Los ganadores y perdedores del acuerdo Mercosur – Unión Europea

El tratado de libre comercio que definirán los bloques favorece más a unos que a otros. La reaparición del modelo agroexportador de principios del siglo pasado y la tendencia del mercado internacional. ¿Ante que nos encontramos?

Por Emiliano Frascaroli

China y Estados Unidos estallaron una guerra comercial con amenazas de todo tipo que ejemplifican la tendencia del mercado global: el proteccionismo. Al mismo tiempo, las principales economías buscan la colocación de sus productos en nuevos flujos comerciales.

El acuerdo del Mercosur y la Unión Europea celebrado desde Bruselas el viernes pasado confirma lo antedicho: la liberalización confronta con el proteccionismo. Aunque existe una particularidad: los signos políticos de las principales economías sudamericanas- Brasil y Argentina– no resguardan los intereses industriales.

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¿Cuál es el rol de los Estados en la actualidad política? ¿Es compatible un acuerdo de liberalización económica, flexibilización laboral y defensa de los intereses nacionales?

Las relaciones comerciales son un hecho y los países regulan tratados para gravar aranceles a las exportaciones e importaciones de bienes y servicios y, a su vez, adecuar compromisos respecto a temas de interés público, como el cambio climático.

Volver a la Argentina del modelo agroexportador– ser “el granero del mundo”- y de la importación de las manufacturas de principios del siglo veinte. Ésa sería la definición resumida de lo que se pretende hacer en la actualidad: abrirle las puertas a productos del mundo y encerrarnos en la reprimarización de la economía.

Según la Comisión Europea las exportaciones del bloque hacia el Mercosur en 2018 se ubicaron en US$50.800 millones, mientras que las importaciones desde Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay fue de US$48.100 millones.

Entre los países que conforman ambos bloques geopolíticos se estiman unos 770 millones de personas-consumidores que serían afectados por este acuerdo que deben refrendar las naciones parte.

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La principal contraparte de la modificación/eliminación de aranceles en Europa a los productos sudacas es la reducción/eliminación de impuestos a la importación de autos y a piezas de automoción, cuyas tasas en Argentina rondan el 35 y el 18 por ciento, respectivamente.

Esta fiebre importadora es resistida por los sectores industriales que verían una competitividad desleal en medio de una fuerte contracción del mercado interno.

Al mismo tiempo, se pretende la eliminación progresiva de los aranceles al vino (27%), al chocolate (20%) o el whisky (35%) y otras bebidas de origen europeo. Lo mismo ocurrirá con los lácteos, principalmente el queso.

En el sector vitivinícola existen posiciones contrarias sobre el acuerdo puesto que cierto grupo aprueba las negociaciones y otro impugna su ejecución. Es que en Europa sucedería lo mismo con los vinos argentinos o la cachaca brasileña que podrían aumentar su cantidad tras la quita de aranceles.

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El arroz no tendría arancel pero sí un cupo de 60 mil toneladas anuales cuando se cumplan los seis años de la entrada en vigencia del acuerdo; el azúcar encontraría una cuota anual de 180 mil toneladas, sin arancel y desde el primer año; la miel con tope de 45 mil toneladas los primeros cinco años.

Asimismo, el sector farmacéutico sufrirá mayor competencia si se aprueba la baja de aranceles a la importación de medicamentos y/o subproductos que hoy por hoy tienen una tasa del 14 por ciento.

De igual forma con los productos químicos (18%) y para los textiles y calzado (35%). Sobre este último punto, no sólo afectarían notablemente la industria local al sacarle las etapas de elaboración que dan valor agregado a un producto, sino que también se exportaría la materia prima- el cuero, por ejemplo- para que vuelvan al mercado en forma de billetera.

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Por el otro lado, los sectores que celebran el acuerdo provienen principalmente del negocio agro-ganadero. Son los que apuestan a la exportación de granos y las grandes firmas que crían bovinos.

En el primer caso, bien cabe decir que el boom de la soja como commoditie no es el mismo que años atrás, que el mercado asiático consume grandes cantidades y que fueron beneficiados con la quita progresiva de las retenciones. Con respecto al segundo, son los frigoríficos locales quienes resisten a la exportación de carne a Turquía, por poner un ejemplo, ya que afectaría la mano de obra argentina.

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El empresario Gustavo Grobocopatel se encargó de sincerarse al respecto: “Hay sectores de la Argentina que van a reaccionar rápidamente, otros lentamente y otros que no van a reaccionar. Ahí justamente hay que permitir que haya sectores que desaparezcan (…)”, señaló el empresario en declaraciones al programa “Dato sobre dato”, de FM Milenium.

Antes lo había hecho Miguel Etchevehere, titular de Agroindustria y vocero de la Sociedad Rural Argentina: “La carne que nosotros vamos a exportar a precio internacional son los cortes que no tenemos el hábito de comer acá, como el lomo. Exportando a muy buen precio los lomos, que son el 20 por ciento del animal, queda el 80 por ciento a precios más baratos”.

Se dice también que el acuerdo habilitaría a las empresas europeas a participar- con privilegios de por medio- de las licitaciones públicas de los estados parte en lo que refiere a servicios informocomunicacionales o de transporte y obras de infraestructura. Es decir, podrán competir con firmas locales por el dinero público.

Por último, ni el Mercosur ni la Unión Europea podrán utilizar en su etiqueta nombres que hagan referencia a los países de origen, como pueden ser el “jamón de Parma” (o parmesano)- de Italia-, el “champagne”- de Francia- o el “vino Roja”- de España-, en Sudamérica o los “vinos de Mendoza” o la “cachaça” brasileña en Europa.

En este avance de las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea existen ganadores y perdedores en la pugna de la economía global.

Mientras la tendencia internacional del mercado alienta el proteccionismo en algunos países que deciden resguardar sus aparatos productivos, en otros se abren las puertas “al mundo” como si eso no arrastrara pérdida de soberanía, trabajo y postergación de la independencia económica. Es lo que sucede aquí.

Un trabajo titulado “Potenciales impactos económicos en Argentina y Brasil del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea” concluye de la siguiente manera: “(…) es importante profundizar la integración como vía para ampliar las escalas de mercado, fortalecer la autonomía de los bloques y el poder contractual de los países en una estructura de comercio internacional en la cual se multiplican los acuerdos regionales y bilaterales. Sin embargo, esta autonomía y consolidación de la región difícilmente se logre con un socio/bloque comercial con el cual existen tantas asimetrías y donde se reproduce un esquema de tipo centro-periferia; y, sobre todo, es difícil pensar que la vía adecuada sea la del libre comercio, dado que esta agudizaría la especialización comercial y productiva agroexportadora”.

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