, la crisis económica imperante y el desarrollo de elecciones generales para el próximo año.

En lo que respecta a estas problemáticas, Sagasti explicitó:Habrá absoluta neutralidad del Ejecutivo en el proceso electoral, las preocupaciones son justificadas y vienen por ese lado, habrá la más absoluta independencia y garantía para todos los partidos, incluso para el Partido Morado, y apoyaremos a los organismos electorales para garantizar que no haya interferencia”.

Asimismo, el nuevo presidente planteó que trabajará fuertemente en conjunto con el Ministerio de Salud y los proveedores privados para articular un abordaje territorial práctico y eficaz en materia sanitaria para controlar el coronavirus.

Por último, Sagasti enfatizó en  otros aspectos como “la economía, la seguridad, la reforma política y la lucha contra la corrupción en la cual no descansaremos, seremos firmes siguiendo el debido proceso, más que eso no podemos hacer”.

No será tarea fácil construir legitimidad luego de tantos procesos de destitución en tan poco tiempo, sin embargo, el contexto actual de la región puede colaborar en la formación de un gobierno de transición sólido gracias al apoyo de otros Estados, sobre todo en momentos en los cuales se puede observar un retroceso de los regímenes conservadores, neoliberales y de derecha en la región.

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