Sugestivo: sin pasar por Salta, Alberto Fernández visitó Santiago del Estero y Tucumán

El Presidente recorrió las provincias del norte, pero no así las gobernadas por la oposición como Salta y Jujuy. Esto, al calor de cruces en el escenario político nacional y provincial.

Por Carlos Córdoba

Alberto Fernández visitó esta semana Santiago del Estero y Tucumán, en el primer viaje de un recorrido por el interior del país que hará por primera vez desde el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio para evitar la propagación del nuevo coronavirus Sars-Cov-2.

En ambas provincias, el Presidente recorrió hospitales, empresas y plantas donde se desarrollan obras, acompañado de los ministros del Interior y de Obras Públicas, Eduardo “Wado” de Pedro y Gabriel Katopodis, respectivamente.

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La insistencia en no realizar actos políticos que concentren muchas personas es un mensaje que diferencia a la Argentina con Brasil: el presidente carioca Jair Bolsonaro viola medidas sanitarias mundiales al calor del crecimiento exponencial de los casos de infectados y de muertes, a punto tal que se podría convertir en el foco de la pandemia.

Sin embargo, la elección de esas provincias por parte de Alberto Fernández podría sugerir que son señales propias de un escenario político en el cual afloran las diferencias y las piezas se reacomodan a lo largo y ancho del país.

El Jefe de Estado arribó al norte argentino pero no puso en agenda a dos provincias cercanas entre las escogidas, que casualmente son gobernadas por la oposición: Gustavo Sáenz en Salta y Gerardo Morales en Jujuy.

Fernández encabezó la gestión de gobierno evitando lo máximo posible los cruces con la oposición para poder demostrar una imagen unificada y sólida al frente de la gestión de la pandemia y a la renegociación de la deuda externa contraída por Cambiemos. La cintura política y la ampliación al diálogo, incorporando a líderes cambiemitas en la foto, tuvo resultados positivos: la imagen presidencial es altamente positiva y el plazo para negociar con los acreedores privados se extendió.

Pero con el correr de los días se hizo inevitable para muchos dejar de lado las diferencias, incluso en declaraciones a los medios. Las críticas al gobernador porteño Horacio Rodríguez Larreta por la apertura de ciertas actividades pese al crecimiento de casos por Covid-19 y la situación de los barrios populares no pudieron ser repelidas y salieron a flote.

Es cierto que el propio gobernador bonaerense Axel Kicillof señaló al término de una reunión con Fernández y Larreta que no hay diferencias políticas sino sanitarias y epidemiológicas. Como también es cierto que la gestión Larreta despertó el malestar de varios intendentes bonaerenses que advirtieron las consecuencias de la flexibilización en la Ciudad de Buenos Aires y de las organizaciones sociales que claman por servicios públicos básicos para la vida y para evitar el contagio, viendo fallecer a sus vecinos. El caso de Ramona Medina estalló en las manos y develó el abandono de la gestión de la CABA, en manos del PRO desde 2007.

Mientras se intentan apaciguar las relaciones, al menos para el “afuera”, Alberto Fernández se mostró con los gobernadores Gerardo Zamora y Juan Manzur en terrenos donde la situación sanitaria muestra cifras alentadoras para santiagueños y tucumanos. No obstante, en Salta y Jujuy los números de contagio también reflejan una imagen auspiciosa, aunque no hayan sido elegidas en el recorrido presidencial.

Escenario local

De momento, en el escenario salteño ha habido ciertas noticias a tener en cuenta para comprender los movimientos telúricos de los representantes políticos. Por caso, los crecientes chispazos del Frente de Todos y el oficialismo tanto en el Poder Legislativo como en el Ejecutivo.

En la Cámara de Diputados, por ejemplo, el titular del bloque kirchnerista Ramón Villa cruzó con al presidente del cuerpo Esteban Amat Lacroix y llegó a decir que preferiría que fuera otro el titular de la cámara. El legislador por Rivadavia le reprochó a la espada del saencismo en Mitre 551 que no deja expresar las ideas y obstaculiza la apertura al diálogo. Amat Lacroix interrumpió constantemente la alocución de Villa y ya son varios los legisladores que apuntan que ha cerrado los canales de discusión con la oposición, entre ellos olmedistas y radicales. Otros directamente refunfuñan por el manejo en sí del cuerpo, el cual lo asemejan a Chano y su vehículo.

Asimismo, el ministro Ricardo Villada le apuntó Sergio Leavy en Twitter cuando el senador nacional dijo en un programa de televisión que la derrota electoral de 2015 se dio por la falta de empatía al no cantar un tema popular, como lo hizo Sáenz en campaña con “rosa rosa”. “No busque descalificar al gobernador y deje de subestimar a los salteños”, le dijo el titular de la cartera Gobierno, Justicia, Trabajo y Derechos Humanos.

Más allá de las escaramuzas verbales en léxicos no muy agraciados, se suscitaron promesas que permiten afinar la interpretación. Una de ellas fue entre Leavy y la intendenta capitalina Bettina Romero, resaltada en una nota del portal Nota de Redacción titulada “La ofrenda irrenunciable” que señala que Leavy ofreció una eventual visita de Fernández a la ciudad para que la jefa comunal sea la anfitriona. El texto, además, resaltó que “con su estilo demasiado cristalino en cuanto al objetivo perseguido”, Leavy sostuvo que no existe diálogo con Sáenz desde hace tiempo.

El cierre de los canales institucionales para la discusión y los giros y promesas entre las variantes políticas son causa y consecuencia: si el oficialismo local no abre diálogo a la oposición (FdT), existirá un vuelco hacia la “otra” oposición que, paradójicamente, llegó por el mismo frente.

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