SOPLAN NUEVOS VIENTOS

El ciclo macrista llegó a su fin, pero no así el acecho neoliberal. Las esperanzas de sepultar un modelo de desigualdad y de reencauzar la historia de millones. Lo que pasó y lo que vendrá.

Por Emiliano Frascaroli / Foto: Agustín Ochoa

Argentina vuelve a respirar.

Después de cuatro años de políticas netamente impopulares en las que primó el saqueo a los sectores más vulnerables y el beneplácito a las corporaciones, el destino del país comienza a reencauzar.

Los CEOs que desembarcaron en el Estado han dejado un batallón de desocupados y un aparato productivo nacional en terapia intensiva.

Pero esa destrucción del estado de bienestar, que combinó meritocracia, fake news, causas truchas y demonización a toda persona afín al kirchnerismo para poder sostenerse, no logró apagar las esperanzas.

Y el pueblo despertó.

Y el modelo de desigualdad,  que le llaman neoliberalismo, enfermó.

En el plano local el macrismo enfermó por la ceguera propia de empresarios con sed de venganza, pseudos tecnócratas que hicieron de sus negocios privados una política de Estado.

Sin dudas que la connivencia del sistema judicial-mediático se encargó de distraer mientras hacían de las suyas y que, de hecho, para llegar orquestaron una estafa electoral donde la mentira jugó de titular.

El pueblo volvió sobre sus pasos y pensó colectivamente. Gran parte de los trabajadores que colaboraron en el triunfo de Macri en 2015 pasaron del sueño del cambio a la somnolencia. Luego transitaron una larga pesadilla. Y finalmente se permitieron volver a soñar.

Al amanecer del domingo muchos razonaron que su pasado más reciente era mucho mejor que el presente en el que vivían, donde no se podía siquiera imaginar futuro.

Sin embargo, falta ganar la batalla cultural. ¿Cómo es posible que ante este desolador escenario el neoliberalismo siga cosechando votos de quienes no se favorecen de sus políticas?

La ventaja podría haber sido mayor. Debería, si se atiende a la frágil situación social que transmite la realidad. Pero se resolvió en primera vuelta, cumpliendo el objetivo central.

Punto aparte.

Las esperanzas que el Frente de Todos supo construir con el rol fundamental de Cristina Kirchner, el paso hacia delante de Alberto Fernández y, por supuesto, la figura central de Axel Kicillof, se materializaron en las urnas ayer.

El triunfo electoral es la consecuencia de la reunificación del peronismo. Cabe decir que en ese trajín mucho tuvo que ver la férrea militancia que volvió a creer en la política con Néstor Kirchner y que despidió a CFK en diciembre de 2015. Esa militancia que se negó a entregar convicciones, a torcer ideales, a entregarse a las garras del oportunismo. Esa misma militancia que salió a las calles soñando colectivamente y se fundió en un abrazo anoche.

Hacia el 10. Será una transición difícil y una gobernabilidad aún más complicada. Los fantasmas desestabilizadores estarán a la orden del día. El imperialismo intentará dinamitar puentes internos buscando la ruptura política.

Argentina necesitará un gobierno que escuche mucho y que tenga cintura para aplacar la crisis económica-social con políticas concretas. Pero también necesitará una ciudadanía comprometida con la paz social, que entienda que de este descalabro no se sale de un día para el otro.

La puja por la distribución de las riquezas, la reconstrucción del tejido social y la reactivación del mercado interno que viene, necesariamente debe atender el flanco de la batalla ideológica.

El Congreso jugará un rol fundamental: allí se deberán cotejar las leyes para reestructurar deuda, para devolverle a los jubilados un sistema previsional con un Estado presente, para reordenar el esquema tributario sectorial, entre tantas.

Para ello, el Estado de Derecho no debe ser nada más que una categoría de definición de las democracias sino también una bandera de ejercicio cotidiano. La participación civil va a ser fundamental para ampliar las bases del país.

Las relaciones internacionales se adecuarán al rumbo geopolítico mundial. La reconstrucción de la Patria Grande será fundamental para engrosar posición ante las economías mundiales. “Liberen a Lula”, anticipó Fernández sobre ello, mientras Evo Morales ratifica liderazgo en Bolivia.

Sin dudas existe un gran desafío como lo es el de crear un paraguas sobre el techo común para evitar comprometer la soberanía política e ir hacia la justicia social y la independencia económica. Para eso, los derechos conquistados y los venideros deberán blindarse con el objetivo de que cualquier giro no permita regresión.

Para que la democracia se fortalezca y se logren sortear los obstáculos de las corporaciones, la llama de la militancia partidaria, social, de derechos humanos, sindical y ciudadana deberá permanecer encendida. Y encender cuantas voluntades se puedan.

Soplan nuevos vientos.

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