Visita policial, falta de WiFi y paranoia vecinal: así es la vida de repatriados en Salta

Un salteño que regresó desde Córdoba relata el día a día de su alojamiento en el Hotel Buenos Aires, en la capital provincial.

Sábado 17/05. Hotel Buenos Aires, Ciudad de Salta.

Me cuesta comenzar a escribir porque hoy fue un día de locos, pero les contaré todo de manera cronológica. Pensaba que nos iban a despertar temprano para tomarnos la temperatura pero no fue así. Pasadas las 9hs. nos trajeron un desayuno que consistía en un pan, un vasito descartable y un saquito de mate cocido. Mi compañero de habitación lo recibió, yo sólo quería seguir durmiendo. Ayer me quedé escribiendo hasta tarde, y el cansancio acumulado, sumado a la tensión de estos días se hizo notar en el cuerpo. A eso de las 11 nos trajeron una bolsita nutricional con una manzana, dos chupetines, un fulbito de maní y un turrón. Al mediodía nos trajeron frangollo con puré para almorzar y el medio litro habitual de agua. Si tenemos más sed bebemos de la canilla del baño. Por lo menos algunos tenemos pavas eléctricas para hervir el agua.

Las crónicas anteriores:

Entre los huéspedes nos compartimos lo que el Gobierno no nos garantiza como por ejemplo shampoo, pasta de diente, o nos pasamos los termos para que quienes tienen pava calienten agua para los que no tienen. A veces se escucha algún que otro instrumento o alguna que otra canción que suena entre los huéspedes y ameniza un poco estas horas amargas.

Por momentos el hotel parece estar vacío y los pasajeros salimos al patio interno a respirar aire fresco y sentir el sol en la cara. Debido a que el gobierno no dispone aún de un protocolo de salidas, somos nosotros mismos quienes tenemos que auto-organizarnos. Ayer olvidé de denunciar que uno de los pasajeros está en una habitación sin ventanas y con un baño sin ventilación. Sólo tiene un pequeño ventiluz atrás del televisor. Increíblemente el pasajero se lo toma con humor pero el hecho es gravísimo. En dichas condiciones, imaginen si no será necesario tener un lugar al que poder salir a respirar aire fresco. Me dediqué un tiempo a la hotelería durante la intendencia de Gustavo Sáenz y recuerdo las dificultades que acarreaban las habilitaciones. No me explico como una habitación sin ventanas puede estar habilitada en un hotel.

Allí estábamos algunos cuando de repente sentimos entrar a un grupo de personas. A varios huéspedes se les transfigura el rostro y cuando me doy media vuelta observo lo increíble: entre 5 o 6 policías con chaleco antibalas, escudos antidisturbios, y cañones de escopetas ingresaban en fila al interior del hotel. Al entrar se los escuchó decir: “ah, son todos pendejos”, como si la edad de los reclusos tuviera algo que ver con el trato que deben recibir por parte del personal policial. ¿Dije reclusos? Perdón, me traicionó el inconsciente. 

La voz de mando era la del comisario Burgos, como él mismo se presentó. No sabemos por qué motivo obligaron a salir hacia los pasillos a los pasajeros de tres o cuatro habitaciones, todas lindantes a la mía. Un pasajero del primer piso denunció luego que uno de los policías lo instó a salir de la habitación o de lo contrario él lo haría salir por la fuerza. Recibimos amenazas del comisario que constantemente hacía alusión al “fiscal”, remarcando que si era necesario iban a hacer la consulta con él para llevarnos a “otro lugar”. Hay filmaciones y grabaciones de todo lo acontecido. 

Al retirarse, me autorizaron junto a otros dos pasajeros a salir de la habitación para ir a hablar hacia la recepción del hotel, en representación del grupo. Allí, además del personal policial recientemente ingresado, se encontraba el jefe de seguridad a cargo del hotel quien hablaba por teléfono en altavoz con su superior y recibía órdenes de arrestar a todo aquél que no acatara su voluntad. A dicha sala ingresaron también dos personas del Ministerio de Desarrollo Social con el objetivo de frenar el avasallamiento policial.

Aparentemente desde el viernes a las 17hs., Daniel López y Mabel Cabrera, trabajadores de la cartera que conduce Verónica Figueroa, habían sido designados a cargo de nuestro hotel para coordinar nuestros reclamos y mejorar nuestras condiciones actuales. Sin embargo, ni siquiera ellos tenían permiso para ingresar por lo que desde adentro muchos no sabíamos de su labor, hasta que se nos presentaron en la recepción.

Luego de solucionar la controversia policial nos comentaron que ellos habían estado casi todo el tiempo en las puertas del hotel y que se encontraban comprando algunas cosas en el kiosco cuando el personal policial aprovechó para ingresar. ¿El motivo por el que ingresaron? Los vecinos hicieron denuncias porque, ante la paranoia generalizada, no están de acuerdo con que nos alojemos aquí. Hace más de dos meses que venimos escuchando que es necesario mantener una distancia de metro y medio, ¿Acaso los ignorantes vecinos creerán que el virus (en el caso que alguien aquí lo porte) saltará la tapia en busca de sus fosas nasales?

Desde que llegamos venimos escuchando discursos en los que nos incitan a entender a las pobres autoridades que están desbordadas ante la situación, los pobres policías y enfermeros que ponen en riesgo su salud, los pobres vecinos que tienen miedo y la pobre sociedad salteña que está alarmada ante nuestro regreso. Mi pregunta es: ¿No es lo suficientemente dramática nuestra situación como para que empiecen a preocuparse por nosotros de una vez? Hoy el comisario Burgos me dijo textualmente que tenemos que dar gracias que volvimos a la provincia. Parece que no se enteró que es nuestro derecho regresar. Fuimos engañados como niños y ahora con el diario del lunes no hay ni uno de nosotros que no hubiese preferido quedarse en Córdoba.

Mabel y Daniel consiguieron que nos instalen un dispenser por lo que ahora podemos solicitar que nos acerquen agua si se nos acaba el medio litro por comida, tanto fría como caliente. El wifi aún brilla por su ausencia. Hoy un profesional tenía que dar una clase virtual, se acercó a la recepción a solicitar permiso para dictar la clase desde allí que es el único lugar en el que aparentemente hay una señal disponible y no se lo permitieron. Utilizó los datos de su celular pero no le alcanzaron y la clase se le cortó antes de terminar. No estaba muy contento al no poder cobrar por su trabajo.

Nos trajeron la cena, otra vez pollo. De cuatro comidas, tres fueron pollo. Creatividad cero y el pollo de oferta. Si sos vegetariano o celíaco te comés el revoque de las paredes.

Pasadas las 21hs., recién a la tercera noche de encierro se dignó a venir alguien del gobierno provincial a dar la cara. Esteban Carral, Secretario de Tierras y Bienes del Estado, se presentó habitación por habitación para transmitirnos que a partir de ahora nadie puede salir de las mismas y que toma el compromiso a trabajar para que podamos salir por turnos pero que hasta que no exista una resolución oficial no podríamos hacerlo. Ya vamos casi dos meses de cuarentena general, y aquí por el tercer día en el hotel ¿Aún no contemplaron algo tan básico y simple como eso? ¿Qué hacen cuando se juntan a “idear” el protocolo? ¿Juegan a las cartas? 

Texto: Gastón Acuña

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