Cuarentena en el hotel Buenos Aires: repatriado cuenta la estadía

Un salteño que regresó de Córdoba y se encuentra en el hotel de la capital provincial cuenta el día a día desde adentro. BUUFO publica sus crónicas periódicamente.

Lunes 18/05

Las jornadas comienzan a ser cada vez más rutinarias. De alguna manera, la gran cantidad de irregularidades que se cometieron en los primeros días hicieron que los huéspedes nos mantengamos ocupados intentando mejorar nuestras condiciones de vida aquí dentro. De a poco todo parece irse normalizando y quienes aquí nos encontramos, estamos dispuestos a identificar alternativas para pasar el tiempo entretenidos con una u otra cosa.  Escribo ésta crónica a las 15hs. del día martes y aún no tenemos wifi instalado. Las autoridades juegan con nuestras expectativas y desde que llegamos nos vienen diciendo que mañana será el día. Mañana cumplimos una semana encerrados en un hotel bajo las condiciones dispuestas por el Gobierno de la Provincia de Salta y el balance de la primer semana no es para nada positivo. Confiamos que los segundos siete días van a ser más tranquilos y acordes a lo que todo ser humano que vive en el siglo 21 se merece. Hoy, casi una semana después, nos repartieron un barbijo por persona.

Para ver las crónicas anteriores:

En algunas ocasiones, cuando el hotel está tranquilo, salimos a la galería a tomar un poquito de aire. Ayer me hicieron una entrevista para la televisión salteña y una pregunta fue qué opinaba de aquellos que comentaban indignados que “los repatriados quieren salir a tomar sol”…yo le preguntaría a esos haters si podrían estar catorce días encerrados en una habitación con una o dos personas más, sin siquiera salir a tomar aire. Ya nos confirmaron que no dispondremos ni siquiera de salidas por turnos. El motivo es que en el hotel hay personas que vinieron de otros lugares y por prevención no nos podemos mezclar. Me parece lógico, pero son tan desorganizados e inoperantes que ni siquiera pensaron en sectorizar el hotel o por lo menos dividirnos por pisos; por tal motivo un pasajero proveniente de Córdoba puede llegar a tener de vecino a otro proveniente de Estados Unidos. No me deja de sorprender la falta de planificación que hay en este proceso. Se nota que actúan sobre la marcha y por eso habrá sido que en los primeros días hubo como 3 o 4 personas diferentes a cargo del hotel y las indicaciones se contradecían unas con otras.

Nos sorprende desde aquí el grado de paranoia que maneja la sociedad salteña con tan sólo cinco casos confirmados. Venimos de una ciudad en la que hay muchos más casos, existe circulación viral, pero en ningún momento sentí ese estado de nerviosismo que tienen quienes viven aquí. Lo notamos cuando hablamos con nuestras familias y amigos que hasta algunos justifican todo lo que nos está sucediendo. El personal de seguridad nos comenta que es mejor que estemos acá porque ya hubieron varios casos de repatriados que intentaron ser linchados, apedreados o agredidos por sus vecinos tan sólo por volver al domicilio de la provincia de la cual son oriundos o residentes. Tuve la suerte de conocer y vivir en grandes ciudades de distintos continentes y realmente parece ser que Salta sigue en el medioevo. No sé de dónde viene tanta paranoia, probablemente es infundada por los medios de comunicación y las autoridades, pero en realidad lo único que deja en evidencia es el grado de ignorancia de un gran sector de la sociedad, víctima de estos mecanismos de control y dominación. ¿En serio seguimos viviendo en una época en la que apedreamos a un vecino a causa de nuestros propios miedos internos? Llegó el momento de apagar la tele y encender las cabecitas. 

El día sábado, cuando ingresó la policía por la fuerza, armada con cascos, escudos y escopetas, listos para la guerra, una vecina empezó a gritarnos e insultarnos desde su hogar, como si nosotros hubiésemos elegido por nuestra propia voluntad estar aquí. Aparentemente la policía ingresó sofocada de recibir las quejas de los vecinos y como excusa nos recriminaron que estábamos haciendo mucho ruido. Para que bajemos el volumen alguien dio la orden de que ingresen las fuerzas de choque. Era el colmo.

Les recuerdo este hecho porque el lunes sucedió algo de no creer y que explica un poco mejor la preocupación de dicha vecina. Me encontraba sentado en la puerta de mi habitación charlando con mi compañero de al lado sobre nuestras respectivas vidas en Córdoba, universidad, trabajo y fútbol, cuando de repente escuchamos una voz femenina que nos hablaba. No sabíamos de dónde provenía dicha voz pero cuando lo descubrimos casi que me caigo de la silla en la que estaba sentado. 

Justo en frente a mi habitación, a poco metros hay una pared con una ventana de aluminio. La verdad es que nunca le había prestado mucha atención pero suponía que daba hacia otro sector del hotel, tal vez un depósito o vaya a saber uno qué. Vaya sorpresa nos dimos cuando vimos el rostro de la vecina del otro lado. Sí, desde el interior del hotel hay una ventana que da al interior de la vivienda de una familia. Es totalmente increíble y seguramente ilegal. Recién ahora entendemos un poco más los motivos de queja de dicha mujer. Prácticamente es una ocupante más de este establecimiento, lo cual es bastante peligroso porque en sí ella debería hacer la cuarentena con nosotros. Si bien hay una distancia de por lo menos dos metros entre nuestras habitaciones y la de ella, la situación es al menos llamativa. 

La señora estaba muy arrepentida de su actitud de los días pasados y, en sus palabras, no estaba pudiendo vivir tranquila al ser consciente en primera persona de la manera en la que estamos viviendo nosotros. Nos pidió disculpas, nos explicó que ella es tan sólo inquilina y que le alquila el espacio al dueño del Hotel Buenos Aires. Vende pizzas y empanadas para vivir. Nos comentó también que días atrás habían estado reunidos gente del Gobierno junto al dueño del Hotel. La señora puede escuchar absolutamente todo lo que aquí sucede, tiene una hija de nuestra edad y no le gustaría que tenga que atravesar lo mismo que nosotros. Aceptamos sus disculpas, les ofrecimos las nuestras y todo quedó en paz. Nos comentó que tengamos cuidado porque según ella hay un tanque con agua estancada hace más de un año y puede haber dengue. Realizó las quejas pertinentes pero nunca lo limpiaron. Parece que para venir a reprimir, intimidar y poner orden actúan con mucha velocidad pero para otras cosas no.

En la entrevista que di para un programa nocturno de Canal 10 de la televisión salteña denuncié alguna de éstas cosas e increíblemente “Poti” Cabrera, una de las personas del Ministerio de Desarrollo Social que está trabajando para ayudarnos, a través de un comentario en las plataformas digitales, ponía en tela de juicio mis palabras al mismo momento que realizaba las declaraciones. Me llamó mucho la atención así que cuando terminé de declarar le escribí por Whatsapp para preguntarle con qué no estaba de acuerdo. Su respuesta fue que durante gran parte de su vida tuvo que compartir una cama con sus tres hermanos y una madre, y ésas sí eran condiciones difíciles de vida.

Esa es la explicación que una representante del estado salteño utiliza para justificar nuestra situación. Sé que Poti y su compañero Daniel tienen muy buenas intenciones y sin dudas son quienes más nos están ayudando desde que despiertan hasta que se van a dormir, cumpliendo con la labor para la que han sido designados y para la cual cobran un salario, sin embargo pareciera ser que las realidades que vivimos con Poti en este momento son muy dispares y es una pena que hacia adentro actúe de una manera y hacia afuera de otra.

Hace unos días le pedí a un miembro del Gobierno que se hizo presente que trabajen con seriedad, porque seguimos viviendo en un estado de derecho; me respondió que en estos momentos no hay seriedad. A otros chicos de otra habitación les dijo que no habían garantías en una situación así. 

Decía yo de la Salta atrasada del medioevo, y la web del Gobierno de Salta me lo confirma: su diseño de interfaz no es ni siquiera “responsive” como para navegarla desde el celular. Entre varios huéspedes intentamos encontrar en el Boletín Oficial la publicación del “nuevo protocolo vigente” para quienes desean retornar a casa pero sólo encontramos el anterior, el que correspondía que cumplan con nosotros al llegar a Salta. 

Todavía me siguen llegando mails del gobierno salteño notificando que ya está aprobada mi solicitud para volver a casa. Esa que llené hace dos semanas y de la que recién recibí respuesta cuando ya estaba confinado en este hotel. En el mail me comentan los requisitos para volver y las condiciones que debiera cumplir al llegar. Al final del correo se agrega un link del Boletín Oficial en el que se supone podremos descargar toda la normativa provincial relacionada a la Emergencia Sanitaria. Casualmente, justo, dicho link genera un error al momento de intentar abrirlo. Le pedí a varios compañeros que lo hicieran pensando que, tal vez, era una falla de mi móvil. Tampoco pudieron abrirlo.

Hasta ahora nadie nos trajo por escrito el nuevo protocolo, nadie lo conoce en detalle, nosotros no lo encontramos, las autoridades no nos lo acercan, nuestros familiares y amigos no tienen idea de dónde sacarlo. La pregunta es: ¿Existe dicho protocolo? ¿Está publicado en el Boletín Oficial o en algún lado? ¿Esta situación de emergencia le da la potestad a las autoridades para actuar desde la informalidad? ¿Es legal todo esto en un Estado de Derecho? Todas preguntas, hasta ahora sin respuestas.

Texto: Gastón Acuña

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