Elecciones en la UNSa: Panorama Político

¿A qué filiación responden los candidatos en la UNSa? ¿Cómo se juega en el territorio? ¿Qué alianzas hay detrás? Lo que está, lo que estuvo y lo que puede venir. El lobby de los políticos salteños. Las posiciones de cada quien.  

Por Emiliano Frascaroli

Las elecciones en la Universidad Nacional de Salta se leen, también, entrelíneas: que si el termómetro social sobre el contexto económico-político nacional se reflejará en la casa de estudios, que si los jerarcas provinciales tienen o no asiento en el mundo universitario, que si se disputan cargos y porqué y para qué. Se barajan cartas de todo tipo.

De dos de los tres principales contrincantes se pude deducir: Fernández Fernández es macrismo-romerismo puro y duro y Víctor Claros es urtubeycismo de propia tropa. Es decir, ambos espacios abrevan el radicalismo macrista, el radicalismo “U” y el peronismo de centro-derecha. La tercera vía, que encabezan Moya y Gramajo, podría configurarse como un progresismo de performance testimonial. Si bien hacia dentro de cada espacio hay particularidades que hacen diferencias, como que las banderas políticas de “afuera” se mezclan en el “adentro”, a los ejemplos hay que remitirse.

Macrismo en pequeña escala

Junto al Rector posó, el 17 de julio de 2017, la diputada provincial Bettina Romero y más adelante, en diciembre de 2018, el intendente capitalino y candidato a la gobernación Gustavo Sáenz. La pertenencia al proyecto que encabeza Mauricio Macri se confirma al hurgar el pasado del secretario general de la universidad, Rubén “Chato” Correa, otrora precandidato por Cambiemos.

En 3 años de gestión se pudo ver a un Fernández Fernández sumiso al asedio de la CONEAU que pugna por el cierre de carreras, callado ante el recorte presupuestario desde Nación año tras año, disciplinado tras la quita de fondos para obras de infraestructura en las Sedes Regionales por la SPU, conciliador con la relocalización de científicos de Conicet tras el ajuste nacional que defendió en el Consejo Superior la candidata a vice-rectora Mirta Daz– aquélla vez como titular del Consejo de Investigación de la universidad-, y errático por la encona de reformar el Estatuto a través de un proyecto que abre puertas al arancelamiento universitario.

Plus: recientemente el gremio docente denunció el cobro de un arancel para los exámenes en la carrera de Medicina realizada, groseramente, el feriado por el Día de la Memoria el 24 de marzo. Un macrismo a escala universitaria.

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El contador FF llegó al lugar en el que está gracias al padrinazgo político que le dio el saliente Víctor Claros de principios de 2016 y el aporte de los votos de un Carlos Puga que quedaba fuera del ballotage. Pero una vez en el poder, se rebeló. Las relaciones del nuevo cacique de la universidad con el clarismo se tensaron y obligaron a dirimir posiciones. Entonces, “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”: emigración de caudillos de las huestes del Rector. Dos que pegaron el portazo fueron los secretarios Miguel Nina y Darío Barrios, de la Administración y Extensión, respectivamente. Nina es actual candidato a Decano en Cs. Económicas por el clarismo junto a la espada legislativa Elvira Astorga. Otra de las que volvió a sus orígenes fue la bibliotecaria Soledad Farfán quien renunció al cargo de Coordinadora de Asuntos Estudiantiles que le habían facilitado en medio de una penosa maniobra del oficialismo para crear nuevos cargos.

Los vínculos con el rome-macrismo salteño y el Rectorado, la renuncia de la tropa fiel a Claros y el silencio de FF, cuanto no complicidad, maquillan el paisaje oficialista que perdió apoyos, intentó ganar otros- principalmente en el interior provincial- y hoy revolotea entre los 25 y 30 puntos de intención de voto.

Buenos muchachos

“(Víctor) Claros levanta el teléfono y (el vicegobernador) Miguel Isa atiende”, sintetiza a este medio un ex dirigente estudiantil. Y viceversa, podríamos agregar. El urtubeycismo supo crecer territorialmente también en la universidad. Se puede decir que la última tropa la comandó el actual Decano de la facultad de Ciencias Económicas y candidato a Rectorado. Aunque, bien se sabe, intramuros muchas veces los colores políticos se entremezclan: el radicalismo “U”, es decir Franja Morada de su escuela, brinda apoyo.

Víctor Claros y Miguel Boso retuvieron las riendas de la universidad en las elecciones de 2013 con más del 50 por ciento de los votos. En la contienda electoral habían ganado en cuatro de las seis facultades a excepción de Humanidades y Ciencias Naturales. Por aquél entonces Fernández Fernández conquistaba el Decanato de Económicas. En los seis años de gestión clarista se transitó, análisis más, análisis menos, un contexto claramente distinto al actual: las erogaciones económicas para las Universidades Nacionales permitían mayor despliegue de políticas socioeducativas, la obra pública estaba en marcha, los salarios docentes competían por encima o más de cerca con la inflación, las relaciones internacionales en la región Latinoamericana pasaban sus mejores momentos (¡el propio Claros pudo dar el Doctor Honoris Causa al presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales!), primaba una interculturalidad, etcétera. Eso le jugó a favor, y lo hace aún hoy.

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Sin embargo, pesan algunos señalamientos que, por ejemplo, giran en torno a eso que se entiende como clientelismo político universitario y se explica a través de acuerdos sugestivos por cargos (particularmente en el sector no docente) o el giro de fondos o bienes muebles para tal o cual Centro de Estudiantes, el lujoso baño que montó en Económicas y el rol de la casa de estudios frente a temas de sumo interés social como fue el crecimiento del desmonte en el interior provincial. Sobre esta última, de mayor importancia para quien suscribe, podemos poner un ejemplo: en 2008 el profesor y ex ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Julio Nasser, pidió la renuncia a la secretaria de Política Ambiental provincial, Catalina Buliubasich, en medio de una puja en la que la antropóloga se oponía férreamente al desmonte de más de 30 mil hectáreas en la zona de El Alamo. Nasser hoy es candidato al Decanato de la facultad de Naturales por el clarismo y Buliubasich hace lo propio en Humanidades como colectora de Moya-Gramajo.

Ya no como Rector pero sí como Decano, en las legislativas de 2017 Claros fue pre-candidato a diputado provincial dentro del Frente Salteño en la lista que encabezaba Roberto Dib Ashur. Por aquellos tiempos de campaña el contador explicaba su vuelco a la arena política local- o más bien su visibilización explícita- en la necesidad de aportar a la educación pública. A la actualidad Claros celebra el acompañamiento de agrupaciones estudiantiles, de graduados y del armado de sus colectoras en las distintas facultades y Sedes Regionales.

Durante sus gestiones, el contador supo amalgamar dirigentes tal vez de distintas filiaciones partidarias pero con coincidencias dentro del terruño universitario y pasa factura para que no olviden cómo contribuyó a que las cosas llegaran a estar como están. Se rodea de buenos muchachos. En los pasillos universitarios se susurra un “Va a ganar El Loco (Claros)” en caras fruncidas y otras alegres y los números respaldarían tal hipótesis: acumularía entre 40 y 45 puntos de favoritismo en el universo de sufragantes.

Progresismo y testimonio

La candidatura por el Rectorado de Mónica Moya y Cecilia Gramajo fue anunciada a pocos días de los comicios, acaso catapultada por candidatos que no tienen asegurada la parada en sus unidades académicas. Antes primaba el hermetismo acerca de si iba a haber o no una lista que funcione al margen de los cabecillas de la actual y anterior gestión de gobierno. Es decir, plantear una propuesta que pueda repetir- y mejorar- las elecciones de 2016 cuando Buliubasich y Moreno llegaron al balotaje contra FF, perdiendo por una exigua cantidad de votos.

A la luz de los hechos se ve una campaña austera, con el apoyo tácito de los docentes afiliados al gremio universitario, ciertas agrupaciones estudiantiles y de graduados y con algún que otro espaldarazo en las Sedes Regionales. Pero les resultará difícil romper la coraza de una estructura abigarrada desde hace mucho tiempo. Y más aún si se hizo contrarreloj.

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El mejor escenario sería ubicarse como segunda fuerza, ir a segunda vuelta y buscar que, por temor al boomerang o cualquier otra razón, el oficialismo herido por la estocada clarista apoye esta tercera vía. Pero eso resultaría sólo si el oficialismo no logra hacer pie, aún siendo oficialismo.

Moya pasó por el Consejo Superior votando de forma aislada a los intereses de un Fernández  que buscaba apoyos y un Claros que dirimía fuerzas, y en bloque con las cabezas de Naturales, Humanidades y oportunamente Exactas. Su candidatura ratifica posición: se la pudo ver en marchas contra el ajuste del Gobierno Nacional y no tuvo reparos en rodearse de docentes que militan el kirchnerismo. Gramajo tiene años de experiencia en la CIPED y gestión en Exactas, adonde es docente y mantiene buenos vínculos.

El hecho de penetrar en el mundo universitario para una campaña política es de por sí trabajoso: hay que diseñar estrategias sin olvidar la construcción territorial. El progresismo tardó en salir a la contienda electoral, mantuvo un discurso de no-confrontación y apostó a las redes más que a la praxis de acuerdos políticos-electorales, además de no haber aprovechado las filiaciones políticas (importen o no en el imaginario universitario, vaya uno a saber) extra-muros. No obstante, podrían traccionar votos de cierta población de Humanidades, Naturales y Exactas, aunque de las otras tres- dos de ellas las más populosas- la derrota esté cantada. Para muchos se trata de una candidatura testimonial que simplifica la creación de una opción frente a la polarización de un sector con internas que desembocaron en fracturas. Los sondeos hablan por estas horas de que cosecharían entre 20 y 25 puntos de los votos.

Los que saben llegan a una conclusión: Claros se impondrá este miércoles sacando una ventaja de por lo menos 10 puntos con la segunda fuerza y, entonces, habrá segunda vuelta. Una vez en el ballotage, la tercera y cuarta fuerza (Yazle-Sauad) verían hacia dónde inclinan sus voluntades, aunque el futuro haya llegado.

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