Alberto en el Delmi, Cristina en Salta

No estuvo presente, pero se sintió su presencia. El fenómeno que casi todo lo puede, casi a punto de llegar. A puro rock, sin banda alguna. Crónica de un sábado particular de mística militante y choripán.

Por Emiliano Frascaroli – Fotos: Agustín Ochoa

La temperatura marcaba 33 grados y en el cielo no asomaba si quiera una nube que se interpusiera ante el sol. Los puestos de comidas y el merchandising comenzaban a llegar a penas pasado el mediodía. Calles cortadas. Un torneo de taekwondo en el Legado Güemes. Alguna chimenea que escupía al cielo el humo de lo que alguna parrilla asaba, probablemente chorizos que terminarían abrazados por el pan. La zona del estadio Delmi, en el azabache Barrio 20 de Febrero, estaba lista. No cantaba nadie, pero parecía la previa de un recital de una banda de rock del país al estilo de La Renga, El Indio o Divididos, en el que se entrecruzan generaciones y niveles de poder adquisitivo. Se trataba de uno de esos eventos en el que las banderas no distinguen pasión, o en el que la pasión se transmuta en las banderas.

Mientras el reloj movía su aguja, llegaban colectivos de distintos puntos de la provincia y de ciudades aledañas. Una fila de unas diez personas, sentadas, tomando un porrón de cerveza hacía imaginar la felicidad de un kiosquero de barrio que había vendido en unas horas lo que tarda un fin de semana. Helados y juguitos para los más chicos, que no podían faltar. Los organizadores y personal de seguridad iban y venían. También los precandidatos de municipios varios: desde Cerrillos hasta Hipólito Yrigoyen.

Ya dentro del estadio la temperatura se transformó. El calor popular, la agitación militante y las ventanas cerradas hacían pulular las gotitas de transpiración que caían por la mejilla o frente de cualquiera. Una subdivisión entre la tribuna y unas sillas frente al escenario- que podría haberse evitado- complementaba el panorama.

La militancia saluda a Alberto Fernández en el Delmi, Salta – Foto: Agustín Ochoa

De a poco, las banderas decoraban la presentación: Movimiento Evita, La Cámpora, Tupac Amaru, Somos Barrios de Pie, CTEP, MP La Dignidad, Corriente Peronista Descamisados, Nuevo Encuentro, El Aguante, Partido de la Victoria, JP Evita, entre otros partidos. Y de sindicatos como el de Trabajadores del Correo Argentino, la Asociación de Trabajadores Rurales y Estibadores de Salta y los Empleados Municipales de Salta (ADEMUS).

Al compás de los bombos, cánticos y trompetas el clima se convirtió en un combo de emociones y sentimientos. Una pareja de unos 60 años, con banderitas de Argentina en mano, aguardaban expectantes el comienzo del evento. Se lo podía ver en sus rostros: la misma ternura y emoción que un niño. Y es que tal vez sea eso lo que encarna la figura de CFK: esperanzas de vivir mejor, ganas de volver a la cancha a entregarlo todo, sin importar edad.

Es un hecho inobjetable, por mucho que le pese a muchos, que esa mujer genera pasión, un mix de sentimientos. ¿Quién mejor que ella después de tanto saqueo neoliberal y desilusión por la política? Para esa pareja de mayores les significa, quizás, su pasado más feliz reciente, cuyas bendiciones y bienaventuranzas desean se repliquen en un nieto, o hija, o sobrino, y que su motor es esa felicidad imperfecta que Eduardo Galeano describió en El Libro de los Abrazos: el rechazo a la desmemoria, a la felicidad perfecta de no tener compromisos o preocupaciones.

Un abuelo y su nieto, tomados del brazo, en el acto del Frente de Todos – Foto: Agustín Ochoa

….

“Éste domingo reventaremos las urnas de esperanzas. Vamos a ganar en todos los municipios, vamos a ganar en Salta”, vaticinó el precandidato a la gobernación Sergio “Oso” Leavy en la apertura. De allí le dio paso a un Alberto Fernández que había llegado minutos antes a la provincia, luego de recorrer la localidad de Quilmes en Buenos Aires. Eran aproximadamente las siete de la tarde. En el escenario también estuvo Juan Manzur, gobernador electo de Tucumán.

Alberto Fernández recordó a Martín Miguel de Güemes, “un orgullo para todos los argentinos” por ser el mayor defensor de la Independencia, y mencionó al Cuchi Leguizamón, “un hombre que nos llenó el alma con su poesía y con su música”. Como lo hizo Cristina alguna vez, Fernández pidió que enrolen banderas y bajen carteles para que todos los presentes pudieren ver. Y que por un rato el repiqueteo de bombos se callara, algo que a un sector tribunero le costó entender.

El candidato a presidente del FdT comenzó su discurso achacando la fuerte crisis económica-social que deja Mauricio Macri, quien promete, al igual que cuatro años atrás, salir de la pobreza y crear trabajo. Habló sobre la alta deuda externa y las reservas del Banco Central como un terreno arrasado, y disparó: “No me voy a quejar de la herencia que voy a recibir, porque la conozco. Sé que voy a gobernar una Argentina que gobernaron ladrones de guantes blancos que le dieron a sus amigos empresarios los mejores negocios”.

Alberto Fernández saludando al pueblo tras el acto en el Delmi, Salta – Foto: Agustín Ochoa

Cuando el acto terminó, una brisa en la noche de sábado contribuyó a relajar los ánimos. Los carritos de choripanes y de gorras y banderas se extendieron a lo largo de la avenida Ibazzeta, mientras cada quien enfilaba a su destino.

Sin dudas la mística que crea y rodea a Cristina Fernández de Kirchner, o la presentación de su libro Sinceramente, es un fenómeno que trasciende lo político-partidario. Y si bien la senadora nacional no pudo lanzar su obra literaria, el pueblo se hizo presente. Alberto estuvo en el Delmi, y Cristina en el lugar que la ciudadanía salteña le concede con el sólo hecho de evocar su nombre. Ese lugar que bien grafica la pareja de adultos mayores mencionada líneas antes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *