Hablemos de la Coca: la escasez y el alza de precios despertó debate popular

El coqueo es una práctica ancestral que el cierre de fronteras por la pandemia afectó fuertemente. Desde 1989 no es considerada una droga, su comercialización no es legal, pero su práctica sí. ¿Es posible crear nuevas formas de producción? El aumento desproporcionado de los últimos días se dio en el eslabón medio: el transporte.

Por Emiliano Frascaroli

HAY COCA. SELECCIONADA Y COMÚN”. Los carteles en las puertas de kioscos y almacenes, con letras mayúsculas para llamar la atención, ya no forman parte del paisaje cotidiano en la capital de Salta. El acullico al cachete después de una comida o para combatir el cansancio es cosa de ayer; o se volvió un privilegio. Argentina sufre el impacto de la escasez de la hoja de coca por la pandemia, lo que provocó un fuerte aumento en los precios: el ¼ pasó a costar hasta 4.000 pesos promedio, cinco veces más que semanas atrás, antes del cierre de fronteras. El kilo oscila los 14.000 y 16.000 pesos.

Resulta que a pesar de formar parte de la vida social, cultural y económica en el norte del país ancestralmente, hoy transversal quizás a tantas otras localidades de la región metropolitana, la actividad comercial no está regulada. Desde siempre, es importada ilegalmente por pasos fronterizos con Bolivia para luego inundar los mercados centrales de las principales localidades de la provincia. Ése trabajo lo hacen los “bagayeros”, como les llaman, y los transportistas, que sortean los controles; cuando no, las fuerzas federales incautan importantes cargamentos cuyo destino es indescifrable.

Allanamiento en la Policía Federal de Orán por el faltante de coca tras un secuestro millonario – Foto El Tribuno

La práctica del “coqueo” es aceptada y realizada por la ciudadanía del norte argentino, incluidos funcionarios públicos de toda laya. El intendente de Orán, Pablo González, comparó las filas para comprar coca con las del cajero automático. Y en diálogo con Radio Noticias 88.1, el exsenador rememoró que en la Legislatura es común el “encargue” a legisladores del norte por parte de sus pares de otras localidades. Se sabe que en el lugar de “origen” es más barato que cuando se pone a circulación por menores cantidades en la capital, ya que se evita el valor agregado del transporte.

¿Es posible la regularización de la actividad? ¿Se pueden iniciar nuevas formas de producción? ¿Por qué aumentó tanto en los últimos días?

Legislación, un debate de ayer y de hoy

Fue el diputado nacional por Salta, Juan Carlos Castiella, quien logró que el Congreso de la Nación apartara, en 1989, a la hoja de coca en estado natural del listado de la ley de estupefacientes. “La tenencia y el consumo de hojas de coca en su estado natural destinado a la práctica del coqueo o masticación, o a su empleo como infusión, no será considerada como tenencia o consumo de estupefacientes”, reza el artículo 15 de la Ley 23.737. Castiella presentó informes médicos y científicos que convencieron a sus colegas de que no se trata de una “droga” como se la estigmatizó históricamente y dejó el primer antecedente en la materia, que abrió el paraguas para su profundización.

También está: Coca del monte chaqueño, un gran invento que es furor en el norte salteño

Unos 30 años después el diputado Martín Grande Durand presentó un proyecto que apunta a mayor intervención; esto es, a regular la comercialización. Ésa y otras iniciativas aún esperan el tratamiento en la Cámara de Diputados. Mientras tanto, en 2017 el Senado de la Nación manifestó su “profunda preocupación por la incriminación” a choferes de larga distancia por coquear luego de ser demorados en un control en Bahía Blanca. ¿Cómo podría un camionero recorrer miles de kilómetros o un remisero conducir tantas horas con la responsabilidad a cuestas estando “drogado”?

El trabajo, aunque pareciera anacrónico, debería apuntalar la erradicación de los prejuicios y al mismo tiempo avanzar en la intervención estatal. Así lo consideran dirigentes políticos de distintos extractos y provincias. Lo que buscan estas iniciativas mencionadas es que la actividad sea oficializada en el mercado legal para que, entre otras cosas, se graven impuestos, haya una mecanización de la cadena productiva que, por ejemplo, incluya la revisión del producto por parte del Instituto Nacional de Tecnologías Agropecuarias (INTA) y se permita el registro de trabajadores del rubro hoy relegados a la informalidad.

Un informe del Instituto de Ingeniería y Desarrollo Industrial de la Universidad Nacional de Salta determinó en 2018 que sólo en la capital salteña se venden más de 14 mil kilos de hojas de coca por día y se mueven unos 600 mil dólares. Para el legislador Grande, quien pidió el sondeo a la Facultad de Ingeniería, serían unos 24 millones de dólares que fluyen por el mercado ilegal.

Hacia nuevas formas de coquear

El impacto social del faltante de coca cobró tal magnitud que en Coronel Juan Solá, a casi 500 km de la capital salteña, sobre la ruta nacional N° 81, departamento Rivadavia, nació una nueva forma de coquear. Masedonio Monex Santillán, un lugareño, llevó la hoja de coca que crece en pleno monte chaqueño al pueblo, donde la prepara y comercializa en pequeñas cantidades y a bajo costo. (Ver nota: Coca del monte chaqueño, un gran invento que es furor en el norte salteño).

Por otro lado, el ingeniero e investigador de CONICET, Mariano Gastón Gutiérrez Ríos deslizó la posibilidad de producir la hoja de coca. Como improvisación, hizo germinar unas semillas que encontró en su última bolsa de coca y puso a remojar en agua un día aproximadamente; luego, la plantó. “Las semillas que flotan puede que no germinen. Las que se hunden son de mejor calidad”, explica a este medio. Según el sondeo que hizo, la temperatura media para el crecimiento de la hoja de coca es de 18ºC, un clima tropical y cálido. El investigador confía en que es posible lograr una producción regional. “Si Jujuy hace marihuana legal, ¿por qué Salta no podría hacer coca?”, comparó ante BUUFO.

El impacto económico

Con la pandemia y el cierre de fronteras vino la caída en la oferta y el alza de precios en un mercado cautivo con demanda intacta; al caer las ventas, también hubo un impacto negativo en los comerciantes.

«Lo que salía hace 30 días atrás dos mil pesos, hoy sale 16 mil. Y el que se hace la plata es el eslabón del medio: los pasadores y el transporte«. De esta manera, un comerciante de la capital salteña sintetizó el impacto inflacionario de los últimos días, quien mira de reojo la caída en ventas y las pérdidas que le provocó la paralización del flujo «normal».

Consultado por este medio, adelantó que buscan tutela judicial para obtener una resolución favorable que les permita morigerar el impacto negativo. Están en tratativas de «juntar firmas» para popularizar el futuro reclamo en aras de la importación. Aunque, se sabe, existe un hueco legal.

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De momento, Monex Santillán ya inauguró un nuevo mercado en Morillo que le permite generar ingresos y al mismo tiempo abastecer a su comunidad en plena escasez por el cierre de fronteras; Gastón Gutiérrez experimenta, entre esperanzas, la producción local; un comerciante del rubro se ve preocupado por las pérdidas pero también por la vuelta a escena de la discusión por intervención estatal ya no sólo en instancias de los poderes públicos sino y principalmente en la sociedad. El debate afloró.

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