A 66 años del bombardeo a Plaza de Mayo para derrocar y matar a Perón

Se trata del peor ataque terrorista de la historia argentina. Fue protagonizado por militares antidemocráticos, la Iglesia Católica y empresarios que estaban en contra de la ampliación de derechos laborales.

En la mañana del 16 de junio de 1955 el presidente Juan Domingo Perón fue advertido por funcionarios de inteligencia que se había planeado un ataque contra la Casa de Gobierno y contra su persona, razón por la cual acepta trasladarse al Ministerio de Guerra.

Horas más tarde, pasado el mediodía, aviones de la Aviación Naval que llevaban pintadas en sus colas una «V» y una cruz que señalaban «Cristo Vence» lanzaron en total 29 bombas en Plaza de Mayo y en la Casa Rosada que dejaron más de 350 muertos y 2.000 heridos.

Luego de las primeras bombas, la CGT convocó a una manifestación en la Plaza para defender a Perón y su gobierno constitucional, a pesar de los intentos del Jefe de Estado para no agrupar personas habida cuenta la posibilidad de nuevos ataques. Y así fue: una nueva oleada de aviones arrojó otra carga de explosivos sobre la multitud.

El objetivo del alzamiento antidemocrático era matar a Perón, quien venía de triunfar holgadamente en las elecciones generales celebradas meses antes con el 62,54% de los votos, y con ello enterrar un movimiento político caracterizado por las conquistas en favor de la mayoría de la sociedad.

Así, la avanzada conservadora que estaba compuesta por grupos de las FFAA– con rol protagónico de la Marina-, la cúpula de la Iglesia Católica, la Sociedad Rural y otros grandes empresarios marcaba a fuego, sangre y traición el odio oligárquico contra el peronismo.

Se había concretado el peor ataque terrorista de la historia argentina. Entre los militares que participaron del levantamiento figuraba Eduardo Emilio Massera, quien más adelante, en marzo de 1976, integraría la Junta Militar que perpetró el genocidio hasta diciembre de 1983.

Cabe recordar que en el año 1955 los trabajadores percibían el 53% de participación en el PBI, una cifra altamente reconocida en América Latina que no caía bien en ciertos empresarios que veían un avance en la conquista de derechos laborales.

Asimismo, el oficialismo se había enfrentado a la Iglesia tras el impulso a la ley de divorcio y la supresión de la enseñanza religiosa en escuelas públicas. Tanto fue así que semanas antes miles de fieles católicos se movilizaron a Plaza de Mayo para celebrar el «Corpus Christi«, un hecho que es considerado la antesala del Golpe.

El contexto hablaba por sí sólo y los militares antidemocráticos concretaron el bombardeo. Más tarde, fracasado el golpe gracias a miles de ciudadanos que se plantaron en defensa del Gobierno, los atacantes huyeron a Uruguay, donde consiguieron el asilo político del entonces presidente Luis Batlle.

En horas de la noche, Perón anunció un discurso pacificador e instruyó la conformación de un consejo de guerra para juzgar el rol de los golpistas. Y si bien se concluyó con las responsabilidades de las cabezas del alzamiento, la violencia de parte de estos sectores conservadores se agravó.

Los enfrentamientos se prolongaron hasta el 16 de septiembre, cuando en Córdoba se levanta el General Lonardi y tres días después, el 19, Perón decide dejar la Presidencia partir al exilio. Un exilio que duraría casi 18 años.

De esa manera, la autodenominada Revolución Libertadora usurpaba el poder constitucional para luego proscribir al peronismo e inaugurar una feroz represión y persecución hacia trabajadores adherentes.

Durante ese período golpista también se suscribió por primera vez un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se devaluó la moneda nacional para favorecer los intereses de las patronales agropecuarias.

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