Día de la Memoria, en un contexto particular: en casa, por la Verdad y la Justicia

Los 44 años de la última dictadura cívico-militar serán recordados desde los hogares, lejos del estado de sitio. Este lunes organismos de derechos humanos lanzaron el sitio Desclasificados que contiene más de 4 mil archivos que entregó Estados Unidos.

Por Emiliano Frascaroli

Desde que se suspendió la marcha por el Día de la Memoria, en las redes sociales comenzó la campaña #PañuelosConMemoria como una forma de adecuar la jornada a los tiempos de emergencia sanitaria. Muchísimas personas hicieron con lo que tuvieron a mano los pañuelos- como tantos compatriotas barbijos y cofías– que hoy ya se los puede ver colgados en los balcones de departamentos y ventanas de muchos otros hogares.

Se trata de un 24 de marzo excepcional, diferente, a raíz del aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto por el gobierno nacional para mitigar el avance de la pandemia del coronavirus. El aniversario número 44 de cuando la Junta Militar arrebató el poder constitucional deteniendo, torturando y asesinando; apropiándose de bebés; robando bienes personales y violando mujeres todo ello para luego imponer un plan económico al servicio de intereses extranjeros y de la oligarquía local. Es el primer aniversario desde la recuperación de la democracia en el que no habrá una marcha. Esta vez tocó visibilizar el proceso por Memoria, Verdad y Justicia desde y en casa.

A lo largo del día, adelantó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, se proyectarán imágenes digitales y habrá un recorrido por los medios que se plieguen a la propuesta de los organismos de derechos humanos. Luego, alrededor de las 19:30 se dará lectura del documento de este año, precisó ANCCOM.

Pero más allá de la pandemia que obligó los organismos y a la militancia en general a crear propuestas, redireccionar estrategias y posponer actividades, el contexto también cobra particularidad porque es el primero después de cuatro años de un gobierno que negó sistemáticamente el terrorismo de estado, lo cual nos coloca lejos del estado de sitio que ciertos sectores claman, y porque se logró el acceso a miles de archivos del gobierno de los Estados Unidos sobre la dictadura en el país.

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El Estado de sitio no es algo posible ni cercano“. El presidente Alberto Fernández echaba por tierra así toda intención de ciertos sectores de avanzar en la suspensión de las garantías constitucionales en territorio para controlar el coronavirus. Esa medida fue tomada por última vez por Fernando De La Rúa y todos sabemos las consecuencias: un tendal de muertos y tantos otros de heridos a lo largo y ancho del país.

La medida de excepción es el aislamiento social, preventivo y obligatorio ejecutada por un gobierno que no está dispuesto a repetir errores de la historia y que controla perfectamente los poderes públicos e instituciones gubernamentales. Fernández sostuvo que combatir la propagación del COVID-19 es compatible con el Estado de Derecho y espetó: “Quienes piden estado de sitio son los que no quieren asumir la responsabilidad que tienen“. Se refirió, más que nada, a gobernadores que pareciera ser buscan más protagonismo que racionalidad. Chocar el carrito. Llamar la atención.

No sólo es un inútil camino a tomar. El estado de sitio no serviría de nada si ya la población está abarrotada en sus hogares, con plena consciencia de la situación (más allá de los irresponsables o imbéciles que engrosan los números de detenidos). El Poder Ejecutivo sabe de ello y se encargó de ratificar la aplicación de la ley penal para castigar y no dejar riendas sueltas a la represión. No es necesario. Suficiente con que la ciudadanía siga en cuarentena y se mantenga la línea, restringiendo el acceso a quienes se fueron aún después de que la OMS declarara la pandemia y atendiendo a los sectores más vulnerables.

De hecho, el mismo rol del Ejército es distinto: está en las calles ayudando a su Pueblo repartiendo alimentos o en las sastrerías de las Fuerzas construyendo barbijos y cofías para personal de salud y futuros enfermos que lo necesiten. También construye pozos de agua en el Norte del país para acercar un elemento básico a las comunidades indígenas y criollas afincadas en territorio hostil. Y ahora disponen sus instalaciones para montar hospitales que sean capaces de albergar enfermos, ya no centros clandestinos de detención.

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Este lunes entró en vigencia el sitio Desclasificados inaugurado por Abuelas de Plaza de Mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales y el colectivo Memoria Abierta con el objetivo de poner al alcance de toda persona 4.903 documentos desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos sobre el Terrorismo de Estado perpetrado en 1976.

La plataforma es un trabajo en conjunto por los organismos de derechos humanos, el aporte de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA- con el centro Antonio Gramsci y la carrera de Comunicación-, del Traductorado de Inglés del Instituto de Lenguas Vivas, la Universidad de La Plata y la del Salvador.

A través de un comunicado los organismos señalaron: “Esperamos que esta herramienta sea útil a jueces, fiscales, investigadores, periodistas y público en general, para contribuir a la construcción del proceso de Memoria, Verdad y Justicia”. La información se irá actualizando a medida que pasen los días hasta llegar al total del paquete de archivos que cedió Washigton y que explica la injerencia que tuvo el país norteamericano en las dictaduras del Cono Sur, lo que se conoce como Plan Cóndor, a través de sus agencias de inteligencia en coordinación con aparatos locales.

“Se trata de capas y capas de información acumuladas por los Estados, asociadas al plan represivo y aniquilador. Durante todos estos años los organismos de derechos humanos reclamamos la apertura de los archivos de inteligencia. Las desclasificaciones parciales mostraron que son un gran aporte al avance de los procesos judiciales y a la reconstrucción de la verdad. Ya hemos identificado entre estos archivos documentos que presentaremos como evidencia en causas judiciales”, explican en la introducción del sitio bajo el título “La inteligencia de EEUU durante la dictadura”.

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