Nosotras morimos, a ellos los asesinan

La cobertura amarillista de los medios con respecto a la violencia que se ejerce contra los varones, la invisibilización de la violencia de género y #NadieMenos como bandera.

Por Naty Fernández

Un nuevo femicidio nos golpea, una adolescente de 17 años fue degollada en Orán, con ella son 8 las mujeres que nos fueron arrancadas este año, una cada 10 días.

Días atrás leíamos “Bronca y dolor en el adiós a Nelson, víctima de su mujer” en los grandes titulares que se hicieron eco de la “mujer que asesinó a su pareja”. En la opinión pública no faltaron quienes exigieron que el caso sea considerado como “violencia de género” y aquellos que alegaron que las mujeres “también matan”.

Cuando se trata de ellos la justicia y los medios son implacables, Nancy Quispe, esposa de Nelson Olarte, ya se encuentra detenida, pese que declaró que lo hizo en defensa propia y que el fallecido tenía denuncias por violencia de género, la justicia procedió con total celeridad a imputarla por homicidio, del hospital que solo le recetó ibuprofeno cuando acudió por los dolores nadie dice nada.

Desde los medios la condena fue general, se planteó que ella lo mató, que debía ir presa y que él no podía defenderse por la “ley de género”. Una vez más se cuestionan los mecanismos de protección que tanto nos ha costado a las mujeres conseguir, aún con la ineficacia con la que todavía se ejecutan (desde el 2014, año de declaración de emergencia por violencia género en Salta, han asesinado a 54 mujeres en nuestra provincia).

Del otro lado de la moneda tenemos el caso de Cintia Rodriguez, quien fue degollada el sábado y aún no hay detenciones, o el de Jimena Sala quien fue asesinada de 40 puñaladas y en cuyo caso tampoco “hay pistas”. Nosotras nos morimos, aparecemos muertas y aún así se nos responsabiliza por lo que nos ocurre, a nadie se le ocurrió juzgar a Nelson, sino todo lo contrario, se invisibilizaron las denuncias por violencia de género que tenía y focalizaron en lo buen padre que era a pesar de que “le gustaba tomar”. Nosotras no tenemos esa suerte, cuando nos matan buscan en nuestra vida los justificativos que nos llevan a esa situación, Melina Romero es un ejemplo más que evidente de ello.

#8M y la violencia de género

Hace unas semanas fuimos partícipes del histórico paro internacional de mujeres que se llevó a cabo en más de 50 países. Movilización que tuvo como consigna común el cese de la violencia machista que se cobra la vida de una mujer cada 18hs, solo en Argentina.

Este gran movimiento de mujeres que ha sabido articular la lucha internacional es el reflejo de la necesidad que tenemos como sociedad de cuestionarnos qué es lo que estamos haciendo para que frente a nuestras muertes sigamos siendo juzgadas y culpabilizadas, mientras que sobre la de ellos no nos queda ni la presunción de inocencia.

Se estima que 1 de cada 3 mujeres fueron víctimas de violencia física o sexual, sin embargo todavía seguimos escuchando sobre el fantasma de las “denuncias falsas”, es decir, esas denuncias que las mujeres realizan de forma extorsiva para controlar a sus parejas. Es bastante curioso, por así decirlo, que menos de un 1% de denuncias falsas invisibilicen la catastrófica situación en la que nos encontramos como mujeres, como contracara a esta situación, en nuestro país el 98% de los llamados al 144, en 2015, (línea para asesorar a las mujeres en situación de violencia) dan cuenta de mujeres que han sido víctimas de violencia de género más de una vez.     

Como sociedad hemos avanzado muchísimo sobre la desigualdad de género, pero aún nos queda mucho por hacer. No caben dudas, que este gran movimiento de mujeres, que se encuentra a la vanguardia en la solidaridad internacional, no va a detenerse hasta conseguir la erradicación de todas las violencias a las que nos vemos sometidas a diario solo por ser mujeres.

Como ya lo dijo Eduardo Galeano “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

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