La banda Oesterheld marca el swing de la calle

El swing de la calle

Otra vez con eso de pensar y hablar. La frase pertenece a “Blanco y Negro”, pista número siete de “La conciencia de la intemperie”, el nuevo disco de Oesterheld. Pensar y hablar, una posición muy poco utilizada en ese orden específico, pero cansinamente reproducida en el orden inverso. Afortunadamente, “La conciencia…” forma parte del primer grupo. El tercer disco de la banda chivilcoyana ofrece una metódica mirada sobre la sociedad actual, con sus neurosis cotidianas, pero también históricas, de arrastre casi fundacional de nuestro país. Mientras escribo esto lo estoy escuchando, completo, por cuarta vez. Tratando de prestar atención a detalles, a patrones que se sucedan en los temas, me dio la temprana sensación de que es un disco que oficia como termómetro social. Pero en realidad, vuelvo a repensar, no es un termómetro ni mide temperatura: lo que marca, puntualmente, es el swing de la calle. Es una síntesis, una percepción fina, sobre el sentir popular.

En lo musical Oesterheld recorre, nuevamente, diversos caminos que se juntan en un punto y generan algo realmente portentoso. Como en “Ausencia” y “Psicosis de un mundo esquemático”, hay una fuerte fusión del progresivo, de sintetizadores bien al frente, con ritmos rioplatenses. Sin embargo, este Oesterheld suena diferente al que grabó aquellas dos placas. Hay matices singulares e interesantes: rock entrelazado con jazz y -varios- toques tangueros, pero con cortes y sonidos que remontan por momentos a facetas de Spinetta solista, como el de “Mondo di cromo”. Sin embargo, tras toda esa compleja estructura musical, de esa orgía de géneros, de percusiones analógicas y digitales, se imponen melodías simples y claras, como en “La cuestión de quién te esperará”, el track ocho. La inclusión y protagonismo de la inconfundible máquina de ritmos de Roland es, sin duda, uno de los grandes aciertos de “La conciencia de la intemperie”. Como curiosidad, Oesterheld agregó en este tercer trabajo canciones casi meramente acústicas, algo a lo que no nos tenían acostumbrados en estudio.

El disco está atravesado por un concepto, que se puede notar a lo largo de todas las líricas. El concepto del engaño, de la mentira, de las caretas que no terminan de caer. Casi como una decepción, una desazón inentendible. Las malas prácticas pero también la ilusión rota de los que alguna vez confiaron, o todavía lo siguen haciendo. Ese, tal vez, sea el “Ilusorio Velo”, título de la canción número tres: el compositor Nicolás Muchiut carga claramente contra la mentira organizada y escupe su molestia por eso. “Enmascarada de verdad, la más oscura realidad, nos hundirá en el Paraná”, dice, y sigue: “Aparecen, sin avisar, fantasmas que traman entramados clandestinos / estrategias que te atrapan y obnubilan en la somnolencia / hoy no se oye nada más allá de sus palabras / te constriñen contra sí”. Hoy no se escucha nada más allá de sus palabras es seguramente la bronca de la “verdad” única, de la construcción de un relato que ha calado hondo en el inconsciente colectivo de mucha (muchísima) gente. Claramente, el disco no escapa prácticamente en ningún momento al contexto que atraviesa al país. Pero el “secreto” está en que no solo se traducen los hechos, sino también los sentires, la palabra de los de abajo sin interlocutores de pantalla.

Sin embargo, a esa inquietud, ese desagrado, esa pesadumbre de la realidad que se traza en las letras, la música equilibra como un mensaje de esperanza. La música que acompaña a las palabras (o mejor dicho, al revés), pretende en muchos casos que tengas que mover indefectiblemente el cuerpo. La cabeza yendo de un lado a otro, haciendo un loop como gesto de aprobación y buena sensación, indicando en un simple movimiento “qué bueno está lo que hicieron”. En la balanza, entonces, está un presente durísimo, de sensaciones grises, pero también aquel mensaje de que “Mañana es mejor”, de que la tormenta puede pasar en cualquier momento. Pero ojo, porque también hay varias referencias de que la tormenta no pasa sola, sino que es parte de la construcción (y deconstrucción) de la conciencia individual y colectiva. El esfuerzo de identificar quién es quién en el juego, ubicando a cada uno en el lado del tablero al que corresponde, no es fácil pero es imprescindible para ese futuro.

“La conciencia de la intemperie” marca el swing de la calle y pinta de manera solemne un cuadro de situación, como aquellos viejos discos que ya gastamos de tanto escuchar, que aportaban análisis desde el arte a los momentos más difíciles de la Argentina. Una tarea tan ardua como noble. No son pocos los ciudadanos que sienten hoy en día, en su pecho, una mezcla de sensaciones similares a las que ofrece el disco, y que cada vez, en esa misma calle, se van encontrando (y reencontrando) más. Oesterheld acaba de lanzar una síntesis sin fisuras de realidad poética y música fresca que va a dar que hablar. Porque mientras en los suburbios sigan sonando candombes, no nos podrán callar.

Por Juanme Blaoitta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Instagram did not return a 200.