Carlos Mesa o Luis Arce, el «Braden o Perón» de Bolivia

Si bien Mesa se pinta como la liberación de la tiranía, es el candidato de los Estados Unidos. Como en la Argentina con el General, el imperialismo norteamericano busca erradicar un gobierno nacional-popular e indigenista.

Por Carlos Córdoba

A casi un año del Golpe de Estado que derrocó a Evo Morales Ayma, el cual fue coordinado por los sectores económicos más pudientes y la oposición política bajo tutela de los Estados Unidos, el pueblo boliviano irá a las urnas para recuperar el Estado de Derecho.

La elección en el país andino podría ser un fiel reflejo de la consigna «Braden o Perón» que se gestó en la Argentina a mediados del siglo pasado, cuando Juan Domingo Perón fuera electo Presidente de la Nación, tras la multitudinaria convocatoria del Pueblo sublevado que logró su liberación un 17 de octubre de 1945.

Por aquel entonces, el embajador yanqui Spruille Braden aglutinó a la Unión Cívica Radical, al Partido Demócrata Socialista y al Partido Comunista, entre otros, para conformar la Unión Democrática y, así, evitar el ascenso del General Perón al poder. También participaron emporios económicos como la Sociedad Rural Argentina, la Unión Industrial o la Bolsa de Comercio.

Esta vez el Estado Plurinacional de Bolivia se mide entre Carlos Mesa, el candidato de Estados Unidos, y Luis Catacora Arce, el candidato del Movimiento al Socialismo. Es cierto que hay otras candidaturas, pero la mayoría de los votos conforman esta polarización, con el exministro de Economía como el favorito en la intención de votos.
La comparación puede ser odiosa, pero no por ello menos cierta. El derrocamiento al gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera adquirió un ropaje «democrático» pero detrás de ese velo se escondieron los intereses foráneos por los recursos naturales, principalmente el litio, con la Organización de Estados Americanos como principal actor desestabilizador.
El MAS logró construir una política soberana, pudo independizarse económicamente y la justicia social se hizo en pleno con la movilidad social ascendente tras años de neoliberalismo empobrecedor. Casualidad o no, los tres pilares del peronismo argentino fueron réplica en la Bolivia previo al Golpe.
Por su parte, Meza, además de expresidente, es el delfín del imperialismo norteamericano para erradicar al movimiento nacional-popular indigenista. Antes de su candidatura cumplió tareas en Diálogo Interamericano, un centro de estudio en Washington financiado por la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos.
Un mensaje de los vínculos entre Meza y los Estados Unidos fue la dimisión de la dictadora Jeanine Áñez a su candidatura, tras corroborar que no tenía el apoyo en las urnas. Es decir, buscaron no dispersar el voto con el único objetivo de evitar la continuidad del MAS.
El pueblo boliviano tiene en sus manos la potestad para ratificar un gobierno que represente los intereses nacionales o bien uno que sea tutelado por el imperialismo norteamericano. En Argentina ya pasamos por esa situación y los millones de votos que el peronismo cosecha en las urnas elección tras elección es una muestra cabal del rumbo que tomó el país al elegir a Perón como Presidente y no a la dupla Tamborini-Mosca que impuso los EEUU y sus ejecutores locales.
De hecho, Bolivia corre con ventaja: tuvo una década de un crecimiento sostenible e inclusivo cuando Catacora Arce comandó el Ministerio de Economía y los ejemplos destituyentes de la región, con el lawfare como instrumento.
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