Cambiemos prometió que después de las elecciones reactiva la Reforma Laboral

Ante inversores extranjeros, el Gobierno ratificó que impulsará la ley que quedó pendiente sobre el sistema laboral. ¿En qué consiste la reforma?Si ganamos esta elección, vamos a ir en la misma dirección lo más rápido posible“, dijo Macri. Cumplirán.

Por Emiliano Frascaroli

El gobierno de Mauricio Macri prometió ante inversores extranjeros que después de las elecciones avanzarán con la reforma laboral. Para ello no sólo aseguraron la reelección del Presidente, sino también confiaron que sumarán los votos necesarios para su aprobación en el Congreso. Miguel Pichetto, el candidato a vice del oficialismo y espada legislativa, fue la carta bajo la manga para respaldar su optimismo.

La reunión que organizó Goldman Sachs en Nueva York contó con la presencia del ministro Nicolás Dujovne y el gurú del Banco Central, Gustavo Cañonero. Ambos apellidos son bien vistos en el mundo de las finanzas del extranjero y en la charla brindaron un escenario económico optimista y adelantaron las medidas que se vienen. Por su parte, el consultor de Poliarquía, Alejandro Catteberg, fue quien analizó el futuro político del oficialismo.

“Después de ese triunfo seguro que proyectó para octubre, Dujovne les prometió a los inversores que será el tiempo de las reformas y dijo que el Gobierno tendrá mayor capacidad de implementarlas con el apoyo de Pichetto y parte del peronismo”, resumió el sitio La Política Online.

La Reforma Laboral es materia pendiente de Cambiemos a pedido del Fondo Monetario Internacional. Ya cumplió con la previsional/jubilatoria– en medio de una feroz represión a las afueras del Parlamento- y con la impositiva que aceptó una buena cantidad de gobernadores. Pero una de las que más interesa al capital foráneo y los grandes empresarios es la que tiene que ver con los trabajadores activos.

A grandes rasgos, esta reforma busca flexibilizar las condiciones de trabajo recortando los costos de viáticos y vacaciones, reduciendo (o eliminando) las indemnizaciones, aplicando pagos por presentismo y castigo por ausencias e instaurando un sistema de “banco de horas extra” que funcionaría para reemplazar el aguinaldo. En síntesis: beneficios para los patrones y pérdida de derechos para los trabajadores.

No obstante los parámetros generales, las condiciones varían según el sector. Hugo y Pablo Moyano, los caciques de Camioneros, rechazaron todo tipo de reforma tras una propuesta del oficialismo que buscaba la reducción de la jornada, aplicación de nuevos sistemas (Ley de Fleteros y condiciones a Corta Distancia, entre otros) y condiciones, como así también la incorporación de categorías que subdividan la tarea laboral. Les costó la persecusión mediática-judicial que tiempo después pudo salir a flote con la presión al juez Carzoglio para encarcelar a Moyano.

Además de Camioneros, otros gremios y sindicatos y gran parte del arco político frenó la embestida macrista que pretendía cercenar derechos en el Parlamento. Sin embargo, la idea volvió a escena luego de que se conociera el acercamiento del incombustible Pichetto a Cambiemos. Es la promesa del Gobierno a organismos extranjeros, al igual que la segunda parte de la Reforma Previsional que conlleva, entre otras, el aumento de la edad jubilatoria.

“Es necesario bajar las barreras a la creación de empleo, y para eso corresponde poner en discusión las regulaciones del mercado de trabajo”, indica el documento “Una sociedad con equidad y movilidad social” del Gobierno que adelanta los cambios en el sistema laboral.

Se trata de un sistema como fiel reflejo de lo que podríamos llamarle el trabajo 2.0 y que se traduce, por ejemplo, en la condición de los trabajadores de las aplicaciones Glovo o Rappi: poca o nula relación de dependencia, en lo posible sin afiliación gremial y contrataciones sin ataduras en el tiempo que garanticen previsibilidad. En este amplio campo también entraría UBER, la empresa transnacional que puso en crisis a los trabajadores del volante de las grandes ciudades. Todas ellas aparecen en medio de sendas dificultades económicas y sociales que allanan el camino a la flexibilización laboral: operan con la necesidad.

Si ganamos esta elección, vamos a ir en la misma dirección lo más rápido posible”. La confesión de Macri a Vargas Llosa no es un tema menor. Fue, justamente, una confesión: avanzarán en la quita de derechos laborales y sociales. Eso incluye, además, la continuidad del ajuste público achicando lo más posible el Estado y tratar de cumplir los compromisos con el FMI sobre el déficit fiscal que, entienden los neoliberales, se lograría bajando los salarios y recortando el rol estatal para con los sectores más vulnerables.

Pero la sociedad no come piedras: a la luz de las cosas, el autobombo del ‘mejor equipo de los últimos 50 años’ no logró bajar la inflación (que continúa en alza, con números superiores al 55 por ciento anuales), tampoco redujo el déficit fiscal, no repuntó la fiscalización de ingresos (la AFIP anunció recaudación menor a la inflación), y pretende que la exportación de carnes y granos a los mercados internacionales equilibren la balanza comercial.

Sin embargo, la exorbitante toma de deuda pública– la mayoría en dólares- compromete las cuentas del Estado incluso más allá del mandato cambiemita. El famoso PBI robado bien podría tener su contracara en la fuga de las reservas nacionales que la timba financiera se permite al jugar de los dos lados del mostrador. Efectivamente: si ganan, irán a fondo contra el pueblo trabajador.

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