Covid-19: ¿Se debería informar los casos positivos por zona o barrios?

El título plantea un interrogante en agenda de quienes inciden en la toma de decisiones. Una hipótesis es que mejoraría la respuesta de la sociedad. Las experiencias a modo de ejemplo. Incertidumbre por la reacción vecinal, con ejemplos para el olvido.

Por Emiliano Frascaroli

La utilización de tecnologías de la información para gestionar la pandemia y contener la propagación de la Covid-19 es un factor clave que se utiliza en distintos puntos del país y el mundo. Algunos Estados potencian canales ya vigentes y otros crean aplicaciones para cargar datos de relevancia sobre la enfermedad. En el medio, las fakes news o noticias falsas y, por supuesto, la incertidumbre y desinformación en la sociedad.

Hace meses quien firma este artículo abordó la cuestión tecnológica-comunicacional del coronavirus haciendo mención a ciertos ejemplos que sirvieron de experiencia, a propósito del lanzamiento de la aplicación Salta Covid. Allí se colocó el ejemplo de medidas nacionales y una internacional que cabe retomar: la de Corea del Sur.

Sobre el tema: Tecnologías y Covid-19: administrar datos, comunicar emociones

El país asiático incorporó una forma de monitorear el distanciamiento social a través de su canal oficial CBS, «un canal seguro que en el caso del Covid se ha utilizado para alertar a los ciudadanos si han estado en algún lugar que coincide con el movimiento de un paciente infectado, lo que les permite hacerse la prueba rápidamente si es necesario” , explican en un artículo de Invertia titulado «Así derrota Corea al Covid con la tecnología: geolocalización, aislamiento selectivo y tests«.

Más allá de las diferencias económicas, tecnológicas, culturales, etcétera, la aplicación de tecnología para gobernar estratégicamente a la sociedad es factible. Tanto así que la diputada provincial Gladys Paredes consideró que si las direcciones de Epidemiología informaran a sus conciudadanos cuántos casos hay en determinado barrio, los mismos vecinos redoblarían sus cuidados e incluso tomarían con más seriedad a la enfermedad.

Aunque no lo crean, hay gente que todavía cree que esto no existe”, dijo Paredes en el programa Sapo de Otro Pozo (FM Noticias 88.1). La ecuación redundaría en que si se enteran de la situación epidemiológica en su perímetro, capaz que así le tienen respeto. “Para mí la medida es que la gente sepa cuántos hay por barrio. Le va a permitir cuidarse más”, acotó.

En el texto mencionado, escrito cuando los contagios eran apenas 26 (fines de junio), arrojé: “Pensemos en una app donde voluntariamente las personas que obtienen un resultado positivo vuelquen datos con recorridos por donde hayan estado, instituciones a las que haya concurrido o la línea del colectivo que tomaron. Del otro lado, quienes deseen consultar si entraron en la misma ruta o fueron al mismo negocio”. Fue una idea al paso, para debatir y prever.

Pasados los meses y con la situación sanitaria más delicada, aquellas propuestas comienzan a cobrar sentido. O al menos uno así lo ve. Hasta ahora el gobierno salteño no ha tenido una comunicación de la gestión transparente que brinde tranquilidad. Las dudas acerca de datos cruciales se multiplican al compás de los contagios (ver aparte: «Coronavirus y datos irreales: las preguntas a la Ministra).

Además, otra de las cuestiones que ha sido tema de discusión en grupos de periodistas fue la discriminación de contagios por municipios. Mientras unos sostienen que informar cuántos casos positivos se detectan en cada localidad podría ayudar a la población, otros sostienen que se podría fomentar el linchamiento.

Cualquiera sea la forma, el eje siempre está en la administración de los datos para comunicar emociones. A la luz de los hechos, tal vez cueste más de lo pensado, dado que ni siquiera los números de casos reportados diariamente coinciden con Nación.

Pero ahora se le suman los casos positivos determinados bajo la “modalidad clínica epidemiológica” que permite no realizar el PCR y enviar a la persona potencialmente contagiada a un aislamiento de 14 días. ¿Deberían registrarlos e informarlos oficialmente? Hacerlo permitiría transparentar datos duros sobre la gestión de la enfermedad, como la tasa de letalidad y la de positivismo en los testeos. ¿No es peligro regirse nada más que por la responsabilidad individual? Para este cronista, sí. Vayamos a dos ejemplos:

  • Un caso particular que relató este medio fue el del contingente de policías que regresó de la frontera norte y fueron aislados en la Escuela de Cadetes. Fuentes aseguraron que si no desconocían la orden de su superior iban a regresar a sus hogares. Después se enterarían que uno de ellos arrojó resultado positivo para Covid-19. ¿Qué hubiera pasado si volvía esa persona a su casa? Tal vez contagiaba a sus seres queridos. Por suerte que no.
  • También existió un contagio familiar en la Capital provincial que demostró que la responsabilidad social no basta. Una persona habría vuelto de Jujuy siendo portadora del virus Sars-CoV-2 y se lo transmitió a su entorno.

Con los dos ejemplos anteriores creo que basta para decir que no alcanza con depositar la confianza en la sociedad. Es el Estado el que debe echar a andar sus herramientas. Debe adoptar estrategias inteligentes, consensuadas, y de rápida aplicación para mitigar el impacto de la pandemia. Para ello es necesario escuchar voces de «afuera», como la de la diputada y médica Gladys Paredes que profundizó la idea planteada en este medio hace tres meses.

¿Se debería informar los casos positivos por zona o barrios? Quizás sea una medida que permita ganar credibilidad en la gestión y al mismo tiempo tranquilizar a una sociedad que desconfía de la administración de datos. Además, ya hubo una experiencia en ese sentido cuando se realizó el operativo de rastrillaje en la zona sur capitalina abarcando a 10 barrios. Tal vez si se lo aplica a la información brindada en los reportes diarios sobre los contagios serviría para mermar la circulación de personas y por ende del virus. El saber no ocupa lugar.