Güemes, el político y la figura gaucha que todos intentan apropiarse y pocos imitan

La Guardia bajo las estrellas en el Monumento albergó a propios y extraños. El trasfondo de figuras salteñas que enarbolan ideales opuestos a los del héroe nacional. Un recorrido por la historia con los ojos del presente.

Por Emiliano Frascaroli

En la actualidad es muy difícil socavar el curso de la historia argentina que tuvo como figura central a Don Martín Miguel de Güemes, ése político salteño que enfrentó al poder oligárquico local y repelió el avance de los españoles. Sí, por el contrario, el uso de la figura gaucha nos invita a pensar acerca de sus resignificaciones que, cuanto menos, se nos presentan distorsionadas a razón de quiénes se sirven de ella cada 17 de junio.

Anoche, en la popular Guardia bajo las Estrellas en el Monumento al héroe nacional, se congregaron políticos de distintas extracciones: desde el gobernador Juan Manuel Urtubey hasta el senador guachipeño y dirigente macrista, José Ibarra. También lo celebraron el intendente Gustavo Sáenz, el vicegobernador Miguel Isa, el diputado nacional Andrés Zottos y el diputado provincial Andrés Suriani. Y, por supuesto, la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes, ahora presidida por Francisco Aráoz, como así también otros fortines.

La dirigencia política salteña en el Monumento a Güemes – Foto: Prensa Gustavo Sáenz

¿Qué ideales pregonan los salteños que se apropian de la figura gauchesca? ¿Coinciden si quiera con los del propio Güemes? ¿Quién es quién y por qué calzan el poncho cada 17 de junio? Ensayar respuestas a estas preguntas implicaría un abordaje exhaustivo propio de las representaciones sociales que se recrean y que el Dr. Víctor Arancibia explicó en un artículo replicado por este medio. Por tanto, nos limitaremos a hechos de relevancia política que sean capaces de echar luz en tiempos de oportunismo in fraganti.

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Independencia de cartón

Cuando José Rondeau intentó sabotear el armamento de las tropas salteñas para evitar el crecimiento del modelo político artiguista, Güemes se opuso fervientemente. El conflicto derivó en un acuerdo de no agresión el 22 de marzo de 1816 (Macacha Güemes ofició de mediadora) y dos días después del Congreso de Tucumán- detalla el historiador Felipe Pigna– el electo Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, viajó a Salta. Luego de constatar la capacidad de Güemes optó por ascenderlo al grado de Coronel Mayor. El General José de San Martín apoyó la decisión y así confiaron en el estratega local la defensa del Norte. No se equivocaron.

“Independientemente de las interpretaciones, Güemes cumplió el rol de antemural del naciente país, misión que garantizó con una templanza que lidió contra los embates del español pero también contra sectores del patriciado salto-jujeño”, explicó el historiador y periodista Daniel Ávalos en un documental publicado en el sitio Cuarto.

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¿Y ahora? Es inevitable no remitirnos a la célebre frase del presidente Mauricio Macri a instancias de la visita del Rey de España en 2016, cuando dijo: “Deberían tener angustia de tomar la decisión, mi querido rey, de separarse de España”. Las críticas llovieron, ¡lo hizo el Día de la Independencia! Evidentemente, angustia no hubo, sino más bien sed de construir los pilares de una Patria al servicio de su Pueblo y no atada a intereses extranjeros. Aquélla confesión se tradujo en un paquete de políticas llevadas a cabo por su gestión de una independencia de cartón: el preocupante endeudamiento externo, la renuncia al cuidado de nuestros recursos naturales, la regresión en materia de garantías constitucionales, el federalismo que no fue tal, etcétera.

Gauchos sin memoria

La Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes nos servirá como ejemplo de las contradicciones entre las banderas que levantó el General en el apogeo de la independencia nacional y las posturas políticas contemporáneas. Bien puede uno no estar de acuerdo con las comparaciones que aquí se vierten, aunque no se puede renegar de su arraigo popular, materia compartida hasta por los más conservas.

En 2010, cuando se realizaba el censo nacional, fallecía el ex presidente Néstor Kirchner. La noticia enlutó al país. Como era de esperar, la oligarquía debía contestar. Entonces, Carlos Diez San Millán, quien presidió la agrupación gauchesca mencionada, hizo circular un intento de poema para celebrar la muerte de Kirchner. Se tituló “El pasajero del infierno”, y decía así: “No lo sé, y no es por suerte/ que en el día de este censo,/ el descuento te llegara/ y te borre para siempre de mi suelo/ (…) ¡Basta ya! Y esto se acaba,/ el tiempo malo no es eterno/ lo que ha de ser será,/ y el diablo se ha vuelto p’al averno/ Escuchen el llanto tan sentido/ de algún piquetero revoltoso,/ cuando doña Justicia me lo mande,/ a la cueva de barrotes, como a un oso!”.

Para rematar, Diez San Millán escribió: “El cruel emisario de la hoz/ que acompaña al cruel martillo,/ ha partido al pago del invierno/ y seguro llegado al infierno”.

Las actitudes impopulares de la Agrupación Tradicionalista se mantienen a la fecha. En marzo de 2018 miembros del fortín que preside Francisco Aráoz borraron los pañuelos de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Sus declaraciones exacerbaron el revanchismo de clase. Los símbolos fueron dibujados en el monolito de la Plaza Belgrano, allí donde fue herido Güemes, y borrados por quienes dicen ser herederos de la tradición gauchesca. “Es fachismo puro”, apuntó la referente de derechos humanos Nora Cortiñas. Y los repudios se multiplicaron. Los pañuelos fueron pintados nuevamente por los organismos locales.

Despolitizar es distorsionar la historia

Güemes fue herido en pleno centro salteño, pero su Monumento fue construido en un lugar que, en la época, resultaba alejado a la vida cotidiana. Querían llevar su busto lo más lejos posible, ocultar a ese gaucho y político que se atrevió a cobrar impuestos a la oligarquía local y que buscaba, entre otras cosas, la repartición de tierras. Por eso no le perdonaron su actitud, ni lo harán nunca. Le valió la traición que lo terminó entregando a las fauces de los realistas cuando el coronel José María Valdés, arias “Barbarucho”, colaboró con el enemigo para que finalmente el 7 de junio de 1821 derrotaran a Güemes.

Foto: Twitter @Javiercorbalan / Fotoperiodista

No obstante, sus “herederos” utilizan la figura gauchesca para despolitizar su papel histórico a favor de las causas nacionales-populares. Cualquier caradura se calza el poncho y hace de mártir ante las cámaras, y mejor aún si es año electoral. Es una batalla cultural que las mayorías deben retomar.

Resulta contradictorio, entonces, que figuras como Suriani, Ibarra, Sáenz, Urtubey o Zottos levanten las banderas de Güemes a sabiendas que responden a otros intereses. Ellos forman parte de espacios políticos que no pregonan en la práctica la independencia nacional ni la justicia por la cual bregó Don Martín Miguel. Es justo, sí, encasillar a estos personajes en sus orígenes conservadores, cuya estructura ideológica se encuentra en las antípodas de la de la gesta independentista. Y es ahí donde debe quedar su oportunismo.

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