Después del relajamiento, Salta ve llegar la Covid-19: ¿Cómo fueron los meses previos?

Del primer caso positivo a rozar los mil contagios, con 156 días de por medio. El rol de funcionarios y los reclamos desde Salud. Las imágenes más tristes, de la televisión a la realidad. El doble desafío de la sociedad y el gobierno: recuperar la confianza y seriedad.

Por Emiliano Frascaroli

Pasaron más de cinco meses desde que el primer paciente con Covid-19 arribó a Salta desde Europa, el 12 de marzo. A principios de agosto los contagios eran prácticamente la cuarta parte de los que son hoy, cifra que roza los mil casos positivos, y 11 fallecidos. La curva se disparó en los últimos días a punto tal que Tartagal, la ciudad cabecera del departamento General San Martín, donde se concentra casi la mitad de los contagios, fue puesta en la lista de localidades a nivel país que debieron volver a fase 1.

La postal de la situación sanitaria de países como España o Italia que vimos por televisión durante tanto tiempo comienza a tomar cuerpo en suelo propio. Es la escena que nadie quería ni quiere ver: personas esperando a ser atendidas en hospitales que comienzan a saturarse o pacientes graves que necesitan respiradores que en un abrir y cerrar de ojos ya pueden estar ocupados. En Jujuy la cuestión es aún más trágica: como en Ecuador o Bolivia, hay fallecidos en domicilios que son enterrados por sus propios familiares, entre lágrimas, en fosas comunes hechas en el fondo de su hogar.

¿Qué medidas se tomaron en Salta para contener el impacto de la pandemia y cuidar la salud de su población? ¿Cuál fue la reacción como sociedad frente a la enfermedad? ¿La capacidad operativa del sistema de salud- incluido el personal- alcanza? ¿Qué se espera para los días venideros? ¿Cómo manejó la comunicación institucional el gobierno local?

Las preguntas son muchas. Esta columna no pretende responderlas acabadamente, sino más bien hacer un repaso y recoger hechos de relevancia que pudieran abonar el camino hasta la actualidad.

El principio de la pandemia

El 12 de marzo, a nueve días de que Argentina reportara el primer caso positivo de Covid-19, un ciudadano arribó a territorio provincial para luego convertirse en el primer infectado en Salta. Días después, el 1º de abril, se confirmaron dos nuevos contagios. Todo se desarrollaba con tensa calma, pero el 5º caso de una trabajadora temporaria de Rosario de Lerma agitó las aguas cuando se filtró su información y vecinos paranoicos apedrearon la ambulancia que la trasladaría al hospital Papa Francisco.

La reacción violenta de vecinos de los Valles Calchaquíes llegó a la plana nacional, que también visibilizaba la discriminación a personal de salud en ciertos edificios de Buenos Aires. Tiempo después el gobernador Gustavo Sáenz tildó de delincuentes a dos trabajadores golondrinas que habían quedado varados en Río Negro y regresaron al norte del país escondidos en un colectivo, cuyo destino final era Jujuy, con la anuencia de los responsables de la empresa.

Te puede interesar: Refriega política, ataque vecinal e investigación judicial: Rosario de Lerma y el Covid-19

A partir de ahora no entra un solo colectivo de media y larga distancia hasta que no estén las medidas de seguridad suficientes para que lo hagan. Hoy no están, adulteran permisos para circular”, espetó el mandatario en conferencia de prensa del 27 de abril, anunciando el cierre de fronteras.

Los dos casos mencionados- que gente “repatriada” aislada en sus hogares podía generar malestar vecinal, con rumores de visitas de por medio, y que se debía reforzar controles de ingreso- sirvieron de experiencia. Sáenz tomó nota de sugerencias que le hicieron llegar referentes de distintos municipios y dispuso que quienes regresaran a la provincia, para ingresar tenían que llenar un formulario previamente y en caso de no contar con las condiciones para llevar adelante el aislamiento social por 14 días en un domicilio, serían alojados en hoteles. Al principio se generó malestar por haber elegido un destino ubicado en el centro de la ciudad como el Victoria Plaza y, a su vez, por las condiciones de los alojamientos: oriundos del interior señalaron falta de comida, de dinero y de atención. Pero la medida permitió contener mucha gente que, tal vez, no hubiera cumplido a rajatablas la cuarentena.

Sobre el tema: Salteños del interior aislados con hambre, sin plata y amontonados en el Victoria Plaza

Por supuesto que en el medio también hubo críticas a la gestión de los permisos: que habilitaban a unos antes que a otros y que particularmente los “olvidados” eran trabajadores que emigraron de sus tierras en busca de un mejor pasar económico y que costeaban como podían su subsistencia. “Hay dos gobernaciones con las que es muy difícil trabajar, una es la jujeña, de Gerardo Morales, y la otra es la administración salteña, a cargo de Gustavo Sáenz”, explicó la directora nacional de Acceso a la Justicia, Gabriela Carpineti, en una nota de Página 12 que describió la situación de distintos grupos de trabajadores varados en el país.

Este cronista se contactó con colegas de Río Negro y por su intermedio con ciudadanos salteños varados en distintas localidades del sur del país; se visibilizó la situación y se les transmitió a funcionarios información pertinente para que coordinen el retorno de sus conciudadanos. La mayoría de ellos tuvo que costear su estadía y el retorno con bolsillo propio, además de esperar los tiempos de autorización oficial.

Antes: Salteños varados en el país piden celeridad para poder volver a sus hogares

También está: Hay más salteños varados en el país que no saben cómo regresar tras cierre de frontera

Hasta ahí los primeros casos positivos, la reacción social y las decisiones gubernamentales. Volvamos a los anuncios oficiales respecto al sistema sanitario, en retrospectiva.

A principios de abril el gobierno informó que el Centro de Convenciones de la zona sur capitalina se sumaba como centro de recuperación de pacientes asintomáticos o con síntomas leves y moderados. El predio se equipó con al menos 140 camas, conexión wifi, laboratorio, farmacia, enfermería y un sistema de bioseguridad. La ministra de Salud, Josefina Medrano de la Serna, sostiene que se trata de un lugar que sería usado cuando la situación lo amerite; en otras palabras, cuando los hospitales no den abasto.

Por su parte, hace cuatro meses la administración Sáenz anunciaba el envío de 5 respiradores a cuenta de Nación, la compra de cinco más y la incorporación de diez ambulancias de alta complejidad que vienen equipadas con respiradores. Mientras, el ministro de Economía y Servicios Públicos, Roberto Dib Ashur, realizaba por Twitter un insólito pedido de respiradores al magnate Elon Musk, director de la empresa Tesla, y el ministro de Gobierno, Derechos Humanos, Justicia y Trabajo, Ricardo Villada, afirmaba que Salta contaba con “más de 200 respiradores” ya instalados.

Sobre el tema: Nación entregó 26.000 tests de diagnóstico contra el COVID-19 y 275 respiradores

Así las cosas, los días pasaban y los casos positivos trepaban a un ritmo leve. Más que nada se trataba de contagios “importados”. No obstante, la curva y el nexo epidemiológico fue cambiando al calor de diferencias sustanciales sobre la definición de la situación en la provincia.

Distintas realidades

La cartera sanitaria local adoptó el concepto “transmisión por conglomerado” para encapsular la circulación de la Covid-19 a los departamentos que presentaban una sumatoria de casos: General Güemes, Orán y General San Martín.

Sin embargo, dos declaraciones de referentes de la salud pública y la política refutaron la calificación de la administración provincial. El 13 de julio la intendenta capitalina Bettina Romero pateó el tablero al señalar que existe “circulación viral, comunitaria, del coronavirus porque se han encontrado casos donde no se saben el origen de donde se contagiaron”.

Te puede interesar: Bettina Romero: «Todo indica que hay circulación comunitaria» de Covid-19

Un día antes el Dr. Juan José Esteban, gerente del hospital Del Milagro, había deslizado tal análisis recogido por la jefa comunal. “Fui claro y sincero al decir que perdimos el paciente cero hace rato, que los hilos de conducción y transmisión viral se habían perdido y que estamos en situación de línea fina”, señaló el médico encargado del nosocomio donde se realizan los análisis de las muestras por coronavirus, dengue, zika y chikungunya.

Al mismo tiempo, el gobierno realizó un cordón epidemiológico en la zona sur capitalina para rastrear posibles casos. Se montó un operativo restrictivo en cuanto a circulación de personas se habla, y de visitas por los hogares de personal sanitario. No hubo reportes de personas contagiadas en los barrios comprendidos, al menos en la información relevada y difundida por canales oficiales.

Para esa fecha, mediados de julio, los casos positivos registrados sumaban 106, concentrados en Capital, Orán y San Martín. Apenas tiempo después, el 3 de agosto, el total trepaba a 258 y la tendencia ya marcaba las localidades más comprometidas. Fue en ese momento que la curva se disparó y en cuestión de días ascendieron a 511 (reporte del 9/8), y este sábado 15/8 el conteo de contagios llegó a 939. Es decir que en menos de dos semanas prácticamente se cuadriplicó el total de casos positivos de Covid-19.

  • Julio: 106 casos positivos
  • 3 de agosto: 258 casos
  • 9 de agosto: 511 casos
  • 15 de agosto: 939 contagios

Ante la escalada de contagios, personal sanitario, pacientes y familiares de víctimas fatales hicieron pública su apreciación respecto a la situación del sistema de salud y la capacidad operativa. Pero lejos de ser interpretadas como advertencias para generar soluciones antes de que colapsara el sistema, esas posturas críticas fueron negadas a punto tal que se llegó a denostar a pacientes, como le ocurrió al médico Mario Cerruti. El profesional de Tartagal se convirtió en portador del virus y al reclamar las condiciones del sistema recibió acusaciones de Villada.

Como una suerte de “contrapeso” el equipo de comunicación institucional elabora partes de prensa con recorridas de funcionarios por los hospitales del norte provincial y retoman declaraciones que buscan aplacar el malestar y ensombrecer las carencias denunciadas. Los militantes saencistas de las redes sociales se encargan del rastrillaje político de médicos, enfermeros o ciudadanos que intentan transmitir la difícil situación en sus localidades.

Sin embargo, ahora los relatos de las experiencias personales en torno a esta enfermedad son angustiantes. Perforan el blindaje mediático a través de las redes sociales.

Antes: 18 móviles y sólo 5 operativos: así está la flota del SAMEC

El reclamo de personal sanitario por insumos y estabilidad laboral no logró hacer mella en una conducción sanitaria duramente cuestionada. Desde San Martín, Orán, Anta o Capital ya manifestaron las múltiples necesidades, parchadas algunas, solucionadas otras, desoídas el resto. Un ejemplo del deterioro del sistema sanitario que heredó la gestión Sáenz es el SAMEC: de los 18 móviles, sólo 5 estaban operativos.

Como sea, la cuestión es redistribuir recursos escasos y en lugar de girar partidas innecesariamente- como a las escuelas privadas o las iglesias- se debe reforzar cuanto antes el sistema de salud.

Todas las alertas en el interior

La Covid-19 llegó a un geriátrico de Tartagal, donde se contagiaron 19 adultos mayores y 16 trabajadores del lugar. Esta noticia cayó como un baldazo de agua fría. Esa localidad contabiliza 366 contagios desde el inicio de la pandemia. Además, son 6 las personas fallecidas.

Si bien el foco de infección es en el municipio que conduce el radical Mario Mimessi, donde el gobierno sí admite que existe “circulación comunitaria” del virus Sars-CoV-2, los contagios de a poco se expanden por los municipios del norte y ya hay versiones de que el sistema sanitario se saturó.

Así lo manifestó un profesional de Salvador Mazza: “Hemos derivado un paciente con problemas respiratorios y en Tartagal nos han dichos que no hay respirador y que no hay cama”. En un vídeo filmado y difundido ayer por la tarde, el trabajador de la salud del municipio de frontera manifestó su preocupación por la capacidad operativa y pidió a la población que se cuide. Fue en ese mismo nosocomio que meses atrás realizaron una colecta solidaria para equiparse de insumos.

De acuerdo al gerente del hospital Juan Domingo Perón de Tartagal, el doctor Juan López, cuentan con 15 respiradores, camas suficientes y una logística que permite contener el coronavirus. En ese sentido dijo que “hablar de colapso” del sistema sanitario, “que es cuando no tenemos a nadie para atender gente”, no cuadra con la situación actual. Y mencionó la incorporación de personal de salud para reforzar el equipo humano.

Antes: Tartagal y el Covid-19: “El médico está en pleno tiroteo y arriesgando la vida”

Este medio reconstruyó la situación sanitaria de la ciudad cabecera del departamento San Martín a partir de las declaraciones de médicos y de referentes políticos. Todos coincidieron en que, a pesar del esfuerzo, no dan abasto. El virus se propaga y los recursos humanos, como de infraestructura, parecieran llegar a un colapso.

Un joven tartagalense relató que su tía murió esperando atención y advirtió por la gravedad que significaría que la Covid-19 se propague en las comunidades indígenas. “Yo no sé qué espera este gobierno de mierda. Sabés que mi tía no era una persona humilde, pero aún así se cagó muriendo. Imagínate la gente pobre, de las comunidades, se van a morir como moscas. ¿Por qué son tan inútiles? ¿Por qué han negado tanto tiempo esta situación?”, manifestó entre sollozos el muchacho.

En General Mosconi se reportaron dos nuevos casos positivos correspondientes a personal policial, con lo cual el total acumulado en ese municipio asciende a 40, con 12 altas y 28 casos activos. Los contagios alcanzan a personal de salud también.

Además, el municipio Coronel Juan Solá (Morillo) registró su primer caso positivo de Covid-19 días atrás. Se trata de una persona alojada en la comisaría del pueblo, quien habría ido hasta Tartagal a una audiencia y que, según trascendió, permaneció con el resto de los detenidos pese a haber sido diagnosticado con coronavirus.

Por su parte, recientemente se conoció el fallecimiento de un docente del municipio Coronel Moldes, departamento La Viña. El hombre de 47 años murió al día siguiente de haber llegado al hospital.

Los anti-todo hacen daño

No hay evidencia empírica que avale que el uso de dióxido de cloro para tratar el coronavirus tiene efectos positivos. Lo recomiendan aquellos que contradicen a las autoridades sanitarias y desafían irresponsablemente el consenso científico. Incluso más: es sumamente peligroso.

Por eso mismo el dióxido de cloro está prohibido por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), que «recomienda no consumir medicamentos no autorizados». «Los productos que se promocionan con esta composición no están autorizados como medicamentos o suplementos dietarios ni cuentan con estudios que demuestren su eficacia», señala el organismo.

Ayer se conoció que un nene de 5 años falleció en Neuquén porque habría sido intoxicado con esa bebida por sus propios padres. En Jujuy un hombre murió tras tomar dióxido de cloro.

En el plano local hay personajes de ese calibre, casualmente dos macristas. El senador capitalino Guillermo Durand Cornejo promovió el uso de dióxido de cloro con un proyecto que, por suerte, fue echado por tierra ni bien se lo conoció. Desde su programa, el dipu-periodista Martín Grande Durand también alienta el consumo de esta sustancia prohibida.

Quizás las víctimas fatales hayan visto a la conductora de tevé Viviana Canosa ingerir un líquido en vivo, diciendo que era dióxido de cloro. Esos actos irresponsables de quienes tienen una influencia en la sociedad o bien son funcionarios públicos que desoyen las leyes deben tener penalidad, antes de que más argentinos caigan en esa trampa mortal.

Agachar cabeza y seguir

Más allá de las reacciones discriminatorias de algunos para con personas contagiadas o del aliento al consumo de sustancias no avaladas por el consenso científico, la mayor parte de la sociedad salteña se comportó responsablemente. Esto a pesar de los altos índices de pobreza y entendiendo el relajamiento por la situación epidemiológica de hasta hace unas semanas, que no parecía alertar a la vecindad. No obstante, hay que recuperar seriedad y endurecer el aislamiento como al principio, dado que la circulación comunitaria es un hecho, mal que le pese al oficialismo que lo niega.

El pedido de “tregua” que hizo Sáenz en el norte fue una especie de mensaje de agotamiento y de angustia sobre su gestión de la pandemia. Fue él mismo quien dijo que la sociedad juzgará por la cantidad de contagios y no de fallecidos; hasta ahora suman 939 los casos positivos y 11 las personas muertas.

De a poco se fueron ajustando los números de los informes del Ministerio de Salud de la Nación y de la Provincia, que comúnmente presentan diferencias. Pero ahora resulta doblemente difícil transmitir confianza en la comunicación de datos. A ello se suma el desplante a funcionarios que transmiten seriedad, como la Dra Griselda Rangéon, que comenzó encabezando los reportes y luego sorpresivamente dejó de aparecer.

El contenido del sitio oficial pareciera correr detrás de las noticias que se difunden en los medios: si se viraliza un vídeo sobre la cantidad de gente esperando ser atendida en el hospital, desde el gobierno emiten noticias al estilo “La Provincia entregó 5 ambulancias de alta complejidad al departamento San Martín” o “El Gobierno refuerza el sistema sanitario de Tartagal”, una seguida de otra. En hora buena que lo hagan, por supuesto.

Sin embargo, sobrevuela un descreimiento a la información oficial que genera un efecto contraproducente en la ciudadanía. Quizá no se comunicó bien lo que se hizo en estos meses o bien se sobre-valorizó tanto los pasos que dieron como la comunicación institucional que adoptaron para transmitirlos.

Ahora que pasó un tiempo considerable y los casos se multiplican, todas las miradas conducen a la gestión y las preguntas acerca de si se hizo lo correcto desde marzo a la fecha son cada vez más insistentes.

El desafío ahora es doble: además de contener la situación sanitaria, el gobierno deberá recuperar credibilidad y construir capital político para sortear de la mejor manera la ola de contagios que se registran día tras día. No alcanzará sólo con pedir milagros a los santos patronos ni con apuntar contra los que cruzan la frontera. El «veranito» ya pasó.