Chile: La concentración de la riqueza y la privatización de la vida como razones de la protesta

La situación en el país trasandino se debe a una serie de cuestiones que hacen a la historia política y la aplicación de medidas impopulares. El neoliberalismo crea desigualdad y Piñera responde con represión. Denuncias por tortura.

Por Emiliano Frascaroli

El aumento del precio en el Metro que aplicó el presidente Sebastián Piñera detonó un clima de protesta en Chile que con el pasar de los días se fue agravando a tal punto que ya se contabilizan más de 15 muertos a raíz de la brutal represión de Carabineros y los incendios.

Pero esa medida– que ya fue suspendida por el Congreso- es tan sólo un ápice de un panorama más complejo que se debe tener en cuenta para entender la situación particular del país trasandino y del escenario regional en general.

Desigualdad. Claro está que una de las cuestiones fundamentales de los reclamos de miles de chilenos es la alta concentración de la riqueza. El 1% de los chilenos es dueño del 26,5% del PIB, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

En contraposición, la mitad de los hogares de menores ingresos accedió en 2017 sólo al 2,1% de la riqueza total del país.

Folletos que repartieron los manifestantes durante las primeras jornadas

La primera dama chilena se encargó de graficarlo en un audio que se filtró: “Vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”, dice Cecilia Morel a una amiga luego de calificar las protestas como “una invasión extranjera, alienígena”.

La alta concentración de los ingresos se conjugan con el costo de vida: la mitad de los trabajadores chilenos tiene un sueldo igual o inferior a 400.000 pesos o US$562 al mes, cuando el mínimo es de 3001.000 pesos o US$423, comparó BBC Mundo.

Por ello, los 830 pesos (US$1,17 aproximadamente) que pretendía Piñera como valor en el pasaje del transporte público que usan casi 3 millones de personas diariamente generaron un total rechazo atentos al impacto en el bolsillo.

A su vez, huelga decir que el transporte público de Chile es uno de los más caros de la región. El diario La República realizó un sondeo que arrojó que el costo del viaje en Santiago de Chile es el segundo en la lista, además de que los precios varían según los horarios. De ahí el enfado para con el gobierno al sugerir con sorna tomar el Metro antes de las 7.

Joven marchando con un cartel que describe el sistema de salud, dónde las personas deben esperar mucho tiempo para ser atendidas. Foto: Twitter, a quien corresponda.

La estructura socioeconómica de Chile tiene que ver con su historia política. Desde la dictadura de Augusto Pinochet a la actualidad, el país no ha modificado cuestiones fundamentales de la Constitución y se ha dispuesto a aplicar medidas de tinte neoliberal que postergaron la idea de un Estado de Bienestar presente como igualador social.

El alza del precio en el pasaje del metro venía atada a los aumentos de la luz y el agua, en torno a la crisis en los sistemas de salud y de educación, además del carácter privativo en las pensiones y la precarización

Sociedad. Las protestas iniciadas por estudiantes saltando los torniquetes de los andenes del metro no fueron casuales. Es el movimiento juvenil el que viene marcando sendas protestas contra el sistema educativo que impide el libre acceso, la permanencia y egreso de la ciudadanía.

El retiro del Estado en la educación ha generado con el correr de los tiempos la emigración hacia otros países para cursar una carrera universitaria, el endeudamiento en las economías familiares para costear los gastos o directamente la composición de una clase trabajadora precarizada que se resignó a formarse profesionalmente.

Actualmente son los estudiantes secundarios quienes iniciaron la masiva evasión al Metro de Santiago. “Esos estudiantes son hijos de la gran población, jóvenes de colegios públicos que el sistema educacional chileno ha dejado abandonados para que se vuelvan parte de la maquinaria de la pobreza del sistema neo-liberal operada por la clase política hace ya 30 años”, señaló al respecto el escritor chileno Juan Pablo Sutherland.

Retórica oficial. Ciertos sectores han intentado “despegar” a Piñera de sus responsabilidades por la situación económico-social y la represión.

Pero fue el propio Presidente quien habló de “una guerra contra un enemigo poderoso” y le colocó el mote de delincuente a toda la ciudadanía. Luego tuvo que pedir disculpas y aclarar que se refirió a los grupos que provocan saqueos e incendios de edificios públicos, entre ellos sindicados infiltrados de las fuerzas.

Las palabras del mandatario chileno se tradujeron en una feroz represión por parte de los militares que procedieron incluso con torturas, violaciones, asesinatos a sangre fría y secuestros nocturnos en camionetas de civiles.

Repercusiones. La ex presidenta y Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, exhortó ayer al gobierno “a trabajar con todos los sectores y encontrar soluciones para abordar agravios”.

Desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos manifestaron también su preocupación por las detenciones ilegales y algunas opiniones, como la del periodista chileno Christian Palma, comparan el accionar de los militares con la dictadura de Pinochet.

Las redes sociales se inundaron de repudios por la violación a los derechos humanos tras múltiples detenciones ilegales y también por la censura a medios.

Más de dos mil personas fueron detenidas, hay denuncias por abusos de tipo sexual, se contabilizan unos 18 muertos al mediodía del miércoles y se especula que haya habido detenciones que no han sido reportadas oficialmente.

Las protestas contra las medidas del gobierno chileno traspasaron la frontera y en distintos puntos de Argentina y otros países del mundo se llevaron a cabo concentraciones en las sedes diplomáticas.

Protesta en Uruguay – Foto: Twitter

En Buenos Aires, Mendoza y Salta, entre otras localidades, ciudadanos chilenos y argentinos en solidaridad se manifestaron ante las embajadas chilenas. La de Buenos Aires terminó con detenciones varias, entre ellas la abogada del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Myriam Delhi.

En la Región. El vuelco ideológico-político de la región Latinoamericana a favor de los intereses de corporaciones y del gobierno de Estados Unidos y, por supuesto, sus consecuencias, se evidencian tanto en Chile, como en Argentina, Colombia, Ecuador y Brasil.

Las relaciones comerciales- libre comercio al fin- de los capataces de la “refundación” del bloque geopolítico vienen atadas a medidas impopulares como reformas laborales y previsionales que perjudican al sector trabajador. Existe, también, un factor como común denominador: el capital financiero.

Lenin Moreno (Ecuador), Iván Duque (Colombia), Jair Bolsonaro (Brasil), Sebastián Piñera (Chile) y Mauricio Macri (Argentina)

Las protestas del movimiendo indigenista y la ciudadanía ecuatoriana marcaron un claro rechazo a la injerencia del Fondo Monetario Internacional en las políticas soberanas tras el préstamo que pidió Lenín Moreno.

En Argentina, a su vez, las críticas por el alto endeudamiento externo por parte de Macri- cuya deuda asciende prácticamente al 100% del PBI– son transversales a economistas ortodoxos y heterodoxos, y también cursan el fuero judicial por denuncias por ilegalidad.

Los incendios de la Amazonía brasileña despertaron la reflexión acerca del modelo extractivista propio del neoliberalismo apuntando a un Jair Bolsonaro suelto de cuerpo e indiferente al cuidado medioambiental, a contramano de los reclamos de la ciudadanía mundial.

La ministra de Seguridad Patricia Bullrich se encargó de respaldar a Piñera, aliado estratégico de Mauricio Macri en la región, y calificó a las protestas sociales como una “insurrección cuasi terrorista”. Fue una postura a tono para con Venezuela y Cuba.

El oasis democrático que supuestamente se constituía como un ejemplo de calma social que publicitó Piñera ante el mundo se desmoronó. Esa imagen construida ciegamente se deterioró tan rápido que ahora es todo lo contrario.

Los dirigentes de los partidos políticos chilenos buscarán calmar la situación, aunque ello no garantiza cambios estructurales que sean capaces de terminar con tanta desigualdad y saqueo imperialista a lo largo de la historia.

¿Qué tan lejos estamos de presenciar una réplica del “Que se vayan todos” argentino, y que comience así una nueva etapa de sendas críticas al modelo neoliberal?

Como decía el cántico popular que resonó en las calles, Chile despertó.

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