Cuarentena en el hotel Buenos Aires: la solidaridad de los jóvenes y la llegada de internet

Repatriados desde Córdoba ya pueden estudiar, rendir, trabajar y ver películas con la llegada de wifi. Una crónica desde adentro que desdibuja el compañerismo forjado en la travesía y la respuesta de gobierno ante los reclamos.

CUARENTENA DEL MARTES 19 AL VIERNES 22.05

Escribí por última vez el martes. Se cortaron las crónicas diarias y en gran parte porque de a poco cesaron las irregularidades. En estos días estuvieron trabajando los técnicos de una empresa de Internet y, tras varios intentos fallidos, finalmente ya tenemos señal de wifi decente. En principio instalaron varios equipos en los diferentes pisos del hotel, pero la señal era de bajo alcance y/o los megas no eran suficientes para soportar la demanda de todas las personas que aquí nos encontramos. Tras un par de días con escasos resultados, el viernes por la mañana decidieron instalar lo que en la jerga de las telecomunicaciones se conoce como un “rompemuros”, un dispositivo de mayor alcance, por lo que al menos en planta baja ya podemos disfrutar de las bondades del Siglo 21. Creo que en el resto de las plantas del hotel, los pasajeros también están conformes ya que no leí quejas en los grupos de Whatsapp que compartimos y tampoco escuché reclamos de los vecinos y vecinas de arriba. Sin embargo, lo cierto es que estuve un poco más desconectado del teléfono y a causa del frío nuestras puertas y ventanas estuvieron cerradas, por ende, escuchamos poco y nada a los pasajeros de otros niveles. En la puerta de la habitación ya pegamos la nota para que no nos dejen el desayuno y ahora dormimos un poquito más.

Ni bien ingresamos al hotel, le solicité a mi madre algunos elementos de higiene, alimentos y dos electrodomésticos muy útiles para una cuarentena en estas condiciones: una pava eléctrica para los mates y el té, y un chromecast, un aparatito que se enchufa al televisor, convirtiéndolo en un SmartTV. Este pequeño artefacto permite enviar contenido audiovisual desde el celular al televisor por medio de la red wifi. Volvieron Netflix y YouTube, y el celu ahora también funciona como control remoto. Vimos la película española “El hoyo”, una idea cinematográfica algo particular, nada del otro mundo. También disfrutamos de dos capítulos de “The Midnight Gospel”, dibujo animado de tintes psicodélicos con un mensaje más que interesante. Como la velocidad de Internet no es la mejor, primero descargamos el contenido y luego lo reproducimos en el tele. De esa manera, evitamos que se tilde constantemente el video que queremos visualizar.

Un amigo personal, la única persona que conocía desde antes de ingresar al hotel, pudo retomar sus sesiones de terapia, está visiblemente más tranquilo y eso me alegra. Supongo que no debe ser el único en dicha situación. Varios de los y las estudiantes rindieron algunas materias o tomaron clases. Mi compañero de cuarto tiene veinte años y estudia Ingeniería en Sistemas, aunque en realidad le gustan las telecomunicaciones. Es electricista, trabaja desde los trece años y no me deja de sorprender constantemente todo su conocimiento. Tres días antes de que por fin tengamos wifi, ya me había adelantado de que iba a ser necesario un rompemuros. Después de varios intentos fallidos por parte de los técnicos de la empresa de telefonía, el tiempo terminó dándole la razón a este changuito sabio por tanta humildad. Tranquilamente podría haber hecho él la conexión si hubiese tenido los materiales necesarios con la respectiva autorización. Tiene herramientas de todo tipo y hasta un taladro en la valija. Me formateó la compu y me reinstaló Windows y varios programas de edición a ver si me pongo las pilas y aprendo a utilizarlos de una vez por todas, por más que mi máquina es una batata que tiene varios años de antigüedad. Nuestro vecino se enteró de que el servicio era gratis y también solicitó algunas mejoras en su respectiva computadora. Hoy tuvimos un inconveniente con la mochila del inodoro y el chico multifunción, como lo bautizamos, sacó de la galera un precinto y oficiamos también de plomeros. El arreglo fue un éxito.

El amigo multifunción rindió física y se sacó 10, otro estudiante también obtuvo el mismo resultado, creo que había rendido Biología para la carrera de Agronomía. Gratifica que quienes aquí se encuentran no descuiden los estudios y me sorprende gratamente la lucidez y consciencia que manejan estos pibes. Hay futuros profesionales de psicología, marketing, veterinaria, ingeniería, administración de empresas, abogacía, entre otras carreras. También están aquellos que ya finalizaron los estudios y que actualmente están trabajando o cesanteados temporalmente por la cuarentena. También estamos los desempleados, lo cual no quiere decir que no trabajemos, sino más bien que en este momento no estamos cobrando un salario fijo. En mi caso personal, mientras escribo estas crónicas considero que estoy cumpliendo voluntariamente con mi rol de comunicador social para el que me formé. Ojalá el día de mañana al salir de aquí, éstas sean las bases para conseguir un puesto de trabajo remunerado en este momento tan complejo y particular de la historia.

En la crónica del martes dije que al día siguiente cumplíamos una semana; me equivoqué. En cuarentena uno pierde la noción de los días y ese fenómeno aquí se acentúa más por momentos. Recién me di cuenta cuando la crónica ya estaba publicada. En realidad hemos cumplido una semana el jueves, lo cual quiere decir que en estos momentos ya falta menos de la mitad para alcanzar los catorce días de confinamiento y por fin regresar a nuestras casas y vernos con los nuestros.

Aunque a decir verdad, en estos momentos los nuestros no son sólo los de afuera, sino también quienes aquí se encuentran atravesando la misma situación que uno. Poco a poco, a medida que fueron pasando los días, nos comenzamos a conocer entre los huéspedes del hotel. Sobre todo con aquellos que se encuentran en nuestro mismo piso, o quienes son vecines de habitación. Venimos compartiendo esta loca travesía desde que nos encontramos, la mayoría sin conocernos, en la terminal de ómnibus de Córdoba Capital. Nadie hubiese creído en ese momento que íbamos a tener que experimentar todo esto y compartir todo lo que estamos viviendo. Nos acompañamos en el sentimiento y de a poco nos empezamos a valorar unos con otros. En situaciones de adversidad, en situaciones críticas, los vínculos se vuelven más intensos y en poco tiempo se generan lazos muy fuertes, y esta no parece ser la excepción. Anhelamos poder salir y alguna vez juntarnos todos y todas en algún bar o alguna casa, a rememorar lo acontecido cuando por fin haya pasado toda la locura que esta pandemia generó.

El grupo comienza a afianzarse y en el ambiente se respira mayor relajación, tanto por parte de los internos, como de las personas que están trabajando para ayudarnos. Tenemos muy poco contacto con estas personas y, como siempre están vestidos con atuendos de protección sanitaria de pies a cabezas, me es difícil determinar si se trata de personal de seguridad o de salud. 

Terminó el constante desfile de autoridades políticas y sanitarias del que fuimos espectadores los primeros días. Eso me pone contento porque ahora se respira menos hipocresía. Todos en general estamos más tranquilos, calmamos la impotencia, el enojo y la tensión propia de las primeras jornadas. 

Ayer nos confirmaron que a partir de ahora podemos pagar el hisopado y si el resultado es negativo podemos seguir haciendo la cuarentena en nuestros hogares. Creemos que el valor del mismo es de $7000 por pasajero. La mayoría hemos preferido cumplir con el tiempo establecido por el Estado.

Algunes abandonaron la casa de Gran Hermano. Pasajeros del interior de la provincia se sometieron al test y luego de algunas horas de espera y ansiedad recibieron la respuesta con el resultado que todos los seres estábamos esperando: sus organismos están limpios de virus. Creíamos que se iban a ir por la mañana del viernes, pero finalmente nos dejaron por la tarde y a la distancia los despedimos observando desde nuestras respectivas ventanas. La verdad es que en este poco tiempo, cada uno de los que se fueron nos dejaron algunas enseñanzas y particularmente este grupo del interior salteño se había ganado el afecto de muchos de nosotros. Si bien estábamos contentos porque finalmente pudieron retornar a sus hogares, también sentimos un sabor agridulce al saber que dejaríamos de recibir su constante buena vibra. Suena exagerado pero por momentos se vivió cierto luto ante su partida y el clima gris de alguna manera intensificó dicha sensación en varios de nosotros.

Ayer cambió rotundamente la temperatura y a mí particularmente me pegó fuerte. Se puso frío, se acabó el falso verano y esta vez ganaron los haters que no quieren que tomemos sol un ratito. Otres, más adeptos a las bajas temperaturas, estaban más contentos con el cambio climático. Para mí fue muy repentino, afectando no sólo a mi termostato corporal, sino también a mi sentir emocional. 

No quiero dejar de recalcar algo que sucedió y nos pareció desacertado por parte de las autoridades o de quién sea que en este momento se encuentre a cargo o haya tomado la decisión. Los chicos del interior que volvieron a sus hogares eran menos de cinco personas, y nos llamó la atención lo mucho que demoraron en la recepción antes de salir del hotel. Aparentemente, personal policial los obligó a desarmar bolsos y valijas para corroborar que no llevasen consigo elementos del hotel como ser toallas o sábanas. Parece que el trato hostil, cual si fuéramos delincuentes, no sólo lo recibimos de bienvenida al hotel sino también de despedida.

Entenderán que después de más de una semana aquí, ya hemos desarmado nuestros bolsos y al salir deberemos volver a armarlos, con todo lo que ello conlleva. Varios de nosotros contamos con más de un bolso por persona, sumado a los elementos que nos enviaron nuestros familiares para transitar la estadía en condiciones. Es un fastidio inútil tener que desarmarlos nuevamente, tan sólo minutos después de haberlos rearmado para abandonar para siempre este hotel.

Todos los días nos toman la temperatura corporal. Tienen registrada la identidad y los datos de contacto de quienes nos encontramos en las habitaciones. Mi recomendación, para que no vuelvan a cometer el mismo error, es que una vez que todas las personas nos hayamos retirado del hotel, revisen cada una de las habitaciones chequeando que ellas no carezcan de ningún elemento propio de las instalaciones. En el caso de que exista algún faltante, podrán comunicarse con la o las personas que han habitado dicho cuarto.

El jueves, además de cumplir una semana en el hotel, uno de los huéspedes de los pisos superiores cumplió años. Él es del interior, creo que de Orán, e imagino que debe ser extraño tener que pasarlo aquí. Esperemos que la próxima vuelta el sol lo encuentre acompañado de las personas con las que desee estar y no con las que el destino elija para él. Sin dudas estamos atravesando una gran experiencia de aprendizaje y tal vez ese sea el mejor regalo que pueda recibir.

Nos enteramos que ya son siete los casos positivos en Salta, y los nuevos confirmados obviamente son repatriados. Compartiendo la condición de repatriados, la pena y la incertidumbre que estas noticias generan, se transitan en nuestro caso de una manera diferente, algo más amarga, en comparación a la forma en que lo transitará seguramente aquél lector que se encuentra en su hogar leyendo estas líneas. Tenemos entendido que dos o tres días antes de cumplirse los 14 días, nos irán haciendo los hisopados y esperemos que nadie aquí se convierta en un número más para las estadísticas que día a día llevan los medios de comunicación. Quienes ya se han realizado este chequeo, detallan cómo es el proceso y cuáles son las sensaciones. Da mucha impresión y quienes aún no lo recibimos ya empezamos a vaticinar cómo será ese momento.

Por último, antes de terminar con la crónica, quiero contarles que más allá del clima gris, las despedidas, el frío y la llovizna londinense, ayer sucedió algo hermoso que sin dudas puede mejorar mucho la calidad de vida del grupo o por lo menos de algunos de sus miembros. Algunes voluntariamente decidimos unificar una intención colectiva con el objetivo de que todo termine bien al pasar los 14 días. Fue el primer día que lo hicimos y representó un voto de confianza entre nosotres. La idea es realizar esta invocación meditativa todos los días restantes desde el silencio interior, la paz mental y la conexión espiritual. Algo nos hizo coincidir aquí, muchos descubrimos que estamos transitando el mismo proceso y eso es muy loco y da esperanzas. Ojalá seamos cada vez más los que nos encontremos en el camino del despertar de la consciencia, tanto aquí en el hotel, como allí afuera. 

Por lo menos una crónica más vamos a escribir desde aquí antes de irnos para contarles cómo se desarrolla esta historia. Particularmente esta nota va dedicada para el Rey Arturo, sus hermanos, y todos aquellos que aman las analogías mitológicas. Hasta la próxima amigas y amigos. 

Texto: Gastón Acuña

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