No son delincuentes, Sr. Gobernador: son los nadies excluidos del sistema

Acerca del mensaje de Gustavo Sáenz sobre el cuarto caso positivo de Covid-19 en Salta. ¿Por qué no hubo una cadena en la que tildaran de “delincuente” al abogado y sí a los trabajadores golondrinas?

Por Emiliano Frascaroli

Gobernar con las encuestas en la mano puede ser una estrategia de comunicación en la gestión pública pero no una regla o parámetro que guíe el resto de las acciones. O al menos no puede ser así en épocas de pandemia, donde debe primar la razón. Digo esto porque es lo que, a mí entender, hace el gobernador salteño Gustavo Sáenz, quien adoptó posturas intransigentes probablemente a tono con el humor social. En sus mensajes a la población recurre frecuentemente a Dios y al Señor y la Virgen del Milagro, figuras de la religión católica y patronos de la provincia; apela a lo emocional más que a lo racional para empatizar con la ciudadanía que se ve acechada por un “enemigo invisible”; se muestra en sintonía con el gobierno nacional, pero cuando puede radicaliza posturas, como cuando pidió Estado de sitio.

Cuando escuché el mensaje de este domingo en el que el mandatario puso especial énfasis en el caso de los trabajadores golondrinas que vinieron escondidos al fondo de un colectivo desde Río Negro, cuyo destino era Jujuy, y luego uno dio positivo, me indigné. Me indigné no porque la máxima autoridad provincial lleve un mensaje sobre la situación ante tanta desinformación y preocupación latente, que sería lo correcto, sino más bien por las formas: le apuntó con munición gruesa, en cadena oficial, a unos tipos que tuvieron que abandonar su provincia por la falta de trabajo y que luego, con la emergencia sanitaria, quedaron varados, y la desesperación los llevó a tomar esa decisión, sin mucho margen de decisión.

Sobre el tema: Cosecheros de Salta y Jujuy varados en San Juan: habría dos menores de edad

Sáenz brindó detalles sobre su pueblo de origen, donde seguramente ya saben quiénes son, como es propio en un pueblo donde todos se conocen, abriendo la posibilidad de una reacción social al estilo linchamientos. ¿Si lo hacen con una trabajadora de la salud por qué no podría ocurrir de igual forma en este caso? Esos trabajadores fueron abandonados a su suerte por la empresa que los contrató para la cosecha de frutas; y es más que obvio que no hubo una gestión provincial para coordinar su regreso, como tampoco sucedió con los cosecheros de aceitunas en San Juan que estuvieron abandonados varios días, hacinados en una pieza, expuestos. Ante la falta de gestión, los salteños sucumbieron en el aprovechamiento, miserabilidad, ignorancia o lo que fuere de un chófer y/o dueño de la línea que falsificó el listado y los mandó a guarecerse en el fondo del vehículo para sortear los controles a lo largo de más de 2 mil kilómetros. Y las consecuencias están a la vista: destrato, indignación, preocupación, paranoia, bronca, solidaridad. Las opiniones inundan las redes sociales y se cuelan en discursos clasistas.

¿Por qué cuando se detectó el primer caso positivo de Covid-19 en la provincia no se le dedicó una conferencia de prensa de igual tono como se hizo ahora?

En el primer caso, la persona vino de Europa a Ezeiza, Buenos Aires, y de Ezeiza a Salta, aún después de que el gobierno nacional ordenara la cuarentena obligatoria para quienes arribaran al país desde zonas con alta circulación del virus, el 12 de marzo. En el otro caso, el cuarto positivo, la persona  viajó de Sur a Norte mientras rige una disposición de permiso excepcional para el regreso de personas dentro del país que no tramitó por las razones que invoqué anteriormente- la vulnerabilidad- y derivó en la adulteración de documentos, según denunció el propio gobernador.

¿Cuál es la diferencia de responsabilidades entre uno y otro si la ley rige para todas y todos por igual? En todo caso, ¿no serían delincuentes tanto el abogado como los golondrinas?

Se sabe que el primero es de profesión abogado, se sabe que tiene acceso al poder local, se sabe nombre y apellido que no voy a repetir porque no comulgo con el señalamiento, además de que existen leyes que, aunque pueda haber disidencias, se deben respetar. Se sabe, además, que el trabajador golondrina es de un pueblo del interior, se sabe que la pobreza lo empujó a viajar lejos de su familia para hacerse el mango que no consigue en sus tierras por la histórica injusticia social y económica, y se sabe, ahora, que es enemigo personal de un gobernador que lo señaló en cámara y lo hizo responsable no sólo de posibles contagios sino de la prohibición de ingreso a otros conciudadanos que esperan volver a casa, en colectivo.

La idea no es pedir que se señale también al abogado y se abra un linchamiento. Todo lo contrario. De hecho, en su momento repliqué contra la difusión de la identidad de esa persona porque, entiendo, sería contraproducente. ¿Cómo alguien que se presume infectado va a querer hacerse los análisis después de esto?

Mientras escribo estas líneas una publicación en mi perfil de Facebook suma más de mil setecientas compartidas. Unos coinciden con la mirada y otros, en cambio, la defenestran por considerar que se victimiza a los trabajadores golondrinas, a quienes señalan, al igual que el Gobernador, como delincuentes. En todo caso, sería re-victimizarlos, porque ya fueron excluidos del sistema y, ahora, las autoridades políticas piden a gritos una condena ejemplar por parte del poder judicial, mientras la condena social ya es un hecho. En ese escrito adjunté la foto de Daniel Solano, el joven de Tartagal que viajó a Río Negro en busca de un mejor pasar y que por reclamar por sus derechos fue desaparecido en 2011. Su papá, Gualberto Solano, falleció aún sin encontrar rastros de su hijo. Ahora, la familia del trabajador golondrina espera su recuperación apabullados por el señalamiento de clase que aplicó Sáenz.

No se puede gobernar pensando en el humor social, aplicando un trato selectivo, alentando la bronca y profundizando prejuicios y, mucho menos, tratando de desentenderse de las responsabilidades públicas.

Y no, Sr. Gobernador, no son delincuentes. Son, como dijo Eduardo Galeano, “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada/, Los nadies: los ningunos, los ninguneados; Corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos; rejodidos”.

Facebook Comments