Barbijo sí, barbijo no: el debate por el uso, stock y calidad llegó a Salta

El anuncio de obligatoriedad por parte del gobernador Gustavo Sáenz contradice a la OMS. Una medida que podría generar efectos contrarios: baja de guardia, desabastecimiento y falsa sensación de seguridad. La reacción de la sociedad ante la incertidumbre.

Por Emiliano Frascaroli

Si no me lo pongo, mi vieja no me deja ni venir a comprar”, dice Enrique, 25 años, en la fila del kiosco en un barrio de la zona sur capitalina. “Estoy juntando colaboraciones para hacerlos en mi casa, si saben de alguien me avisan”, envía María a un grupo de WhatsApp. “En realidad me lo pongo cuando pasamos un control policial, sino no se puede ni respirar. La idea es lavarse bien las manos y taparse la boca con el codo”, dice un preventista con una mascarilla “no oficial” que le cuelga del cuello.

La discusión en torno al uso, stock, calidad y efectividad sobre los barbijos o mascarillas atraviesa a todo el mundo. Para la mayoría es algo nuevo, como la pandemia que atravesamos, salpimentada con el miedo y la desinformación. La incertidumbre se transforma en decenas de preguntas y respuestas, algunas que se intentarán abordar en este escrito retomando las voces e informaciones que se consideren esenciales para construir posición.

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Desde un principio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó el uso sólo para personas con sintomatología de coronavirus SARS-COV-2 (fiebre, tos o estornudos) y personal de salud.

La posición de la OMS es la posición que adoptó y que mantiene el Ministerio de Salud de la Nación, lo cual se complementa con el estricto y frecuente lavado de manos con agua y jabón o uso de alcohol en gel y el aislamiento social que evite aglomeraciones.

Sin embargo, algunas provincias protagonizaron una rebelión estableciendo la obligatoriedad en el uso de barbijos u otros elementos que cubran la boca y la nariz y estipularon multas para quienes no lo hicieran. A partir del lunes 13, Salta se incorpora a la lista que ya integran La Rioja y Jujuy, con penas que irían hasta los $1.000.

A través de Facebook Live, el mandatario salteño anunciaba este lunes por la noche la obligatoriedad del uso de barbijos

El gobierno de Gustavo Sáenz señaló que se podrían utilizar los autodenominados “barbijos caseros” o “mascarillas faciales” que confeccionan vecinos como María con una sábana vieja y gomillas.

Tal vez esta sugerencia haya sido una atajada a las críticas anticipadas por la disponibilidad, los sobreprecios que se generarían en góndolas o la imposibilidad económica de comprar mascarillas que se humedecen en a penas unas horas y dejan de ser efectivas, lo cual obligaría al uso de varias unidades diarias (ya que no serviría lavarlos).

En principio, esos productos caseros recomendados oficialmente están bañados de solidaridad pero carecen de rigor científico y, por lo tanto, no cumplen el objetivo: no frenan las gotitas de saliva que transportan el Covid-19– cuya potencia de contagio es poderosa-, multiplican las posibilidades de propagación por superficies contaminadas a raíz del tocamiento constante que generaría (si se toca el cubrebocas se debe lavar las manos inmediatamente) y relajan las medidas imprescindibles. Al menos eso dicen los especialistas en la materia, que desconocen efectividad demostrada.

Según el prestigioso médico especialista en infectología Pedro Cahn, director científico de la Fundación Huésped, la idea de que todas las personas lo usen provoca una sensación de falsa seguridad que se vuelve contraproducente. “El gran problema que tiene cualquier tipo de barbijo es que la gente se confía y empieza otra vez a tocarse la cara, se lava menos las manos, no respeta la distancia. Entonces hay una sensación mágica, las personas sienten que están como vacunadas y no es así”, sostuvo a P12 uno de los asesores del equipo de sanitaristas que ladean al presidente Alberto Fernández.

Dr. Pedro Cahn – Foto: Tiempo Argentino

Por su parte, Cahn apuntó a la disponibilidad de los mismos y advirtió que podría haber escasez si existe un uso indiscriminado y fue tajante: “Cuando venga el gran crecimiento de la epidemia- porque va a venir- los médicos no van a tener insumos para ponerse”.

En la entrevista con el matutino porteño el especialista señaló que el riesgo que se corre por la insuficiencia sería doble: “Es importante entender que cada personal de salud que se enferma no sólo es un recurso menos en el plantel, porque su recuperación puede demorar hasta un mes, sino que además en su periodo asintomático puede transmitir el virus a otros pacientes que no tenían COVID-19”.

Cuando venga el gran crecimiento de la epidemia- porque va a venir- los médicos no van a tener insumos para ponerse, Pedro Cahn.

Este medio envió su consulta ayer respecto a si en un futuro, cuando llegue el pico de los casos que se estima para principios-mediados de mayo, podría haber escasez de barbijos para personal de salud. La modalidad de las conferencias de prensa impidió que la pregunta llegara a oídos de un equipo de salud que va rotando sus figuras al escrutinio público.

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En la conferencia del lunes, cuando anunciaba la obligatoriedad del uso de barbijos para el 13, Sáenz citó como respaldo la situación en países asiáticos, donde aseveraron que el uso de barbijos podía haber reducido la propagación del coronavirus en ciertas comunidades. Es el caso, por ejemplo, de Hong Kong, que elaboró sugerencias en ese sentido e hizo tambalear por momentos la posición de la OMS.

Pero el organismo internacional señaló este lunes que no existen evidencias de que el uso de mascarilla impidiera a las personas sanas contraer infecciones respiratorias, entre ellas el Covid-19. “No está respaldado por las pruebas disponibles y conlleva a incertidumbres y riesgos”, concluyó.

El revés- o vuelta a eje- de la posición de la OMS fue difundido recientemente en la prensa internacional y según el titular del grupo de asesoramiento científico y técnico de la entidad, el profesor David Heymann, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, las mascarillas son “solo para la protección de los demás, no para protección de uno mismo”.

Ciudadano transita en la Ciudad de Salta – Foto: Agustín Ochoa

Hasta acá la cuestión de efectividad, calidad y stock sobre el uso barbijos o mascarillas desde la visión de organismos oficiales (OMS y Ministerio de Salud de la Nación) en base a decisiones e informaciones que polarizan posiciones. Todo esto tiene una repercusión social. La reacción de madres como la de Enrique o la del trabajador de la industria alimenticia citados al comienzo de la nota, que utilizan barbijos sin tener síntomas y sólo por requerimientos que exceden los contornos de las recomendaciones oficiales, son ejemplos. Pero, ¿qué más podría provocar la radicalización de estas decisiones?

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Las medidas preventivas que apuntan, según letra gubernamental, a evitar la propagación en filas de supermercados en personas que podrían estar contagiadas pero no presentar síntomas, generó una reacción de temor poblacional. La intranquilidad derivada de declaraciones como estas y la proliferación de noticias truchas en redes siembran desconfianza hasta con el vecino. Aunque se lo intente disfrazar o más bien no hacer explícito, miramos con cierto temor a nuestros amigos o amigas e incluso a familiares que trabajan en instituciones sanitarias. Es una reacción inevitable, natural. Y si ello se conjuga con paranoia, brota la miserabilidad individualista e intentos de linchamiento social con casos confirmados o supuestos.

De allí la aparición del “coronabulling” para con trabajadores de la Salud- por ahora- de Buenos Aires, donde habitantes de un edificio pegaron carteles en ascensores apuntando contra quienes están en la primera línea de batalla contra la pandemia por considerarles posibles transmisores del Covid-19. Que no se replique en el plano local depende de nosotros mismos. El INADI local ya abrió el paraguas y advirtió, en sintonía con el organismo a nivel nacional, por la discriminación surgida.

Las calles salteñas en tiempos de cuarentena – Foto: Agustín Ochoa

Además del acatamiento a disposiciones de entidades oficiales como la OMS, podemos ensayar un escueto entrecruzamiento de números para remarcar la diferencia abismal de Salta con otras localidades. Mientras en la provincia se registraron 3 casos, todos importados, sin transmisión comunitaria, el foco infeccioso sigue estando en la Ciudad (480) y la Provincia de Buenos Aires (443), Santa Fe (187), Córdoba (150) y Chaco (123), donde se concentra la mayor cantidad de casos.

De hecho, el informe de Salud de la Nación ayer registró un total de 1.715 casos positivos en todo el país de los cuales 738 (43%) son importados, 588 (34%) contactos estrechos de casos confirmados y 205 (12%) casos de circulación comunitaria. Sobre el total, 1383 casos en las provincias mencionadas. Suman 63 los fallecidos, mayoría hombres, al mediodía de este miércoles.

La ministra de Salud Pública de la Provincia, Josefina Medrano, proyectó casi 10 mil casos positivos y unas 1.500 muertes como el peor escenario. Esta cifra, adelantada a FM Aries, encendió alarmas. Aunque es una estimación en base a pronósticos de Nación, aclaró la funcionaria, sin más.

Al compás del achatamiento de la curva, se pudo equipar hospitales y otros edificios como el Centro de Convenciones para evitar el colapso; el laboratorio del Hospital del Milagro ya realiza análisis con reactivos provistos por la administración central que permitiría llevar un control más actualizado; el gobierno sostuvo que realizan un seguimiento a las personas totalmente aisladas a razón de que han llegado a la provincia desde zonas afectadas; entre otras medidas. Todo ello para evitar el colapso del sistema sanitario luego de haber ganado tiempo con el cierre de fronteras y aislamiento social obligatorio. Pero los casos seguirán aumentando.

Josefina Medrano, ministra de Salud Pública de Salta

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Los estudios se profundizan constantemente y la particularidad de las medidas que podrían evitar la propagación son cambiantes, aunque las estructurales o universales se sostienen. El uso de barbijo es una: existen posiciones que difieren de la OMS y alientan su colocación. A nivel internacional se desató un combate mercantil de potencias como Estados Unidos arrebatando la compra de mascarillas de otros países en aeropuertos, con escasez mundial, mientras Argentina intenta que el stock se distribuya racionalmente acorde a los contextos.

Lo cierto es que desde el próximo lunes la totalidad de la población salteña usará barbijos, mascarillas faciales o lo que tuviere a su alcance por el solo hecho de evitar pagar multas, sin importar la efectividad que tengan, el desabastecimiento que pudiera provocar en un futuro y el daño colateral que podría generar la sensación de seguridad combinada con un mal uso. Puede ser un aporte o generar efectos contrarios.

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