Casas y cosas de la Salta de antaño: así se vivía el carnaval

LETRERO DE 'CARNABAL' EN EL CHAÑARCITO DE CERRILLOS, AÑO 1971 - Foto Noticias Iruya

Un memorioso ciudadano salteño evoca uno de los eventos más significativos de la cultura en la región norte del país: la celebración del carnaval. Cómo y dónde se realizaban y qué carpas estaban abiertas.

Por El Viajante*

¡Hola mis amigos!, luego de unas prolongadas vacaciones, volvemos con ustedes para tenerlos al tanto de todo lo que acontece en el mundo político, y voy a aprovechar la ocasión para colarme en sus líneas para que juntos podamos revivir viejos tiempos de nuestra querida ciudad, y aunque un poco tarde trataremos de revivir los últimos ecos que nos dejó el carnaval.

Hoy, con nuestra imaginación recorreremos en el tiempo, que corre y no perdona, para ubicarnos en las esperadas fiestas carnestolendas, reviviremos a través de estas líneas toda la dulzura y alegría que aloja en nosotros el carnaval.

Allá por los años cincuenta los ansiados corsos se realizaban alrededor de nuestra legendaria Plaza 9 de Julio, comenzaba la sana alegría a las 22 horas cuando las bombas de estruendo daban por iniciado el ansiado desfile que finalizaba a las 24 con el estruendo de los fuegos de artificio.

Generalmente el comienzo de este desfile lo efectuaban los recordados coches de plaza que engalanados con vistosas flores transportaban bellas mozas luciendo coloridos disfraces, acompañadas de jóvenes que vestían elegantes atuendos confeccionados para la ocasión, seguían luego el paso de las conocidas comparsas, donde podemos citar entre ellas Los Puelches y Los Tobas que arrancaban el aplauso de la numerosa concurrencia que se apiñaba alrededor de las cuatro cuadras que bordeaban el principal paseo de nuestra ciudad. Despertaba la risa de toda la concurrencia los desopilantes disfraces individuales como Carlitos Chaplín, domador de suegras, el Arquelín o el «Payaso loco» entre muchos otros. No podemos olvidar el humor de las murgas como la Vaca Aurora, los Piratas del Balneario, las Mis Mundo, sólo por citar algunas. Complementaban este paseo de alegría vistozas carrozas. Era el tiempo en que el corso se jugaba con los tradicionales pomos de plomo marca «Bella Porteña» que arrojaban agua perfumada, los consabidos lanza perfumes, el papel picado y la inolvidable serpentina. Con el tiempo, los escenarios se fueron cambiando y se trasladaron a lugares como Avenida Yrigoyen, Virrey Toledo, San Martín al 1.100, Avenida Belgrano, estadio de Gimnasia y Tiro, hasta los actuales.

Era costumbre de la época concurrir a divertirse a carpas conocidas donde se servían comidas regionales y se danzaba con conjuntos folklóricos. La mayoría de ellas se encontraban en Cerrillos y aún se mantiene esta tradición y los horarios eran desde las 14 a 22. Otras perseguían la diversión hasta bien entrada la madrugada: La Albaqueña, La Miea, El Chañarcito, la Cerrillana, eran nombres de algunas de las carpas, aunque existían muchas otras como en las localidades de La Merced, Campo Quijano, Rosario de Lerma o Chicoana.

En cuanto a la diversión bailable en la ciudad la misma se centraba en clubes que ofrecían una variada programación de orquestas bailables con figuras de nivel nacional. Las instituciones que ofrecían estos espectáculos eran Club Gimnasia y Tiro, Rivadavia, el Centro Argentino, Sociedad Española, Peña Española, existían también locales bailables de corte netamente regionales como lo eran Recreo El Patito o la carpa de don Jaime Capó.

Y así transcurría diariamente la diversión carnavalera en la ciudad de Salta. No nos olvidaremos del juego con agua entre las 14 y 18 horas, respetado el horario rigurosamente en esos tiempos, donde los changos y chicas se trenzaban en feroz guerra acuática utilizando cualquier elemento que pudiera retener el líquido elemento. Mis amigos, concluimos así esta rememoración carnavalera de antaño. Les dejo de regalo un anuncio del año 1958. Yo me marcho con mi copla y mi vino manso en busca del amanecer, para preguntarle por qué me regaló lo que nunca busqué.

*El artículo fue publicado originalmente el 13 de marzo de 2004 en el Semanario Redacción.

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