Diario de Cuarentena: el relato de un repatriado, alojado en el Hotel Buenos Aires

Gastón Acuña es un salteño que vive en Córdoba, desde donde arribó recientemente. BUUFO publica sus crónicas para difundir la situación particular y poder dimensionar el panorama “desde adentro”.

Día 1, viernes 15.

Ayer (por el jueves) completamos nuestro primer día de cuarentena en el Hotel Buenos Aires. La primera noche me quedé charlando con mi compañero de habitación hasta pasadas las 4am… no podíamos creer lo que estábamos viviendo. Antes de dormir le dije que si se levantaba temprano, no me despertara porque ante el encierro prefería dormir todo el tiempo que sea posible. 

De repente abro los ojos cuando alguien nos golpea la puerta de la habitación. Nos ponemos los barbijos para poder abrir; era de día. Del otro lado aguardaba un enfermero para tomarnos la temperatura corporal. Le pregunto la hora: eran las 8.30am. La de dormir mucho casi que me sale.

En la mañana vimos tele, tomamos unos mates y comimos unas galletas. Al mediodía nos trajeron la comida, otra vez pollo pero esta vez era una pechuga con papas. No surtió efecto el pedido de comida vegetariana. En mi caso la cocción de la carne estaba bien, pero algunos pasajeros prefirieron no comer porque les pareció que faltaba cocción. Como no hubo reemplazo del menú, se caldearon los ánimos.

Antes: Sin elementos de higiene ni WiFi, dos comidas por día y 1 litro de agua: así es la cuarentena de repatriados

Como para sumarle condimento y una cuota de humor tragicómico al día, una rata anduvo merodeando en los pasillos del hotel para sorpresa de varios en la mañana. Ante la pandemia los animalitos salen a mostrarse y esta laucha no quiso ser la excepción. Más allá de este hecho fortuito, en mi percepción la higiene del lugar es óptima.

El hotel es de cuatro pisos y todas las habitaciones dan hacia el oeste, por lo que pasado el mediodía y entrada la tarde algunos rayos solares se proyectan sobre las puertas de las habitaciones y por tal motivo los huéspedes las abrimos y nos sentamos bajo los marcos para templar el cuerpo. 

Estábamos acompañados de una enfermera y un policía encargado de la seguridad del lugar. Al abrir las puertas, el policía nos solicita que las cerremos aduciendo que no podemos permanecer allí ya que luego ellos tienen que pasar caminando por los pasillos lindantes. Este impedimento, sumado a la falta de respuesta estatal, la incertidumbre sobre nuestra situación, el tema alimenticio, el problema irresuelto del Wifi, entre otros motivos, generó un descontento general que culminó en una discusión, por momentos tensa, con el policía a cargo del establecimiento. En principio intentó reafirmar su postura, pero al ver que los argumentos esgrimidos por los huéspedes eran cada vez más contundentes y arremetedores comprendió que la situación podría desbordarse y cedió en su posición. Después de casi un día y medio fue la primer persona que se nos presentó con nombre, apellido, cargo y función, y puso el oído para escuchar nuestro parecer y ponerse en nuestros zapatos, ya que hasta ahora sólo nos habían hecho sentir que todo lo que aquí sucedía era nuestra culpa. Desgraciadamente fue este pobre hombre quien tuvo que poner la cara y como quien dice recibir los golpes, en representación de un Gobierno Provincial ausente. Ante su propia impotencia, nos comentó que él estaba poniendo en riesgo su salud (al igual que todos nosotros al estar aquí y no aislados en los domicilios consignados antes del viaje), y que por efecto de la pandemia su sueldo había sido reducido drásticamente. Después de un primer momento de vulnerabilidad y enojo, terminamos agradeciendo su labor y las aguas se apaciguaron.

¿Se acuerdan que en la crónica de ayer les conté que todavía estaba esperando la respuesta del formulario para volver a casa que había llenado hace más de una semana? Bueno, parece que leyeron la nota porque a las 22.05hs. me llegó un mail del Gobierno de la Provincia de Salta informándome que mi solicitud estaba siendo procesada por el gobierno nacional. ¡Si tengo suerte en unos días me la aprueban y puedo volver a Salta! Ah no, pará.

¿Saben qué más me informan en el mail? Cito textual: “Los gastos que se generen en dichos centros en concepto de estadía y pensión, entre otros, correrán por cuenta del/los ingresante/s, con excepción de aquellos casos en que acredite razonablemente que no posee recursos para afrontarlos“. El colmo sería que tengamos que pagar por esto, ni VideoMatch se animó a tanto. Estimo que en nuestro caso los gastos correrán por cuenta del Estado ya que fuimos puestos en cuarentena antes de que comunicaran oficialmente dicha resolución y llegamos a Salta cuando aún otro protocolo estaba en vigencia.

Resulta gracioso leer el grupo de Whatsapp que tenemos entre quienes estamos aislados en este hotel y ver cómo la información extraoficial corre como pan caliente. Las fuentes nada confiables son nuestros pobres allegados y familiares que desde afuera intentan averiguar realmente qué sucede. Hoy, personal del servicio sanitario se comunicó con algunos miembros de nuestras familias para constatar que realmente estemos haciendo la cuarentena en los domicilios que habíamos consignado bajo las medidas adecuadas. Por favor, que alguien les avise que estamos yendo todavía, en 14 días llegamos. Hoy también, hicieron un isopado a uno o dos de los pasajeros, no sabemos porqué sólo a ellos pero lo que sí sabemos es que se fueron con la nariz sangrando. 

Todo transcurre de manera informal, somos nosotros mismos quienes desde adentro tenemos que autogestionarnos para encontrar afuera alguien que nos dé una respuesta a nuestros reclamos cotidianos. En el grupo de Whatsapp alguien pasó un número telefónico al que podíamos contactar en el caso de ser celíacos o vegetarianos para que nos hagan un menú especial. Escribí a eso de las 21hs. y me respondieron positivamente, pero tal vez mañana sea el día, porque de cena recibimos una vez más pollo, esta vez pastel de pollo con verduras. Aparentemente el número telefónico era de Mabel Cabrera, Directora de Innovación Social Juvenil del Ministerio de Desarrollo Social, sin embargo no lo puedo asegurar con certeza porque sólo intercambiamos algunos mensajes de texto y no nos presentamos.

Le pedí a mi viejo que me traiga una botella de vino como para pasar el mal trago, pero parece que el derecho a tomarse una copa en la provincia del vino también está vedado. 

¡Hasta mañana amigas y amigos! Mañana se madruga nuevamente que urge tomarse la temperatura a las 8. Buen sábado para todes allá afuera. Seguimos en contacto.

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