¡Yo no Colaboro, ni me Rindo!

Entre 1976 y 1983 se ejecutó en nuestro país la más sangrienta dictadura que se llevó la vida de 30.000 militantes, las mujeres llevaban la doble afrenta: ser mujeres y revolucionarias.

Por Naty Fernández

Fue un 24 de Marzo de 1976 cuando las fuerzas armadas, encabezadas por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, tomaron el poder en nuestro país, deponiendo así a la presidenta Maria Estela Martinez de Perón.

Los crímenes y vejaciones ejecutadas por las FFAA ya no son un secreto, sin embargo, aquellas que se ejecutaron especialmente sobre las mujeres y la comunidad LGBTTTIQ, aún hoy, siguen invisibilizadas.

El 24 de Marzo de 2004, Néstor Kirchner bajó el cuadro de Videla y Bignone de una las galerías del colegio militar, ese mismo día Mirtha Legrand invitaba a almorzar a Miriam Lewin (detenida-desaparecida y torturada por la dictadura cívico-militar-eclesiástica) y hacía la perniciosa pregunta “¿Es verdad que vos salías con el Tigre Acosta?”.

Esta pregunta, que puede resultar bastante inocente, entrampa la realidad por la que atravesaron las mujeres detenidas-desaparecidas durante la dictadura. Deja entrever que ellas, víctimas de las constantes torturas (que incluían la violencia sexual), tenían alguna influencia sobre sus verdugos, el famoso mito del poder que tienen las mujeres sobre los hombres.

El Tigre Acosta, y muchos otros, utilizaron la potestad que tenían sobre sus vidas para pasearse por restaurante o boliches de moda, exponiendolas de esta manera frente a sus familias y compañeros de militancia ¿Cómo harían ellas para demostrar que no existía de su parte la voluntad de estar con los asesinos de sus compañeros de vida o militancia?¿Sería posible creerles que no estaban filtrando información de las organizaciones de forma voluntaria?

Está claro que las salidas con detenidas-desaparecidas, formaba parte del plan macabro de tortura, exponerlas de esa manera hacia el afuera y obligarlas a estar con ellos, reflejaba la violencia extra, si es que se puede medir, que tenían que soportar: violaciones sistemáticas, paseos con sus captores.

Ser mujer y ser militante, siempre representó esa doble aberración, ¿cómo es posible que haya mujeres que renuncian a su femineidad y luchan por cambiar el mundo en el que viven? Muchas de ellas buscaban construir nuevas formas de relacionarse con los hombres, alejadas de la posición que el sistema capitalista impuso- impone- históricamente: fue esa revelación, tal emancipación y gesta de empoderamiento lo que desató una brutalidad implacable sobre sus cuerpos y mentes.

A pesar de los testimonios que aseguran que las violaban sistemáticamente, (10, 15, 20 veces por día o cada media hora), hubo que esperar hasta el 2010 para que estos actos fuesen considerados como crímenes de lesa humanidad.

El cuerpo de las mujeres, históricamente, ha sido un campo de batalla, indudablemente representado durante el terrorismo de estado, donde la violencia contra las mujeres no sólo buscaba quebrar el espíritu de las que luchaban por un mundo mejor, sino el de sus compañeros, quienes eran obligados a presenciar tales vejaciones.

Aún así, nos queda la voz de ellas resumida en el “¡Yo no colaboro, ni me rindo!” de “la gaviota”. Norma Arrostito luchó y resistió por ella, por sus ideales, por sus compañeras, y por nosotras. Porque fueron ellas, junto a las abuelas y madres de plaza de mayo quienes le plantaron cara al período más oscuro de nuestra historia, pusieron el cuerpo y germinaron la semilla que hoy mueve a miles de mujeres a rebelarse contra la violencia cotidiana en la que vivimos. 30.000 compañeros y compañeras desaparecidos PRESENTES.

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