Aceite de Cannabis: el Garrahan confirmó mejoras en el 80% de niños con epilepsia refractaria

El prestigioso hospital realizó el primer estudio científico en Latinoamérica que respalda el uso de esta medicina para tratar una patología que no encuentra tratamiento con anticonvulsivos, dietas ni cirugías.

Cien niños y niñas que padecen epilepsia refractaria participaron del primer estudio científico en pediatría del país y Latinoamérica sobre efectos del uso de cannabis medicinal como fármaco

El estudio, realizado por el prestigioso Hospital Garrahan, arrojó que el 80% tuvo respuestas favorables en reducción significativa de número de crisis. Desde la institución aseguraron que se “superaron ampliamente las expectativas”.

La iniciativa científica comenzó en octubre del 2018 y contempló 50 pacientes del Garrahan y otros 50 pertenecientes a centros del interior del país. Se trató del primer ensayo clínico del cannabidiol en tratamientos a encefalopatías epilépticas.

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Los resultados sobre 50 pacientes respaldan mejoras en la vida de quienes padecen una patología que, en rigor, “no responden a ningún tipo de tratamiento disponible actualmente, como los anticonvulsivos, las dietas especiales e inclusive las cirugías”.

El presidente del Hospital Garrahan, Carlos Kambourian, sostuvo: “Los números son muy positivos y nos permiten ver una gran reducción de cantidad de crisis y mejoras en la calidad de vida. Este estudio debía responder una pregunta: ¿Es efectivo y seguro el aceite de cannabis en dosis farmacológicamente controladas? Hoy sabemos que la respuesta es sí”.

La tasa de respuesta global a la medicación fue altamente satisfactoria. De los 49 pacientes con seguimiento suficiente, 39, es decir el 80%, tuvo una respuesta positiva con reducción en el número de crisis. El promedio grupal inicial de 959 crisis por mes (unas 30 diarias) disminuyó a 381 crisis mensuales (13 por día), lo que equivale a una reducción del 60%.

“Esto significa que el tratamiento evitó casi 2 de cada 3 crisis. Gracias al tratamiento, 5 pacientes se encuentran libres de crisis en la actualidad”, informaron desde la entidad.

Graciela Demirdjian, coordinadora de Unidad de Evaluación de Tecnología Sanitaria, y asesora metodológica del proyecto de investigación, aseguró: “la idea de este proyecto surgió frente a la necesidad de evaluar el cannabis sin prejuicios y con rigor científico, para asegurarnos su efectividad y seguridad antes de incorporarlo como un nuevo tratamiento”.

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Hace un año, cuando iniciaba el estudio, Roberto Carballo, jefe de Neurología y titular del ensayo, había dicho que “el uso de cannabis medicinal puede ser una esperanza para los pacientes y las familias”. Y así fue.

Según informó el propio Garrahan, en Argentina el 1% de la población padece epilepsia; y de esa cifra, el 20% se trata de casos muy graves.

“Los chicos y chicas que participan del estudio en el Garrahan tienen la forma más severa de la enfermedad, con crisis repetitivas que lleva a un deterioro cognitivo, conductal y motor. El cannabis medicinal es provisto por el laboratorio APHRIA de Canadá, quien dona el fármaco durante todo el estudio y para todos los pacientes en los que demuestre que funciona”, informaron.

Madre e hija marchando por el cannabis medicinal – Archivo: 2017

“Vamos a trabajar en conjunto con las autoridades nacionales competentes para que, con toda la información generada, podamos decidir los pasos a seguir y en los tiempos más cortos posibles poder avanzar hacia la máxima accesibilidad. Estoy convencido de que este es el camino para tener una mejor salud pública”, apostó Carlos Kambourian.

Los pacientes estudiados tenían a su ingreso entre 9 meses y 17 años de edad. Su procedencia era de Provincia de Buenos Aires (58%), CABA (12%) e interior del país (30% de las provincias de Entre Ríos, Salta, Neuquén, Catamarca, Chubut, Misiones, La Pampa y Tucumán).

Todos los pacientes incluidos en el estudio tenían diagnóstico de encefalopatía epiléptica refractaria, con crisis que comenzaron entre 1 día de vida y 7 años de edad. Todos sufrían más de 10 crisis diarias. Al ingreso al protocolo este grupo de niños tenía un promedio de 959 crisis por mes (más de 30 por día), con un mínimo de 30 por mes y un máximo de 13.200 por mes (más de 400 crisis diarias). Se trata de pacientes que atravesaron diferentes tratamientos y ninguno de ellos logró ayudarlos.

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