Aráoz la quiere despalillada: Polémica por destino de 1.440 KG de Coca

Pulleiro regaló la hoja ancestral a todos, menos a quienes correspondía: las comunidades indígenas. Los Gauchos Tradicionalistas desconocen la cantidad y se quejan por la calidad. Los pueblos originarios del Chaco Salteño, ni en la fila.

Por Carlos Córdoba

Nunca antes la hoja de coca fue tan preciada como en épocas de pandemia. El cierre de fronteras trajo escasez y con la escasez vino el alza de precios. Un cuarto llegó a valer lo que vale hoy un kilo, alrededor de 6 mil pesos (la “común”, no la “seleccionada”). Remiseros y taxistas, camioneros, albañiles, ruralistas… muchos son los que debieron dejar de coquear porque se volvió un privilegio.

Y como bien se sabe, las familias tradicionalistas se resisten a renunciar a sus privilegios. No comulgan con la justa redistribución de los recursos. Allí estuvo el ministro de Seguridad, coronel Juan Manuel Pulleiro, para cumplir las demandas de tal sector. Fue así que se “corrigió” el significado de la decisión que tomó el Ministerio Público Fiscal de la Nación de proveer las hojas de coca incautada en los operativos de las fuerzas a las comunidades indígenas y trabajadores que pudieren apunarse.

Si el espíritu de la decisión de los fiscales federales Federico Zurueta (Jujuy) y Eduardo Villalba (Salta) y del titular de la Procuraduría de la Narcocriminalidad, Dieglo Iglesias, era asistir a quienes coquean por necesidad y por cultura ancestral, en Salta se terminó repartiendo de forma discrecional. Incluso habría un corrimiento del mandato legal acerca de sus destinatarios.

A principios de semana BUUFO reveló que la Agencia Antidrogas, a cargo de Ignacio Berón de Astrada, regaló unos 560 kilos de coca a la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes, otros 260 kg al hospital de Salud Mental Dr. Miguel Ragone, unos 340 kg a Fabián Saúl del Pueblo Diaguita y finalmente unos 600 kilos a Pedro De Los Ríos de la «Fundación Vicuñita».

La noticia corrió como reguero de pólvora. Son los datos que informó Berón de Astrada, quien llegó a su puesto porque tendría familiaridad con Pulleiro, los que hablan de bultos de a 20 kilos. No es un cálculo caprichoso. Al contrario, lo dice el informe oficial. «Luego de obtenido el resultado de laboratorio de la mercadería que se hallaba apta para consumo, se procedió a la rápida distribución en idénticos bultos a los recibidos (de aprox. 20 kilos) por no contar este Agencia Antidrogas» con balanzas ni bolsas para fraccionar.

Además, huelga decir que no informaron la entrega de 836 kilos- número ficticio adoptado para comprar de forma “similar” al cargamento de Jujuy- sino de 1.440 kilos que fueron secuestrados en todo el 2020.

En una serie de declaraciones a distintos medios, los receptores de la hoja sagrada que figuran en el informe de 4 páginas que presentó la cartera Seguridad ante la Cámara de Senadores desconocieron la cantidad real aludida y hablaron de que la calidad no era buena, pese a que supuestamente se realizaron controles bromatológicos.

Datos de la Agencia Antidrogas presentado a la Cámara de Senadores

Desandemos las opiniones.

Francisco Aráoz, presidente la Agrupación Tradicionalista de Gauchos, dijo que las hojas que le dieron estaban amarillentas y secas, proceso que le quitó humedad y deslizó que se repartió equitativamente a los fortines que integran la institución. En FM Capital, Aráoz explicó que hicieron un listado pormenorizado entre los fortines afiliados y que quemaron lo que no estaba en condiciones. Pero más allá de los pormenores, ¿debían recibirla? Como sea, ya lo hicieron.

Puertas adentro del gauchaje hay fuertes rumores de que la coca de mejor calidad habría sido distribuida en sobremesas de buenos asados celebrados en barrios privados y no para hombres y mujeres del interior profundo, quizás los más representativos del horizonte político e ideológico del mártir patrio Martín Miguel de Güemes. 

Asimismo, Fabián Saúl del Pueblo Nación Diaguita dijo que mientras corrían las noticias sobre repartición de las hojas de coca, las comunidades seguían con las manos vacías. Fue así que pidieron formalmente ser parte de la política de distribución “para que la coca llegue a los hermanos”.

En diálogo con el programa Sapo de Otro Pozo (FM Noticias 88.1), Fabián precisó que las comunidades hicieron saber la intención de involucrar al Instituto Provincial de Pueblos Indígenas (IPPIS) con el objetivo de lograr una justa distribución. Pero finalmente le dieron “lo que quedó”, bultos que difieren tangencialmente del peso informado oficialmente y que la calidad “era una vergüenza”. “No se actuó con transparencia”, espetó, y precisó que no recibieron más de 47 kilos, de los cuales gran parte tuvo que ser descartada por no estar en condiciones de consumo.

Por su parte, Fernando Acuña del Hospital Miguel Ragone también dijo haber recibido la hoja de coca. El médico confirmó en Aries que pudo distribuir a las personas alojadas en esa institución unos 17 bultos. Si bien es cierto que la decisión judicial que avaló al Gobierno repartir la coca no incluyó a estos pacientes, nadie podría desconocer que el coqueo en ese hospital es algo común y para muchos una necesidad.

En tanto que Pedro De Los Ríos confirmó que recibió la hoja de coca pero sólo como intermediario. Según confió en Aries, el hombre enfilado en el romerismo dijo que ofició de flete para las comunidades originarias de San Antonio de los Cobres, a quienes les llevó el cargamento. El presidente de la Fundación Vicuñita afirmó que recibió 22 bultos en total (no 30, como dice el informe) y dijo que tiene actas para respaldar su versión, a la que puso énfasis cuando desconoció el peso al cual hizo referencia la Agencia Antidrogas.

Juan Manuel Pulleiro cuando era Coronel del Ejército junto a Francisco Aráoz y Juan Manuel Urtubey

Así las cosas, todos los receptores que figuran en el informe presentado por el ministro Pulleiro coincidieron en que no recibieron la cantidad o el peso de lo aludido en forma estimativa, ya que dijeron que no cuentan con una balanza. También indicaron que el producto no estaba en condiciones de ser consumido, a pesar de que supuestamente hubo un control bromatológico que avaló su distribución.

Las sospechas de que las hojas de mejor calidad distribuidas por el Gobierno quedaron para los propios, incluso con versiones que ponen a un selecto Club ubicado a los pies del Monumento a Güemes como destinatario, son cada vez más. Cuando el sol se imponga en el abra de los cerros, los gauchos tradicionalistas sabrán si la coca repartida servirá para lograr futuras gestiones.

Será cuestión de analizar las “casualidades” de que mucha de la coca distribuida estaba fea, vieja, podrida, amarillenta. Por supuesto que no todo lo incautado estaba en esas condiciones. A las huestes del senador Guillermo Durand Cornejo parece que no llegó. En el caso de la entidad ubicada en calle Uruguay, piden mejor calidad. Aráoz la quiere despalillada.

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