Los modelos de país en fotos: De Brian y su gorra a Chocobar y la pistola

El presidente electo Alberto Fernández recibió al joven discriminado por su vestimenta. Mauricio Macri recibió al policía que mató por la espalda. ¿Cómo se construyen los estereotipos y qué rol tiene la política?

Por Emiliano Frascaroli

“Si tiene gorrita, usa ropa deportiva y escucha cumbia cruzá de vereda porque seguro te roba”. El sentido común hace estragos. No sólo construye una imagen de los otros, sino también de un nosotros.

El caso de Brian Gallo, el joven presidente de mesa discriminado por las redes sociales, es un ejemplo cabal de la estigmatización por condiciones socio-económicas que arrastra un sinfín de prejuicios.

Se le llama aporofobia al rechazo u odio a los pobres y si bien puede ser un sentimiento, algo irracional, también opera el mundo de las razones que trabaja subterráneamente. ¿Qué rol tiene el Estado y cómo juega el contexto?

Los memes de Brian inundaron los celulares de los argentinos en medio de la contienda electoral, se viralizó una imagen construida desde el prejuicio en el que se relaciona al color de piel y la vestimenta a una práctica delictiva.

Se le coloca un rótulo sin siquiera conocer a la persona por el simple hecho de cumplir con ciertos “patrones” y donde juega, también, el sentido de identidad de quien construye o replica el estigma. El hacer de “menos”, el creerse “más”, la indiferencia, la apatía.

La estigmatización no nace “de la nada”, dirían en el barrio. Hay detrás un conjunto de factores: la construcción mediática, las políticas de seguridad, las condiciones económicas y la marginalidad, la exclusión social y el posicionamiento político, entre otros.

Puede que exista una correlación entre el aumento del delito de baja monta o “al boleo” por un celular y el crecimiento de la pobreza. Sin embargo, no podemos generalizar. Por caso, ni los pobres son exclusivamente “chorros”, ni los ricos son exclusivamente personas “de bien”. O más bien ni “los chorros” son necesariamente pobres, ni las personas “de bien” son necesariamente ricas. Son imágenes que se construyen por lo que, en todo caso, deberíamos hablar de responsabilidades políticas y civiles.

Si el meme de Brian se viralizó fue porque todavía existen personas que comparten eso de que el pibe de gorrita y ropa deportiva es propenso a robar. Muchos otros lo hicieron, dicen, sólo para reírse un poco sin saber que haciéndolo en algún sentido avalan la propagación de prejuicios.

Pero cabe tener en cuenta que se trata de un cambio de lógica piramidal. Se subvierte el derecho constitucional a la presunción de inocencia por el derecho neoliberal de presunción de culpabilidad.

La portación de rostro que combina test negra, vestimenta, prácticas, lugares donde se concurre, el barrio en el que se vive derivan en una detención policial, un meme en las redes sociales, un aislamiento, el trato diferente. Es una característica propia de gobiernos donde reina la desigualdad.

Pero el prejuicio contra los Brians comenzó a desarmarse rápidamente. Les salió el tiro por la culata, pongámosle.

Primero su madre, Verónica, lo salió a bancar en las redes, contó su historia, la historia del pibe humilde, su negro; destacó que cumplió con su obligación civil, y aclaró que no es “un chorro” como lo señalaron. “La vestimenta no hace a las personas”, dijo.

Luego se conoció la experiencia de una votante que transmitió su conformidad por el trato de Brian en su rol de Presidente de Mesa en Moreno, Provincia de Buenos Aires. “Me saludó con respeto y estuvo todo el tiempo que yo lo vi, ahí sentadito al lado de la urna ejerciendo su tarea”, sostuvo a Revista y Editorial Sudestada.

Y finalmente se dio un encuentro inesperado que puso negro sobre blanco. El presidente electo Alberto Fernández se reunió con el joven, oportunidad en la que manifestó: “Brian Gallo fue víctima de una discriminación que no es tolerable en la Argentina y con la que espero que podamos terminar de una vez”.

¿Qué cosa que todavía haya que salir a desarmar prejuicios contando cómo sos y qué haces o que alguien más, de forma empática, tenga que tomarse el trabajo de escribir a un medio, no?

La foto de Alberto y Brian construye también una imagen de Gobierno, tal como la de Mauricio Macri, Patricia Bullrich y el policía Luis Chocobar, quien mató a quemarropa y por la espalda a un ladrón.

En el primer caso el mensaje es claro: la ropa no define a las personas y las personas no deben ser víctimas de la construcción del sentido común, de la estigmatización, de la demonización hacia un segmento poblacional con características sociales, culturales, económicas y políticas particulares.

De contraste, el recibimiento en Casa Rosada a un delincuente por parte del Jefe de Estado saliente y su ministra de Seguridad. El mensaje también fue claro: aval a la mano dura, a la represión, al “tiro y después pregunto” y, por supuesto, el fomento a la aporofobia. Las consecuencias están a la vista, y se condensan con las medidas pro-utilización de armas de los efectivos como la habilitación a las Taser o frases como “no vamos a tirar un gendarme por la ventana” o “el pobre para sobrevivir arma un grupo de cumbia”. Supresión del debido proceso propio de un Estado de Derecho y estigmatización.

Ambas posiciones corren por el andén de la construcción de la imagen de gobierno. Lo significativo: una se va y otra ya llegó.

Los que discriminan a Brian son los mismos que creen que las mujeres “se embarazan por un plan”, que la Asignación Universal por Hijo “se va por la canaleta de la droga”, que los que salen a reclamar trabajo “son unos vagos planeros” y que los que cartonean “roban basura” y por eso hay que poner contenedores inaccesibles para los indigentes como en la CABA del PRO.

Cuando se le saca el velo a los prejuicios y aparecen los datos nos damos con que más de la mitad de quienes perciben la AUH tiene sólo un hijo y que el monto echa por tierra las opiniones de que con ello se puede vivir sin trabajar, ya que representaría un tercio del valor de una canasta básica alimentaria.

O que Brian resultó tener y practicar su pertenencia de clase a contramano de un gran porcentaje que aún deambula por las sombras del macrismo.

El rol del Estado y de quienes lo administran es fundamental a la hora de construir o desarmar prejuicios que embarran la cancha y obstaculizan los deseos de generar una sociedad más igualitaria, respetuosa e inclusiva.

A favor: soplan nuevos vientos. Por más Brians y menos Bullrichs.

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