La noche de los bastones largos: cuando la dictadura irrumpió en las Universidades

Un día como hoy de 1966 el régimen encabezado por Onganía ordenó la intervención de las universidades públicas de todo el país. En la UBA desalojaron y reprimieron a estudiantes, docentes y autoridades.

Se le llama “La Noche de los Bastones Largos” a la cruenta jornada del 29 de julio de 1966, cuando el dictador Juan Carlos Onganía intervino las Universidades Públicas de todo el país y ordenó el desalojo de la Universidad de Buenos Aires.

Los militares irrumpieron en cinco facultades de la UBA, entre ellas la de Ciencias Exactas, cuyo Decano desconoció cualquier otra autoridad que no sean las que emanan de la legalidad y legitimidad. A los estudiantes, docentes y autoridades los hicieron pasar por medio de una doble fila de uniformados para golpearlos salvajemente.

Por los garrotes de madera que usaron en la represión es que fue llamada así, La noche de los bastones largos, cuyo capítulo forma parte de los sucesos más oscuros de la historia argentina.

Por ese entonces, el líder del Golpe de Estado, Onganía, depuso al Presidente radical Arturo Illia y se abalanzó sobre aquellas instituciones a las que consideraba cuna de ideas emancipadoras. O bien, “cuna de marxistas”, como le llamó.

Entonces, el Golpe afectó y suprimió el sistema de gobierno: la Autonomía Universitaria y el co-gobierno entre los claustros (tripartito). Antes ya había intervenido en el Poder Judicial y en el Poder Legislativo, con lo cual consumaba la irrupción a los Poderes Públicos.

El mundo venía teñido de revoluciones constantes como el Mayo Francés o la Revolución Cubana. Las ideas insurgentes florecían, también, en Argentina y tenían a las Universidades Nacionales como trinchera de conocimiento y rebelión.

Con la Reforma Universitaria de 1918 y la declaración de gratuidad de la educación pública sellada en 1949, se gestó una época dorada con el ingreso de las clases populares a las casas de estudios. Las ideas progresistas y los proyectos científicos al alcance del Pueblo eran cada vez más.

Sin embargo, el proceso fue interrumpido por una nueva usurpación a la democracia por la cúpula militar y el poder económico-civil. Ante tal situación, autoridades de la UBA consensuaron un llamamiento a todos los claustros a seguir defendiendo la Autonomía Universitaria. De allí vino la represión ilegal.

Como consecuencia, cientos de profesores e investigadores se exiliaron en el exterior, provocando una herida que no deja de sangrar. Uno de ellos fue el químico César Milstein, quien revolucionó la ciencia mundial con el desarrollo de los anticuerpos monoclonales y ganó el Premio Nobel.

El ataque de los militares a la Ciencia al servicio de la Patria fue un hecho que marcó la virulencia y el objetivo de la dictadura de Onganía. Por eso el ensañamiento contra la Facultad de Exactas, más allá de que también fueron desalojadas las de Filosofía y Letras, Ingeniería, Medicina y Arquitectura.

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