Los que sobran no pueden ser los que manden

Grande Durand, Nanni y Suriani en la marcha contra el gobierno en pleno pico de contagios - Foto Luciano Perdiguero

El abogado laboralista Daniel Tort analiza el panorama político del país. Apunta a la negación de la derrota electoral de una oposición que despliega consignas con claras connotaciones golpistas y sostiene que son una minoría que no puede anteponerse a la necesidad de las mayorías.

Por Daniel Tort*

En un contexto de vigencia de un sistema democrático, aún con todas las falencias e insuficiencias que impiden tenerlo como un esquema  ideal para tutelar los derechos de todos, existen ciertas reglas básicas que no se pueden negociar, ni su violación puede ser tolerada.

La consecuencia del resultado electoral en este sistema es  indiscutiblemente, admitir sin  excepciones –desde el mismo resultado electoral en adelante- que  es por  el cómputo de los votos de las mayorías que se toman  las decisiones.

Durante la anterior gestión gubernamental del macrismo  a partir de 2015, y bajo la consigna explícita del “no vuelven más” esa mayoría transitoria se  auto convenció, absurdamente, que gobernarían para siempre, y siguen sin digerir el resultado adverso de Diciembre de  2019.

Y desde el primer día y sin dudarlo, comenzaron a horadar la nueva gestión, violando todas y cada una de las reglas que hasta el día anterior, cuando ellos eran la mayoría, habían esgrimido y defendido.

Conocedores de que el desmanejo y la invasión indebida de facultades desde el Ejecutivo Nacional a los otros dos poderes del Estado durante cuatro años, iba a generar una reacomodamiento institucional, con no poco temor –unidos por el espanto como se suele decir-  anunciaron  que vendría una venganza.

Esta confesión literal de que ellos habían causado daño a otros –el perjuicio previo es condición  básica para que se pueda generar una venganza– desde ese mismo momento y a contrapelo del más elemental sentido común, se oponen a todo y por todo.

Cualquiera sea la iniciativa del nuevo gobierno, desde la negociación de la deuda, pasando por la reestructuración judicial y hasta en las previsiones de la pandemia COVID 19, ellos van en sentido contrario, con o sin fundamentos, por el no mismo, porque la democracia en realidad sólo les sienta, si la manejan ellos.

Esa puesta en escena de este verdadero drama, con connotaciones golpistas muy claras, se estructura por medio de un aceitado sistema de medios de difusión organizado para ello, sin que la autoridad con el obligado imperio de la legalidad, tome hasta ahora cartas en el asunto.

Actitudes deliberadas y explícitamente desestabilizadoras se muestran en las pantallas de televisión como si nada, y vale que tanto una actriz se pregunte si el presidente terminará su mandato, como que un columnista diga que Cristina FERNANDEZ debería dar un paso al costado, o que un diputado radical manifieste que hay dos congresos.

Mientras todo esto ocurre y en el seno mismo de las representaciones partidarias o frentistas, una ex diputada de dudosos márgenes psiquiátricos de cordura, acusa serialmente de traición a la Patria a todo el que la contradiga.

En el mismo momento un fracasado actor cómico, ante una escasa concurrencia anticuarentena, indica a un reducido coro de anónimos con tapaboca, que debían gritar al  Presidente “Andate a la puta que te parió”.

Y mientras todo esto ocurre, esos mismos intolerantes libertarios del libertinaje, dicen a cada momento que en Argentina  no hay libertades, y que vivimos un comunismo, o que no van  a usar barbijos  ni se van a privar de salir, porque el sagrado derecho a la libertad individual,   es de ellos.

En un panorama desolador de pandemia urgente, quienes se autovalidan como imprescindibles y valientes contestatarios de todo lo oficial, y priorizan sus propias contradicciones y egoísmos para invocar a cada paso derechos individuales sobre los colectivos, son personajes que sobran.

La sociedad Argentina embarcada hoy en la difícil tarea de preservar un bien social primario como los es nada menos que la salud pública, no puede tolerar a quienes seguros de su parcela de privilegiada y costosa salud  privada, miran con indiferencia a todos los que no son de su clase.

La defensa del bien común es prioridad, y quienes no lo entiendan por la falta de razón de sus propias limitaciones intelectuales, más temprano que tarde tendrán que entender lo que es la fuerza de la legitimidad electoral, y que ellos no mandan en Argentina.

Y mientras desvarían en sus propias inconsistencias que encubren el miedo atroz a perder privilegios, esperan con ansias ser reprimidos, y provocan a cada momento al poder legítimo, ansiosos de poder obtener una sanción para poder decirse a sí mismos, que son víctimas de una dictadura.

Por eso hay que dejarlos naufragar en su infinita y tardía ineptitud, y exponerlos en su desnudez vacía de sentido común, para que los Brandoni perdidos en su triste propia historia, o los Ratones Juan Carlos, se consuman en arengas estériles que ya nadie cree, y se pierdan finalmente en la irremediable y penumbrosa mediocridad de la que  han salido.

*Daniel Tort es abogado laboralista y conduce el programa La Madre que las Parió en FM Noticias 88.1 los viernes a partir de las 11 am. La editorial fue difundida en su última emisión.