Masacre de Palomitas: el día que hijos y nietos de las víctimas se reencontraron

Al menos tres generaciones construyen memoria por las 11 personas fusiladas de Salta durante la última dictadura cívico-militar en Palomitas. El año pasado familiares vinieron a Salta desde el interior provincial hasta de Santa Fe, Canadá y Noruega.

Por Emiliano Frascaroli*

El 6 de julio de 1976 un grupo de militares fusiló a 12 presos políticos de Salta y uno de Jujuy al costado de la ruta 34, a unos 60 kilómetros de la capital salteña. Aquella jornada se conoce como la Masacre de Palomitas. La noche anterior hubo un apagón del suministro eléctrico en el penal de villa Las Rosas, secuestraron seis hombres y cinco mujeres y los balearon a quemarropa. Los ejecutores del genocidio dijeron que las once personas asesinadas por razones políticas, sindicales y sociales fueron víctimas de un “enfrentamiento”. Sin embargo, la recuperación de la democracia y el avance de las causas dieron cuenta que fue premeditado con el argumento de que los trasladarían a una comisaría de Córdoba.

El reencuentro. La trágica jornada acontecida en medio de los secuestros, la represión ilegal, apropiación de bebés, violaciones y asesinatos que institucionalizó la Junta Militar meses antes fue recordada con la presencia de hijos y nietos que incluso asistieron por primera vez. Entre los presentes se destaca el reencuentro de los hermanos Ávila, hijos de Celia Raquel Leonard y Benjamín Ávila, dos de los fusilados 42 años atrás. Jorge y Pablo vienen con sus hijos desde Canadá y Noruega, respectivamente. Llegaron casi de “sorpresa” y se fundieron en un abrazo con Nora, la hermana de Celia, y con todos los hijos e hijas. Las nietas leyeron unas palabras en el acto; Laila, hija de Pablo, lo hizo en un castellano deletreado que conmovió a los presentes.

Entrevista grupal. Con cigarrillo armado en mano y lentes de sol, Emiliano Nicolai, hijo de Evangelina Botta de Nicolai, dice que está feliz de encontrarse con los familiares de las víctimas aunque interpreta que “el contexto socio-político es un desastre”. Sin embargo, destaca: “cada vez nos acompaña más gente”. A esta apreciación la amplía Jorge, el mayor de los hermanos Ávila: “Me sorprende ver tanta gente joven, esto no se está olvidando”, apunta.

¿Deben ser como 10 años, o no?– se preguntan los Ávila ante la consulta sobre hace cuánto tiempo no están los tres en el monolito que recuerda a los fusilados de Palomitas.

Pablo comenta: “Yo a mis hijos siempre les cuento de los abuelos. Y ellos lo sufren tanto como nosotros lo sufrimos de chicos y como todavía lo seguimos haciendo: qué es la falta, el qué habría pasado, dónde estaríamos, cómo estaríamos”. Son muchas preguntas las que se hacen y los sentimientos que brotan. “Mi hija mayor mucha veces llora porque no tiene a sus abuelos. Lo que nos quitaron no fueron únicamente a nuestros padres sino a un pedazo de la familia muy difícil de reemplazar”, agrega.

Entre bocinas y un viento frío que sopla, los hermanos Ávila y Emiliano Nicolai cuentan a Buufo cómo la viven a la distancia, lo que piensan del gobierno nacional, la situación de las causas judiciales y sus deseos.

 “Por suerte hay muchos lugares donde la militancia y algunos jueces están continuando con los pocos recursos que este gobierno les deja. O sea que esperanzas hay. Lo malo es que este tipo de gobierno vino no sólo para saquear al país económicamente sino también para sacar la memoria y para poner en el lugar donde no les corresponde a los genocidas”, evalúa Daniel. En el mismo sentido, su hermano Jorge destaca la participación de los jóvenes en la construccuón de la memoria.

Por su parte, Nicolai apuntó contra el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio Avruj: “No nos están recibiendo a nosotros. Hay un montón de causas indemnizatorias paralizadas en el país que no se les ha otorgado a las víctimas del terrorismo de Estado todavía. Y se está recibiendo a los familiares de los militares. Una vergüenza”. Esto se concatena con la relación de ciertas personalidades o de sus familiares que tuvieron un rol vinculado a la dictadura cívico-militar y que hoy integran el espacio Cambiemos, como los casos de la diputada Elisa Carrió o el jefe del bloque PRO en Diputados, Nicolás Massot.

La lucha continuada que llevan adelante familiares y organizaciones sociales, gremiales y políticas comprometidas con los derechos humanos permite continuar con las jornadas homenaje, a donde arriban hijos, nietos, hermanos, amigos y militantes de distintas procedencias. Las consignas por Memoria, Verdad y Justicia siguen intactas.

“Para mis hijos es importante porque, como ellos no los tienen a sus abuelos físicamente este es una manera de tenerlos un poco más cerca. Es importante para mis hijos para que la memoria de sus abuelos siga existiendo. Yo creo que los ayudó. Ahora, mi hijo seguramente me va a preguntar un montón de cosas en el auto, cuando volvamos, y bueno ahí yo le voy a seguir contando. Pero por lo menos ya tenemos una vivencia de lo que fueron sus abuelos y de los otros compañeros asesinados en Palomitas” concluye Pablo.

  • Este artículo fue publicado originalmente el 10 de julio de 2018

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