Golpe de Estado en Bolivia: cacería de dirigentes, racismo y reacción mundial

Quién es el golpista Luis Fernando Camacho. López Obrador ofreció asilo en México y Mauricio Macri permanece en silencio cómplice. La persecución luego de coronar el golpe y el levantamiento de comunidades a favor de Evo. Declaración de Rusia y China, dos actores claves de la geopolítica mundial.

Por Emiliano Frascaroli

El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, y su vice, Álvaro García Linera, anunciaron este domingo la renuncia a sus cargos luego de la escalada de violencia generada por la oposición política, el levantamiento de la Policía nacional y el pedido liso y llano de renuncia hecho por el jefe del Ejército, Williams Kaliman.

De esa manera, se materializó el Golpe que había comenzado a tomar cuerpo luego de la quema de edificios públicos tras las últimas elecciones en las que se creó la imagen de fraude electoral. A su vez, cabe decir, esta ruptura institucional se gestó a pesar de la apertura del Gobierno a convocar nuevos comicios– como sugirió la OEA en su intervención- y de anunciar el reemplazo de integrantes del Tribunal Electoral, lo que supuestamente exigía la oposición.

De intereses y genuflexión: los actores

El candidato neoliberal Carlos Mesa, evidentemente, no quería una salida democrática que se dirima en las urnas; se sabía derrotado y a prácticamente 10 puntos de distancia. Entonces, Mesa decidió avanzar contra los líderes del gobierno plebeyo y pidió la proscripción de Morales y García Linera. Pero la oposición no se quedó ahí.

Luego tomó protagonismo Luis Fernando Camacho, quien no es candidato a nada y sin embargo se autoproclamó líder del embate opositor al tercer gobierno del Movimiento al Socialismo. Su rol es ser una suerte de ariete del sector oligárquico boliviano y de los intereses del Departamento de Estado de los Estados Unidos; un articulador del poder foráneo y dirigentes opositores (del mundo periodístico y militar también) para coordinar la ruptura sociocultural, política e institucional a través del comité cívico.

Camacho es digno representante de la burguesía blanca de Santa Cruz, proviene del sector gasífero- un campo en el que el gobierno de Morales avanzó fuertemente con la nacionalización-, y es un confeso racista que enarbola el odio hacia los pueblos indígenas. En los últimos días tensó la relación partiendo con una carta de renuncia para entregarle al Presidente en persona, mientras a su paso dejaba un vendaval de heridos y muertos, casas de funcionarios saqueadas e incendiadas y la dimisión de líneas medias a sus cargos para salvaguardar la integridad física de seres queridos.

En cuestión de horas, Camacho pasó de evocar a Dios y citar “la libertad y la democracia” a celebrar la cacería que desataron la Policía y los militares tras “comunicar” orden de aprehensión ilegal en contra de Morales. Utiliza, como el brasileño Jair Bolsonaro, un discurso cuasi religioso con biblia en mano y ensalza el brote homofóbico regional de las derechas. Le llaman “El Macho” y trata de tirano al Presidente que cosechó más del 60% en las elecciones de 2014 y la mitad de los votos en octubre pasado.

Camacho con la Biblia y la bandera boliviana en Casa de Gobierno, con el pedido de renuncia de Morales, consumando el Golpe.

Las sombras destituyentes tienen intereses económicos que chocan contra la redistribución de las riquezas y la justicia social. Históricamente han fabricado artimañas para obstaculizar procesos de liberación de los pueblos; se conoce sus intenciones aunque a veces, claro está, se subestima el poder de fuego y las cosas que son capaces de hacer. Es el caso de Bolivia donde el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la desocupación y los avances tecnológicos y educativos están a la vista ya que fueron política de Estado desde 2006.

No obstante ello, también le cabe responsabilidad al campesinado indígena que forma parte de la Policía que se dio vuelta y desconoció funciones constitucionales, a la actitud entreguista del Ejército y al desconocimiento de las capas de ingresos medios que fueron parte del proceso igualitario de un gobierno popular al cual, ahora, defenestran. Se le atribuye olvido a las milicias bolivianas por salarios chatos y la quita de competencias, algo que utilizó Camacho para persuadir al levantamiento. Aunque en estas líneas le llamaremos genuflexión: la traición a los orígenes en momentos en el que no hay medias tintas, cuando se necesita mirar por el retrovisor y no se lo hace y como consecuencia se convalida la imposición y defensa de intereses ajenos.

Las venas (y puertas) abiertas

Con el correr de las horas distintos dirigentes políticos y mandatarios del mundo expresaron su condena o salutación al Golpe en Bolivia. En América Latina hubo posiciones desencontradas que desdibujan el panorama geopolítico y, por tanto, la injerencia del imperialismo norteamericano.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ofreció asilo en México a funcionarios del poder legislativo y ejecutivo y explicitó que las puertas estaban abiertas también para el propio Evo Morales. Lo respaldaron funcionarias y funcionarios que disiparon la construcción de un “rechazo” generalizado orquestado por las redes sociales para trasladar malestar a ese país.

La cancillería de Argentina evitó calificar de golpe cívico-militar a la destitución de Morales y adujo “período de transición”. Eso le valió las críticas de los propios trabajadores estatales y tantos otros repudios al ministro de Relaciones Exteriores del gobierno saliente, Jorge Faurie. Igual camino tomó el brasileño Jair Bolsonaro que avaló el golpe por su indiferencia a la ruptura del Estado de Derecho, algo que también ha pasado en su país al encarcelar ilegalmente a Lula Da Silva, ahora liberado y centro del arco político que representa a las mayorías.

En tanto que el presidente electo Alberto Fernández y su vice, Cristina Kirchner, condenaron enérgicamente la ruptura institucional y advirtieron su preocupación por la integridad física de los dirigentes y militantes del MAS. Uno de los pocos dirigentes del macrismo que puso reparos fue el diputado nacional Daniel Lipovetzky, además de radicales como Ricardito Alfonsín. Pero no hubo condena como país.

Posición del dirigente español de Podemos

El presidente chileno Sebastián Piñera permanece en un estratégico silencio: en sus pagos están a la vista las consecuencias del modelo de desigualdad y la actitud de su responsable político– a contramano de la dimisión de los líderes bolivianos- es la indiferencia al reclamo ciudadano, la represión y la violación a los derechos humanos. Por eso las comparaciones de uno y otro ganaron terreno en la discusión.

De igual forma lo hizo Lenín Moreno a instancias de una visita internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la cual sostuvo que “los derechos humanos son cimientos de un Estado moderno y la democracia es el camino para garantizarlos”. Se trata de una comisión para ver denuncias por represión a las protestas tras el paquete de ajuste económico aplicado por el préstamo del Fondo Monetario Internacional.

Iván Duque, otro delfín del imperialismo y presidente de Colombia, también optó por enfocarse en el proceso electoral de su país y evitar manifestaciones respecto al tema en cuestión. El golpista venezolano Juan Guaidó celebró, como era de esperar, lo que llama el “huracán democrático en América Latina”.

Manuel Zelaya recordó el asalto al gobierno de Honduras bajo su mandato y el papel de organismos afines a Estados Unidos. En Uruguay el Frente Amplio del expresidente Pepe Mujica se enfrenta al avance de la derecha en una contienda electoral reñida, con segunda vuelta en unos días, y aún así el líder espiritual y político condenó el golpe a Morales.

El panorama se complementa con la importante definición de China y Rusia, dos potencias de la geopolítica mundial que expresaron su preocupación por el Golpe a Morales e instaron a las fuerzas políticas opositoras a ser responsables del proceso de pacificación.

Lo informa el politólogo y analista internacional Juan Manuel Karg.

Como se verá, hay posiciones a favor o en contra. Bueno es analizar en su conjunto qué representa cada quien y, por supuesto, la fundamentación que expongan (argumentos técnicos-jurídicos, morales-religiosos y políticos). A las posturas antidemocráticas debe sumarse la injerencia de la OEA que a través de su secretario Luis Almagro allanó el camino a la ruptura, convalidando la supuesta idea de fraude en un contexto delicado, evidenciando la doble vara ante el silencio y falta de celeridad en otros casos.

Persecución y reacción popular

Las imágenes de vándalos rompiendo la casa de Evo Morales, violando su intimidad, demuestran la virulencia y exacerbación del odio inoculado por los poderes fácticos. Prendieron fuego instituciones públicas, secuestraron a funcionarios- como la alcaldesa de Vinto, Patricia Arce, a quien torturaron públicamente- y a sus familiares para obligarlos a renunciar, intimidaron a la ciudadanía e inauguraron una persecución a los militantes del MAS.

Al mismo tiempo Camacho difundía que militares buscaban a Morales para detenerlo, a pesar de la ilegalidad que eso representaba: el Poder Legislativo aún no aceptó la renuncia y, además, no se fundaron delitos en su contra. Por tal motivo esto fue desmentido por la propia Policía que sí admitió detenciones a supuestos responsables del supuesto fraude electoral.

“Dos días les pido, les suplico y les ruego, necesitamos devolverle la paz al pueblo boliviano. Si lo levantamos ahorita, la Asamblea Legislativa (de mayoría masista) puede hacer algo”, alentaba Camacho a los civiles violentos agolpados en el Cristo Redentor.

¿Cómo pretenden que se lo interprete como un proceso democrático y no como Golpe de Estado con todo esto a la vista?

La violencia fue una excusa para generar un descalabro social y así pedir un gobierno de transición. Pero no como una salida constitucional y democrática, sino para apropiarse del poder político. Ya habían agotado los cartuchos vía Poder Judicial y el Poder Mediático; entonces, recurrieron a los viejos métodos de las derechas ageneracionales: la traición de las fuerzas.

En la madrugada de este lunes indígenas, simpatizantes del MAS y ciudadanos a favor de la democracia se autoconvocaron en localidades como La Paz y El Alto para manifestar su apoyo a Morales y García Linera, como al resto de su gabinete. Está en ciernes un conflicto aún mayor a lo acontecido, si es que no interviene la comunidad internacional más allá de pronunciamientos.

Como en las dictaduras de los setenta, con el Plan Cóndor, lacayos del imperialismo norteamericano se pliegan a la desestabilización regional persiguiendo líderes progresistas. Queda en manos de las sociedades del mundo enterrar estas viejas prácticas anticonstitucionales y, asimismo, a los gobiernos de tinte popular a erigir un mecanismo de defensa cuando se detecten maniobras desestabilizadoras.

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