Malvinas, la Guerra que desató Inglaterra para la reelección de Margaret Thatcher

La primera ministra se encaminaba a las elecciones y buscó ganar popularidad a través de un conflicto bélico. Argentina transitaba el último período del Terrorismo de Estado institucionalizado en 1976 y lo coronó enviando jóvenes a una batalla injusta.

Cada 2 de abril reflexionamos acerca de la Guerra de Malvinas, aquél cruento enfrentamiento desigual en el cual murieron cientos de jóvenes en una disputa territorial con razones políticas. El imperio británico ocupa ilegalmente el archipiélago desde 1833.

Argentina atravesaba su sexto año de dictadura cívico-militar, con un Mundial de por medio y miles de personas detenidas, torturadas y desaparecidas, otras tantas exiliadas y cientos de bebés apropiados.

Del otro lado, el Reino Unido, cuyo timón era controlado por la conservadora-liberal Margaret Thatcher. Los británicos se encaminaban a las elecciones y la Dama de Hierro necesitaba ganar popularidad para ser reelecta. Así fue que optó por demostrar su liderazgo- el liderazgo imperialista realmente- a través de un conflicto bélico.

En nuestras tierras se encontraba al frente del genocidio Leopoldo Fortunato Galtieri. Una y otro, Tatcher y Galtieri, se sirvieron del sentimiento “patriótico” y consumaron el enfrentamiento.

Galtieri-Thatcher: dos caras de la Guerra de Malvinas

La mujer de hierro declaró la guerra cuando una flota con soldados argentinos desembarcaron en Puerto Stanley. “Recuperaremos las Falklands (Malvinas) para sus habitantes, que deben lealtad a la corona y quieren ser británicos”, clamó Thatcher luego.

Y encontró eco en el vaso de whisky del teniente Coronel al frente de la dictadura argentina en 1982: “¡Si quieren venir, que vengan!”, alardeó Galtieri frente a una multitud convocada para «defender la Patria».

El genocida Leopoldo Fortunato Galtieri frente a la población argentina

Mientas tanto, en todo el país se presionaba a la población civil, en su mayoría jóvenes, para que se convirtieran en soldados y enfrentaran a los británicos. Los medios de comunicación, al servicio de la Junta Militar, alentaban la movida. Era una batalla desigual, pero nada de eso querían decir.

Tras la negativa de Thatcher de buscar otras vías de solución sobre el territorio apropiado a la Argentina, finalmente se dio el enfrentamiento. De hecho, la primera ministra, en su afán por entronarse en el poder político, hasta enroló al príncipe Andrés, tercer hijo de la reina de Inglaterra, en una misión militar.

Finalmente, Tatcher se hizo de las suyas y logró concentrar ese favoritismo que la llevó a ganar las próximas contiendas electorales en 1983 y 1987. Y extendió sus «logros» hasta la propia Argentina que, hundida en la indiferencia mundial por los delitos de lesa humanidad y sumida en un plan económico de exclusión, comenzaba a sentir la necesidad de poner fin a la dictadura cívico-militar.

Es así que tras la Guerra de Malvinas, en el plano local, la junta militar comenzaba a perder poderío y toda la realidad paralela que habían construido a base del fusil, el miedo, el envalentonamiento, la mentira y la desinformación se teñía de claroscuros.

Por Emiliano Frascaroli (artículo publicado el 2 de abril de 2019).

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